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Domingo, 20 de Octubre de 2019

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Juan Pablo II descansa ya en la Basílica de San Pedro acompañado de gritos de "¡Santo ya!"

Doscientos jefes de Estado y Gobierno y millones de fieles dan el último adiós al Papa en Roma

Unos 300.000 fieles han asistido a la Plaza de San Pedro de Roma tras pasar uno a uno por los arcos de seguridad instalados para asistir al funeral de Juan Pablo II. La solemne misa, que ha comenzado pasadas las 10 horas, ha durado dos horas y media y ha estado presidida por el decano del Colegio Cardenalicio, el alemán Joseph Ratzinger, quien tuvo que detenerla en uno de los momentos más emotivos, cuando miles de files profirieron gritos de "Santo ya". Tras la misa, el ataúd entró en la Basílica de San Pedro para ser finalmente enterrado en privado.

Los restos mortales de Juan Pablo reposan ya bajo la tierra tras una ceremonia reservada y privada que terminó a las 14.20 horas (12.20 gmt).

Los cardenales comenzaron a las 12:30 horas la procesión hacia el interior de la Basílica de San Pedro, paso previo a que se produzca el sepelio del Papa Juan Pablo II en las Grutas Vaticanas, dando así fin a los funerales del Pontífice.

Los miembros del Colegio Cardenalicio comenzaron a entrar en San Pedro por la puerta de Santa Marta, mientras los fieles prorrumpieron en sonoros aplausos en el momento en que el ataúd de ciprés con los restos mortales del Pontífice comenzó su recorrido hacia el interior de la Basílica.

"¡Santo ya!"

Los gritos de "santo, santo" arreciaron al final de la ceremonia. Concluida la comunión y antes de que se celebrase el rito de la despedida, los cientos de miles de fieles rompieron de nuevo a gritar, entre palmas, "santo, santo ya".

Los gritos se propagaron en segundos por toda la plaza vaticana y las otras plazas de Roma, mientras ondeaban banderas de Polonia. Ya en otros momentos de la misa, sobre todo tras la homilía, los fieles ya gritaron "Santo, ya", "Santo, ya", a la vez que ondeaban pancartas donde estaba escrito "Santo ya".

Madera de ciprés

La ceremonia del funeral por el Papa Juan Pablo II comenzó con la colocación ante el altar de los restos mortales del Pontífice en un ataúd de madera de ciprés.

La salida de la Basílica del féretro fue acogida con aplausos por los fieles que aguardan en la Plaza de San Pedro, a los pies de la basílica. El féretro fue llevado a hombros por los 'sediarios' y colocado en el centro de la escalinata. Encima de él se colocó el Evangelio. Durante la entrada los fieles cantaban el'Requiem æternam dona ei, Domine: et lux perpetua luceat ei' ('Señor dale el eterno reposo y que la luz perpetua resplandezca en el').

Las autoridades mundiales estuvieron colocadas a la izquierda de la basílica, y a la derecha los cardenales y autoridades eclesiásticas. Un total de 160 cardenales llegaron a Roma para asistir a la ceremonia.

Rostro cubierto por un velo de seda

Antes de la misa, el cadáver de Juan Pablo II fue introducido en el féretro de ciprés en una ceremonia celebrada en el interior de la basílica de San Pedro en presencia del Camarlengo de la Iglesia Romana, el cardenal riojano Eduardo Martínez Somalo.

Tras ser colocado en el ataúd, el Maestro de Ceremonias Pontificias, el arzobispo Piero Marini, leyó el "Rogito", un pergamino en el que está escrita la vida y obras más importantes de Juan Pablo II. Después, Marini y el secretario privado de Juan Pablo II, Estanislao Dziwisz, cubrieron con un velo de seda blanco el rostro del Papa.

Tras ese rito, el Camarlengo esparció con agua bendita el cadáver de Juan Pablo II. Después, el arzobispo Marini introdujo en el féretro las medallas acuñadas durante el Pontificado y un tubo de plomo en cuyo interior se colocó el "Rogito", tras sellarlo con el sello de la Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice.

Paciencia para entrar en la plaza

Las vallas que impedían el paso a la Vía de la Conciliación, la avenida que une Roma con el Vaticano, fueron abiertas poco después de las 06.30 horas y los miles de peregrinos que aguardaron durante toda la noche invadieron la zona. La entrada en la plaza de San Pedro se realizó de manera lenta y ordenada, ya que cada uno de los fieles debe pasar por un detector de metales bajo un estricto control policial.

La Plaza de San Pedro y las vías adyacentes tienen capacidad para unas 300.000 personas, pero se calcula que entre dos y cuatro millones de peregrinos se han desplazado a Roma para asistir a la misa funeral, aunque sea desde una de las más de cien pantallas gigantes que han sido colocadas estratégicamente en distintos puntos de la ciudad.

Delegaciones internacionales

Cerca de 200 delegaciones internacionales han acudido a la Ciudad Eterna para dar la despedida al Papa, entre ellas la española, encabezada por los Reyes de España e integrada por el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Angel Moratinos, y el líder de la oposición, Mariano Rajoy.

La ciudad de Roma, mientras tanto, está semiparalizada, ya que el tránsito ha sido restringido y sólo se permite el paso a los medios públicos, en una operativo de seguridad montado con más de 15.000 efectivos de la Policía y el Ejército distribuidos en los puntos estratégicos de la capital italiana.

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