Sábado, 25 de Junio de 2022

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Un año del atentado con el que ETA puso fin a la esperanza de paz

El atentado se cobró dos víctimas mortales, Diego Estacio y Carlos Palacio, ambos de nacionalidad ecuatoriana

Con el atentado en la terminal 4 del aeropuerto de Barajas, del que hoy se cumple un año, ETA rompió el alto al fuego que mantenía desde el 24 de marzo de 2006 y puso fin una vez más a las esperanzas de paz en España.

La banda terrorista, que no mataba desde el 30 de mayo de 2003, cuando un coche-bomba acabó con la vida de dos policías nacionales en Sangüesa (Navarra), reapareció asesinando a dos inmigrantes, los ecuatorianos Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio, de 35 y 19 años, respectivamente, sorprendidos por la enorme explosión que destruyó casi por completo el módulo D del aparcamiento de la T-4.

Dos víctimas mortales

Desde las 08.10 horas, momento en que fue dado el aviso, la Policía comenzó a desalojar los 309.000 metros cuadrados de aparcamiento, distribuidos en seis módulos de cinco plantas cada uno, para busacar la furgoneta portadora de la carga explosiva y tratar así de desactivarla. Sin embargo, ni hubo tiempo para ello ni todo el aparcamiento quedó desalojado.

Diego Estacio y Carlos Palacio, ambos de nacionalidad ecuatoriana, se habían quedado a dormir en sus vehículos mientras aterrizaban las personas a las que habían ido a recoger, y en breve sus familiares comunicaron su desaparición. La búsqueda de los cuerpos, sepultados bajo toneladas de escombros, se prolongó hasta el 6 de enero cuando fue recuperado el cadáver de Estacio, mientras que el de Palate había sido sacado de las ruinas del aparcamiento en la madrugada del día 4.

Un año después

Un año después del atentado, los autores materiales del mismo no han sido aún identificados, según fuentes jurídicas de la Audiencia Nacional -donde el juez Santiago Pedraz dirige las investigaciones-, aunque sí ha sido desarticulado el considerado 'núcleo central' del comando que lo perpetró.

Así lo destacó el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, después de la detención el pasado 1 de septiembre en la localidad francesa de Cahors de los etarras Luis Ignacio Iruretagoiena, Oihan Barandalla, Ander Múgica y Alaitz Aramendi.

Las Fuerzas de Seguridad consideran que la casa de Cahors era la 'fábrica' de coches-bomba de ETA y que allí se confeccionó el artefacto explosivo que luego fue cargado en la furgoneta -robada el 27 de diciembre en Francia a un vecino de Oñati (Guipúzcoa), que permaneció tres días retenido por los terroristas- con la que se cometió el atentado.

La magnitud de la explosión causó tantos daños que los trabajos de demolición duraron dos meses y la reconstrucción del aparcamiento afectado se prolongó hasta el pasado septiembre. El día 20 de ese mes un Citröen rojo fue el primer vehículo que accedió al renovado módulo D, donde un monolito -en la plaza 403- y una columna seccionada -en la 614- recuerdan a los dos jóvenes a los que ETA asesinó enterrando de paso, una vez más, la esperanza del fin del terrorismo.

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