Martes, 18 de Enero de 2022

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Leonard Cohen, la jubilación de un poeta

Visita España en su gira más larga hasta la fecha con un recital de tres horas en las que recorre las canciones de su vida, la vida de un poeta, un cantante, un seductor y un monje jubilado que recorre el mundo por última vez

Hay una parte del hombre que ansía el éxito, el reconocimiento, pero otra de igual peso lo arrastra al fondo y a la distancia. Son muchos los personajes solitarios y enigmáticos que la cultura popular convierte en mitos o malditos, perdedores con atractivo, gente que ha estado en la cima y que también ha conocido la tenue luz de la soledad. Leonard Cohen es de una clase de ellos.

Nació y estudió en Canadá. Leonard Cohen es un tipo que nunca se ha puesto unos vaqueros porque no se veía dentro de ellos. Prefirió los trajes y el oscuro. De carácter tranquilo y voz profunda, este poeta, que también es conocido entre los monjes budistas con los que compartió monasterio como "El Silencioso", lleva dos años de giras para recuperar una economía que se vio asaltada en 2005 por su consejera y amante que desapareció con los cinco millones de dólares ahorrados a lo largo de una vida.

Por eso este hombre, el tranquilo y "El Silencioso", que llevaba quince años apartado de los escenarios, recorre Europa a sus 75 años, quién sabe si en su última aventura de carretera y humo. Hace unos meses, Cohen, se presentaba en el inmenso 02 World de Berlín con el público entregado y en pie, con traje gris, pelo cano y el sombrero en la mano saludaba emocionado. Durante tres horas recorrió las canciones de su vida y que conforman la banda sonora de la de su público.

Ya se ha cumplido medio siglo desde que escribiese su primer libro de poemas, Comparemos mitologías, una obra adolescente que anticipaba parte de su universo personal y carisma con versos como: "Oí hablar de un hombre / que dice las palabras tan maravillosamente / qué sólo con mencionar su nombre / las mujeres se entregan a él".

Tras varios libros de poemas, dos novelas y una banda adolescente de folk, Cohen se pasó a la canción por problemas económicos después de que Judy Collins cosechase un notable éxito cantando a su Suzanne. En 1968 aparecía un primer álbum bajo su nombre, Songs of Leonard Cohen. Un disco calificado con cinco estrellas por la enciclopedia musical Allmusic y que contiene la mencionada "Suzanne", pero también otras grandes joyas como So long, Marianne, Sisters of Mercy o The Stranger song. Cohen tenía treinta y tres años y se mudaba a Nueva York.

Ascenso

Dos años después daba un giro musical a Nashville para trabajar con el productor de Bob Dylan y Johnny Cash. Songs from a room llegaba al número dos de las listas inglesas y entraba entre las setenta primeras en EEUU. Bird on a Wire, The Partisan o Tonight will be fine son las canciones de este álbum formarían parte del homenaje que en 2004 le brindaron en ese concierto tributo llamado Im your man.

Repitió equipo y lugar para su siguiente trabajo, Songs of love and hate, un disco que pasó más desapercibido a pesar de contener canciones como Famous blue raincoat o Joan of Arc.

En esta gira Cohen vuelve a presentar todas estas canciones, en todos los conciertos las mismas, son sus tesoros y sus regalos a un público en su mayoría adulto o viejo, pero que también ofrece a sus seguidores más jóvenes la posibilidad de disfrutar el cuidado directo de un artista al que quizá no contasen con ver.

Los setenta pasaron con menos éxito para el canadiense. Abrió la década con un directo de sus últimos años y New skin for the old ceremony, un álbum en el que su sonido evoluciona con más instrumentos, cuerda y vientos. De ese álbum Cohen rescata habitualmente Chelsea Hotel, una canción dedicada a la desaparecida Janis Joplin sobre el tiempo que el cantante pasó en ese hotel neoyorquino. La portada del álbum que mostraba a dos ángeles haciendo el amor fue censurada por el franquismo.

En el monasterio

Con sus siguientes álbumes redujeron tirada y promoción, Cohen caía un poco. Hubo que esperar a 1988 para vivir su regreso musical con Im your man, un álbum que llegó a lo más alto de las listas de venta en España. Entre todas las grandes canciones que lo componen destaca la adaptación que Cohen canta del poema de García Lorca, Pequeño vals vienés". La fascinación por Lorca viene de un ejemplar de Poeta en Nueva York que cayó en manos de Cohen cuando tenía dieciséis años. La poesía del granadino impactó profundamente al entonces estudiante, tanto que años después bautizaría a su hija con el nombre de Lorca.

Su pasión por el poeta le llevó a conocer a Estrella Morente, que muchos años después grabaría "Omega", un álbum que versiona al flamenco rock las poesías del canadiense. Pero su conexión con nuestro país ha estado siempre presente. Hace tres años Diego Manrique le entrevistaba para El País con motivo del aniversario de su primer libro de poemas, Cohen contestó todas las preguntas con viejos versos, se mostraba extraído de su "Yo" personal. Había pasado cinco años en un monasterio Zen en California levantándose a las dos de la madrugada, en silencio, allí no era el poeta, simplemente el cocinero de sus compañeros, también le sirvió para evadirse de esa fama de mujeriego y seductor. Para encontrarse consigo mismo, para vislumbrar el valor real de la persona, pero fue una experiencia tan dura como clarificadora de la que nunca explicó los motivos que le llevaron al retiro.

Sin jubilación

Después de aquello Cohen tuvo que reinventarse, con el nuevo siglo publicó dos nuevos discos cuyo impactó quedó lejos del de sus trabajos iníciales, Ten new songs (2001) y Dear Heather (2004) le devuelven a la senda de la canción.

Y en 2008, con la cuenta bancaria vacía, Cohen vuelve a la carretera con 74 años. Su aspecto es el resumen de su vida, parece un monje poeta, un hombre callado, humilde, cercano, con palabras para todos, con miradas que dicen todo y canciones que explican el resto. Dispuesto a complacer a nuevas audiencias, a poner banda sonora a nuevas existencias, a futuras aventuras. Ha vuelto el seductor, el hombre de la voz de oro, que cigarro y copa de vino en mano, se encamina al escenario tranquilo. Saluda con el sombrero e hinca la rodilla en el suelo para los versos iníciales de Dance me to the end of love, una hora después, cada noche de directo, rasga los versos de Im your man donde recita "Si quieres un amante / haré cualquier cosa que me pidas/ Y si quieres otra clase amor/ Yo me pondré una máscara por ti/. Al final de cada concierto, agotado, pero con duende en la mirada, se despide como se despide la gente que sabe que puede no volver.

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