Sábado, 21 de Mayo de 2022

Otras localidades

Agosto en Gaza: El fantasma de la guerra

Todos viven con la idea de que un día puede haber otro ataque. Por eso, los palestinos saben que es difícil proyectar el futuro

La pobreza, una frontera cerrada por donde no pasa nada, y el resultado de los bombardeos israelíes, han sumido a la Franja de Gaza en un estado de destrucción y miseria sin precedentes

La pobreza, una frontera cerrada por donde no pasa nada, y el resultado de los bombardeos israelíes, han sumido a la Franja de Gaza en un estado de destrucción y miseria sin precedentes / CARLA FIBLA

Es difícil que alguien se imagine en Gaza como será su vida dentro de diez años, ni siquiera se atreven a aventurar su situación en los próximos días. "No pensamos en mañana, tenemos que vivir cada día con intensidad, sin estar pendientes de lo que haremos en el futuro", me explica Mona, una conocida empresaria de la franja desde uno de sus exitosos restaurantes.

En el actual estado psicológico de los habitantes de Gaza es imposible que no surjan referencias al reciente ataque israelí. Todos están convencidos de que tarde o temprano regresarán y como la virulencia de la última ofensiva les pilló por sorpresa no quieren volver a sentirse tan vulnerables y desprotegidos. "Fue peor que la Nakba de 1948, no había un lugar seguro, toda la franja era un cementerio. No teníamos donde ir.

Sólo rezábamos a Alá para que no nos tocase mientras escuchábamos día y noche el paso de los F-16 sobre nuestras cabezas. Una tortura", comenta Jaleel mientras sorbe con cuidado un té ardiendo.

Nadie tenía suficiente experiencia en la franja de Gaza para aguantar la presión de aquellos 22 días, pero hoy todos parecen más fuertes. Cuando conversas con cualquiera de ellos, sin importar la edad, es difícil no pensar que son supervivientes, que hace apenas 7 meses unos se alimentaban de huevos y noodles [un tipo de pasta asiática preparada que sólo necesitas mezclarse con un poco de agua], otros de las latas que iban racionando entre los numerosos miembros de la familia, y los agricultores asomaban la cabeza por la ventana de su vivienda intentando idear la forma de llegar a parte de su cosecha.

"Deberíamos estar rehaciendo nuestras vidas, concentrándonos en nuevos proyectos, pero es difícil hacerlo cuando tienes cada día que comprobar que tu móvil está completamente cargado, que tienes velas en casa, que hay un buen aprovisionamiento de agua y comida para no tener que salir de casa en varias semanas, que el generador funciona bien y que tienes suficiente combustible. No es vida", relata el profesor Haidar Eib desde el salón de su casa, situada en el piso octavo de uno de los pocos edificios altos de la capital del territorio palestino, desde el que se divisan muchos los restos de algunos de los ministerios bombardeados.

En el café del Hotel Marna House los jóvenes de Gaza pasan las horas fumando shisha [pipa de agua]. El lugar está vigilado en la entrada por dos policías vestidos de negro de Hamás para que no haya incidentes, sin que por el momento parezcan dispuestos a aplicar la ley de recuperación de la moral del movimiento islamista que prohibirá esta diversión, así como los encuentros entre hombres y mujeres que no estén casados. El ambiente del Marna House, cubierto por vegetación por los lados pero abierto por el techo, es distendido y agradable. "Si Israel no ataca Irán el verano que viene, ni comienza otro enfrentamiento con Hezbolláh en el Líbano, nos volverá a tocar a nosotros", analiza Mohamed, un universitario que estudia para ser ingeniero, ante el asentimiento del resto de tertulianos. "Volverán. Tenemos que vivir con eso. Vivimos conscientes de ello. No podemos engañarnos, porque si no estamos preparados nos harán más daño".

La palabra "futuro" no tiene ningún valor en Gaza. Unos se sonríen al escucharla, otros la repiten intentando acordarse de lo que significa, y la mayoría prefiere ni siquiera hablar de algo que aquí no existe.

"Estoy construyendo una habitación en el garaje de la casa, un refugio para poder escondernos cuando vuelvan a atacarnos", afirma Wissam, periodista de Al Risala una publicación próxima a Hamás. Y mientras escribo estás líneas escucho los disparos de la Marina israelí que cada mañana disuaden de esta forma a los pescadores de que avancen hacia los lugares donde realmente se puede pescar.

Es imposible evitar el acoso israelí no sólo por el bloqueo de productos básicos a través de los puestos fronterizos, sino porque a lo largo del límite este del territorio, la llamada "No-go zone" [Zona donde no ir], los israelíes vigilan con globos blancos teledirigidos cada movimiento. Los agricultores no pueden cultivar sus tierras porque están a menos de 600 metros del perímetro fronterizo y algunos, como Ahmed, han construido su casa tras una pequeña montaña para evitar los tiros al aire con los que casi cada día les recuerdan que no están solos. "Tengo dos mujeres y 16 niños. No les dejo subir la colina ni acercarse a la carretera porque les pueden disparar. La vida aquí es muy difícil. Trabajo como portero en un edificio de la municipalidad, pero no puedo irme de aquí. Son mis tierras".

Ahmed cuida de los olivos que lograron salvarse del paso de los carros de combate hace siete meses. Señala con el dedo lo que tenía plantado en un campo que hoy está abandonado porque preparar el terreno y volver a plantar significa correr un riesgo demasiado alto.

La ayuda psicológica está presente en la franja. A pesar de que muchos de ellos son reacios a reconocer que padecen una enfermedad mental, piden ayuda y siguen las instrucciones para dejar de sentir que su vida puede acabar en cualquier momento. Muchos adultos explican sus sentimientos con seguridad pero cuando miran a sus hijos se les nubla la vista. Anaan, ama de casa, contempla el juego de sus hijos y sobrinos pequeños, y nos dice: "Lo que han vivido estos niños. No sé qué resultado dará. Todos estamos traumatizados, pero los niños de Gaza no tienen recursos para asumir tanta violencia".

En la realidad de Gaza nadie desespera, se enfadan y discuten pero sólo para mantener activa la mente, para no caer en la sumisión. Inútil buscar culpables internos, nadie duda de quien es el enemigo, el que quiere que desaparezca el pueblo palestino.

Cargando

Escucha la radio en directo

Cadena SER
Directo

Tu contenido empezará después la publicidad

Programación

A continuación

    Último boletín

    Emisoras

    Elige una emisora

    Cadena SER

    Compartir

    Tu contenido empezará después de la publicidad

    Cadena SER

    ¿Quieres recibir notificaciones con las noticias más importantes?