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Esperando la caída del líder

Mercenarios y leales esperan la caída del líder libio Muamar Gadafi detenidos en una escuela de Beida

En territorio "liberado", a 200 kilómetros de Bengasi, de la capital del movimiento revolucionario que ha arrebatado a Muammar al Gadafi el Este del país y algunas ciudades al oeste de la capital, 176 personas han sido detenidas por las fuerzas de seguridad civiles libias. La mayoría son libios del sur, de Sabha, pero también hay mercenarios de Chad que devolviéndole el favor a líder libio por la política de "puertas abiertas" a los "hermanos" africanos y la financiación durante décadas de varias milicias no han dudado a ayudarle a mantenerse en el poder

En la escuela Luruba de Shahab, situada a 10 kilómetros de Beida, los primeros detenidos de la revolución libia son tratados de forma correcta, comen tres veces al día y han sido interrogados de forma adecuada según el equipo de Amnistía Internacional que les ha visitado. En las aulas, las mesas y sillas han sido apiladas al fondo para que unos 40 hombres duerman en cada una sobre colchones en el suelo. Solo una pizarra en la pared recuerda para qué fue construido el edificio que supuestamente recuperara la normalidad cuando caiga el régimen y los detenidos sean liberados.

"Vinieron para disparar a los participantes en las manifestaciones. Hay libios y de otros países de África. Les encontramos en las bases militares de Sahad y Labrak. Primero les llevamos a una mezquita y luego les trasladamos aquí para su seguridad", explica Ahmed Nasser, el responsable del comité local de la revolución encargado del lugar. "El camino, las carreteras del país hasta sus casas en el sur no son seguras, por eso les liberaremos cuando pase todo, cuando caiga el régimen. Si les dejamos irse alguien les matará y Gadafi dirá que la gente de Baida les ha matado", concluye.

Gadafi divide al pueblo

Mahmud, de 18 años, es militar y lleva cinco días detenido. Hace un mes le trasladaron primero a Bengasi y luego a Beida. "Me trajeron aquí porque había manifestantes, para controlar la situación. Disparé a los activistas porque ellos también nos disparaban", explica convencido de que le dejarán regresar con su familia cuando caiga Trípoli. Hace una leve crítica hacia Gadafi, explicando que es responsable de haber intentado dividir al pueblo, y evita hablar de los centenares de muertos ni del mando civil que ahora ostenta el poder.

En otra aula, Mohamed al Madani, de Chad traslada su rocambolesca trayectoria hasta terminar en la escuela-prisión: "Vine a Sabha de Chad para trabajar pero no encontré nada, entonces decidí irme a Trípoli, me dijeron que había un vuelo gratis a la capital. Después nos metieron en coches y nos trajeron a Beida. Nos engañaron. De repente nos encontramos en un sitio donde disparaban a la gente. Nosotros nos tiramos al suelo y luego escapamos al bosque, estuvimos allí tres días hasta que nos encontraron y nos trajeron aquí". Niega cualquier implicación con los mercenarios ni que haya recibido dinero para combatir a los manifestantes.

A la entrada de la improvisada prisión de la Revolución, un comunicado del 26 de febrero anuncia los nombres de las cinco personas responsables del funcionamiento de la ciudad hasta que el pueblo elija a las próximas autoridades oficiales.

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