Jueves, 29 de Julio de 2021

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Análisis:

Campaña en verso, gobierno en prosa

No ha sido la economía. Ha sido la política económica. Geoff Dyers sostiene que los hombres sensibles toman las decisiones erróneas por las razones correctas. Es el caso de Zapatero, quien pese a arder en la hoguera de las reformas sostiene que ése era el único camino. El vapuleo electoral que ha infligido el PP, llevándose por delante buenos alcaldes, gestiones notables y candidatos renovados, indica que el PSOE no ha sabido explicar las razones profundas de sus acciones políticas en materia económica. Siempre ha parecido un Gobierno llevado al cadalso de los recortes por la UE y la presión de los mercados. El 22-M era la primera cita de los españoles con las urnas tras el estallido de la crisis. Era previsible que se la hicieran pagar al Gobierno; era menos predecible que lo hicieran con tamaña contundencia. Si quieren consuelo, es el mismo fantasma que recorre Europa y no entiende de siglas. En cualquier caso, el PP ha visto confirmado su objetivo: el 22-M ha sido un plebiscito que les permite enhebrar el discurso del fin de ciclo, del cambio y de las elecciones anticipadas.

El PSOE ha perdido un millón y medio de votos. El PP ha ganado 600.000. El 22-M ha ampliado el espectro de los receptores de votos -Bildu, UPyD, Álvarez Cascos o Plataforma por Cataluña. Dos hitos: CiU es por primera vez la primera fuerza política en Cataluña y el PP aventaja al PSOE en Andalucía en 300.000 votos. Dos hechos: las victorias del PP en Extremadura y Castilla-La Mancha tumban el mito y confirman que el PP ya puede ganar en cualquier territorio. Valores indicativos, los llaman. La deserción masiva de los votantes del PSOE obliga a la dirigencia socialista a repensar su oferta política. Es imposible que aspire a un gobierno duradero en España sin el poder municipal, del que está ausente hace ya demasiado tiempo. La recuperación de sus abstencionistas sólo llegará si es capaz de afrontar su propio futuro desde el convencimiento de que requiere cambios profundos organizativos, conceptuales, participativos. Otras políticas, conectadas con un pensamiento progresista trascendente, moderno, real. Si organiza, defiende e impone su propia agenda.

El 22-M deja otras malas noticias apartidistas: la amnistía electoral de Camps o de los imputados de las listas del PP de Madrid. Los 65.000 votos de la xenófoba Plataforma per Catalunya. La victoria del candidato del PP García Albiol, ese martillo de inmigrantes, en Badalona. Y la abstención más el voto blanco constituida como cuarta fuerza electoral, tras IU.

Para las legislativas quedan diez teóricos meses. Zapatero y el PSOE van a sufrir el efecto de una tortura china a la española, administrada gota a gota, a cada minuto de cada día de cada uno de los diez próximos meses. A golpe de proclama política y cincelada en una marea de titulares unívocos. El primer Zapatero post 22-M ha reiterado que pretende agotar el mandato. Le quedan dos reformas pendientes -la negociación colectiva y el sector financiero- que debe concluir antes del verano. Técnica y políticamente, la legislatura estará agotada con la llegada de la canícula. Y septiembre amanecerá con el redoble del tambor popular intensificado. En este periodo de entreguerras, el PSOE tiene que resolver un problema capital: su liderazgo. Las primarias, de celebrarse sin más navajas cabriteras de las que dicta la inercia histórica en los procesos internos del PSOE, podrían contribuir a mejorar el ánimo en un partido en estado de shock y a insuflar algunas expectativas de mejora. Veremos.

Sin embargo no todo son malas noticias para el PSOE. Diez meses pueden dar mucho de sí en política. Cabe preguntarse si con el severo castigo de ayer ya ha purgado el PSOE su responsabilidad en la crisis y en la gestión de la crisis. Una extrapolación de los datos de ayer, con la dispersión actual de los sufragios, dejaría al PP a 13 escaños de la mayoría absoluta. Además, el PP atesora prácticamente todo el poder territorial. Y se verá obligado a aplicar recortes sensibles en las autonomías donde gobierna, que sólo son casi todas. Los ayuntamientos que gestiona, que también son casi todos, están en su mayoría en quiebra. Y aunque la situación económica de estas instituciones ha sido el debate escamoteado a los ciudadanos durante la campaña, la realidad en la que aterriza el PP es dura. Tendrá que actuar y granjearse enfados sociales, como ya hace CiU en Cataluña, lo que le permitirá compartir con el PSOE el enfado ciudadano en marzo de 2012, fecha teórica de las legislativas. Tras acumular todo el poder territorial no podrá culpar en exclusiva al PSOE de los pesares económicos. Toby Ziegler, el ácido pero impagable asesor del presidente Barlett, lo clavó: "Se hace campaña en verso pero se gobierna en prosa".

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