Viernes, 03 de Diciembre de 2021

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Crónica Super Bock 2011

Crónica Super Bock 2011

Recorrer Portugal siempre es una aventura de lindos paisajes, gente encantadora y grandes sorpresas. Lo mismo se puede aplicar al Super Bock Super Rock 2011, un festival que en su decimoséptima edición ha presentado grandes errores de servicios, accesos e infraestructuras, pero ha conseguido cerrar un cartel magnifico con muy pocas sombras y muchas estrellas.

Sesimbra, y la costa que lo rodea, es un paraje ideal para el visitante. Un lugar fresco rodeado de bosques de pino y pequeños pueblos de sorprendentes gastronomías que se abren amigablemente a la oleada de festivaleros adolescentes que invaden la zona para tres noches de rock.

La jornada del jueves ofrecía un brillante comienzo con las actuaciones de The Walkmen, Beirut, Tame Impala The Kooks y Arctic Monkeys. Una buena jornada inicial donde destacó la puesta en escena de Beirut, un grupo poco dado a los festivales que ofreció una actuación redonda alejándose del sonido pop rock que dominó el festival. Tame Impala brindó una hora de psicodelia divertida y anestésica que dio paso a la actuación de The Kooks. La banda de Luke Pritchard presentó algunos de los temas de su esperado tercer álbum que se completó con un repaso a unos hits que engancharon al joven público portugués. El fin de noche corrió a cargo de los Arctic Monkeys. La banda británica, una de las más esperadas de la noche, defendió su cancionero con energía y descargas de rock confirmando que son una apuesta segura para todo director de festival.

Los grandes nombres del viernes atrajeron al doble de público para la segunda jornada del festival. Para entonces el camping resultaba poco funcional, la basura se acumulaba en los rincones, las colas para cualquier cosa se alargaban eternamente y para ver alguno de los conciertos del escenario principal se requerían unos buenos prismáticos y una mascarilla para no tragar polvo de la nube de arena que cubría el recinto. Fue la noche de Portishead y Arcade Fire. La banda de Bristol fue la que más expectación levantó entre unos asistentes jóvenes que no habían vivido sus años de gloria, pero que mostraron muchas ganas de descubrir el directo de esta legendaria formación. El sonido y el exceso de público jugó en contra de la banda de Beth Gibbons, y sus sensuales susurros parecían gritos mudos ante un mar de cabezas y cámaras de fotos. A pesar de los problemas el concierto de Portishead dejó entrever las dificultades técnicas de su espectáculo y la hermosura de una puesta en escena más dada al teatro o la sala cerrada que al festival de cielo abierto. El recinto se desmasificó un poco para el concierto de Arcade Fire, primera actuación de los canadienses en Portugal tras un par de cancelaciones. La popular banda también tuvo que hacer frente a algunos problemas de sonido, pero tras superarlos demostró que es una las mejores bandas de la última década con un recorrido sonoro por las canciones de sus tres álbumes. Una buena selección que dejó pocas joyas fuera y que demostró que a los portugueses les gusta tanto cantar los “la,la,las” de los canadienses como a los españoles.

El sábado el festival era un caos del que había que escapar, pero también era un día con grandes actuaciones. La jornada comenzó con un Brandon Flowers (The Killers) bajo un caluroso sol, un concierto soso salpicado por algún tema de su banda y poco más. Todo lo contrario ofreció José González junto a Junip. El sueco es de los pocos músicos que tras triunfar en solitario ha tratado de reflotar su primera formación, la gente que no olvida a los amigos merece un aplauso. Su actuación fue más movida que en solitario y presentó un formato más interesante para el directo festivalero. Tras el sueco de origen argentino le llegó el turno a Ian Brown. El que fuese líder de los geniales Stone Roses dio un mal concierto en que los fallos técnicos no sirven de excusa, los cambios de estilo y género, la poca linealidad de su setlist y su castigado físico fueron taras en su contra tras la limpia actuación de Junip.

Tampoco mereció el gran aplauso la actuación de Slash. El que fuese guitarrista de los míticos Guns and Roses compareció rodeado de mercenarios y amigos para recuperar el cancionero que firmó junto a Axl Rose hace ya veinte años. Canciones en las que la guitarra de Slash era lo único que estaba a la altura. También presentó algunas de las canciones que ha firmado en solitario, pero la conclusión final fue casi nada de los compuesto por el estadounidense en las dos últimas décadas ha estado a la altura de lo alcanzado a principios de los noventa junto a sus compañeros de formación.

El fin de fiesta corrió a cargo de The Strokes, la banda de Julian Casablancas no tuvo dudas a la hora de elegir sus canciones. Su último disco tuvo una presencia testimonial y su actuación fue una sucesión de los éxitos de su carrera en un concierto intenso y acertado que agradó a la mayoría del público y que fue la guinda perfecta para un gran festival.

Al día siguiente todo era suciedad y caos, desorden, polvo y atascos. Una vez la música acabó tocó hacer balance y por encima de todos uno claro, un festival en el bosque tiene que ser amable con el entorno, respetuoso y sostenible. Si el Super Bock mereció una gran nota por su cartel, un suspenso en su organización, el tratamiento de las basuras y el respeto medioambiental son su gran asignatura pendiente para próximos cursos.

La crónica del FIB 2011 estará disponible por la tarde

 

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