Jueves, 06 de Octubre de 2022

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El tobogán

El trámite legislativo de aprobación de los presupuestos finaliza en junio. Es el tozudo y garantista plazo legal que tanto enoja a Bruselas, que exige "leyes de urgencia", como si unos presupuestos de esta trascendencia pudieran despacharse como un pollo express. Aún así, se verá. En el mismo mes de junio el Ejecutivo aprobará el techo de gasto de 2013. Y a la vuelta del verano deberían presentarse los presupuestos de 2013, que llevarán en sus entrañas un recorte añadido de 30.000 millones de euros. La ecuación teórica nos obliga a pasar del 8,5 de déficit al 5,3 a finales de año y al mítico 3% en 2013. Más ácido sobre un territorio devastado.

Dicen los expertos que los números no van a salir. Es imposible que cuadren porque suponen quebrar la inercia de funcionamiento de un país, que puede apretarse el cinturón aún más pero no debe echarse el cinturón al cuello. Los presupuestos son imposibles: lo admiten sotto voce ministros, presidentes autonómicos y alcaldes; lo avalan los científicos, los profesores de universidad y los finos analistas que esta vez parecen predestinados a acertar. E incluso parece bueno que los arúspices acierten y los presupuestos se incumplan. Porque si se consuman los recortes previstos en áreas tan sensibles y estratégicas como la Educación, la innovación o la Sanidad -admitiendo la caída del 22% en infraestructuras como animal de compañía- y se consagra el tremendo recorte social, la España que amanecerá en 2013, con una caída del PIB en torno al 2%, será más pobre, más desigual, más insolidaria y, lo que es peor, con menos expectativas de futuro.

Los PGE dedicarán además 29.000 solo para pagar los intereses de la deuda, que no es desde luego atribuible al Gobierno de Rajoy, sino al de Zapatero...y a las comunidades autónomas y ayuntamientos gobernados por el PSOE y el PP, que son mayoría. Aunque de haber gobernado el PP los años anteriores es de temer que la cifra no sería muy diferente. Cosa distinta es si también se habrían destinados a planes E o cheques bebés. Pero ya nadie recuerda que anteayer todos fuimos keynesianos.

Una verdad incontrovertible: España no puede seguir gastando 90.000 millones más de lo que ingresa. Nadie niega el mantra del imprescindible ajuste fiscal, pero urge un plan complementario de inversiones, una estrategia para reactivar la economía y una política de estímulos que permita arrancar de nuevo la máquina de la economía. Se trata de acompasar los dos procesos: saneamiento de las cuentas públicas y puesta en carga de la economía. Buena parte del éxito de esa necesidad, que no se contempla en los PGE, pasa porque los bancos comiencen a prestar dinero. Sorber y soplar a la vez, sí. Tiene razón Rajoy cuando dice que el PP ha hecho más reformas económicas en tres meses que el PSOE en ocho, pero pierde la razón al creer que puede seguir acometiendo las reformas obviando que al no haberse hecho lo que se debería por parte del anterior Gobierno las condiciones de partida son pésimas precisamente por esa carencia y difícilmente admitirán este concentrado de recortes como si se hubieran creado las condiciones objetivas imprescindibles.

Una vez avalados por la avanzadilla de la CDU de Merkel, abrazados por los burócratas de Bruselas e impuestos a los españoles al grito de "O ajustes o el caos", los presupuestos comenzarán a habitar entre nosotros con su funesta retahíla de recortes, retrocesos y desplomes. Pero nadie garantiza que a los mercados les sirva la prenda amputada como aval para dejar de castigar nuestra deuda, que se paga ya por encima de la italiana. No hay garantías de que así sea. Rajoy, como Zapatero en sus días más turbulentos, duerme ya con el fantasma de la intervención debajo de la cama; como Zapatero se ha amarrado al timón dispuesto a aproar el único destino que cree posible; y, como Zapatero, admite hacer cosas que no le gustaría tener que hacer, verbigracia los recortes o la amnistía fiscal. De hecho es la amnistía el mensaje más turbio que envía este Ejecutivo: legalizar el dinero negro por la módica cantidad de un 10% de tributación es animar a los defraudadores a hacer un corte de mangas a los contribuyentes cosidos a impuestos, rectos cumplidores de sus obligaciones con la Hacienda pública que, desde Lola Flores para acá, somos todos. Como mínimo, deberíamos exigir que se hagan públicas las listas de blanqueadores, que nadie nos los presente en el futuro como probos ciudadanos. Lo dicho: del trapicheo fiscal al Honoris causa hay sólo un paso.

Ya estamos en el tobogán, en la parte más empinada. Donde la caída se produce con sobresalto y espasmo. La pendiente es brusca y la recta de aterrizaje se prevé larga. Acabamos de oír al presidente del Gobierno en Antequera. Rajoy ha confirmado su convicción de seguir haciendo lo que cree que debe hacer. No se apartará ni un ápice del camino emprendido: ajustes duros, reducción del déficit afrontando las consecuencias y sostenimiento de estas políticas sobre la culpabilización de la herencia socialista, justo lo contrario de lo que prometió hacer. Aunque eso ya es lo de menos. A partir de septiembre, los parados serán suyos. En el futuro, los éxitos o el fracaso, también. Lo que se espera es que acierte, por más que la lógica de los números dicte lo contrario y pese a que los recortes aparezcan en el futuro como una solución convertida en problema.

@AHRodicio

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