Lunes, 06 de Diciembre de 2021

Otras localidades

Siria se desangra | 10-08-2012

En Alepo se ha materializado la guerra interna que los expertos auguraban para la revuelta siria, y si los enfrentamientos se prolongan, se hará realidad el enfrentamiento sectario que haría que Siria siguiera los pasos del vecino Irak

El sonido constante y cada vez más cercano de los aviones de combate cuando se acercan y sobrevuelan Alepo, el centro financiero del país donde casi todas las tiendas están cerradas; cuando planean sobre las localidades del norte de la provincia, es una amenaza demasiado dura para que los ciudadanos que durante meses observaban el levantamiento popular en Deraa, Damasco, Homs y tantas otras localidades, permanezcan en sus hogares.

Campamento de refugiados sirios en Kilis (Turquía) / CARLA FIBLA

Más información

Durante las últimas tres semanas el conflicto sirio ha dado un giro que confirma la guerra civil en la que, a pesar del desproporcionado uso de armamento, se está combatiendo por cada calle, cada pueblo para, al margen del control, ya no tan absoluto, del régimen de Bachar al Assad, comenzar a organizar una forma de vida muy lejana a lo instaurado durante más de 40 años por el partido Baaz.

En Alepo se ha materializado la guerra interna que los expertos auguraban para la revuelta siria, y si los enfrentamientos se prolongan, es muy probable que también se haga realidad el enfrentamiento sectario al que a menudo recurre el régimen desde Damasco y que haría que Siria siguiera los pasos del vecino Irak. Las decisiones tanto del clan Al Assad (y de los generales), combatiendo con tanques y aviones de combate a supuestos "terroristas", que sobre el terreno son ciudadanos en contra de la dictadura bajo la que han sido gobernados durante décadas; como de la comunidad internacional, incapaz de convencer a las autoridades sirias para introducir ayuda humanitaria, ni de tomar decisiones políticas y militares que frenen la media de un centenar de muertos al día, obliga a pensar que el conflicto se prolongará durante meses, quizás años.

La situación sobre el terreno es tan inestable que incluso las zonas denominadas "liberadas" por el Ejército Libre de Siria (ELS) no están exentas de los ataques de la aviación, que sigue provocando que miles de familias se trasladen a zonas supuestamente más seguras, incluso a lugares que continúan bajo el poder del régimen. La ONU calcula que en los últimos 17 meses un millón y medio de personas se han convertido en desplazados internos.

El ELS se esmera en ayudar a los que quieren llegar hasta las fronteras, intentan trasmitir seguridad a pesar de que no pueden garantizar que la situación no vaya a dar un giro radical en cualquier momento, y que tengan que volver a esconderse para rehacer su estrategia de ataque. En ciudades como Al Bab o Azzaz se han creado comisiones militares, políticas y de asuntos religiosos, y han pedido a los ciudadanos más experimentados que les ayuden a constituir un sistema de organización que garantice el acceso al agua y la electricidad, que las panaderías subvencionadas sigan distribuyendo el producto, y que existe seguridad en las calles para rehacer sus vidas.

El control de las localidades del norte de la provincia de Alepo es demasiado reciente para poder confirmar que estén logrando establecer un sistema eficaz, que englobe a todos los ciudadanos, y en el que sean precisamente los habitantes quienes elijan a sus representantes políticos. Por el momento hay muchas dudas sobre el trato que se está dando a los detenidos en combate, los miembros de la milicia shabija, de los servicios secretos y a los oficiales del Ejército regular, que son trasladados a una escuela de secundaria reconvertida en prisión en Marea, donde según los responsables del ELS, les toman declaración (los presos aseguran que son golpeados durante los primeros interrogatorios) y luego les juzgan de forma provisional para decidir si permanecerán arrestados hasta que termine la revolución. Organizaciones internacionales como Amnistía Internacional o Human Rights Watch han documentado el uso de varios métodos de tortura durante las detenciones y varios casos de ejecuciones.

El color negro, en los vestidos de las mujeres, en los velos con los que se cubren, van invadiendo el país. Todo el mundo ha perdido a un familiar o un amigo cercano. En los cementerios se entierra a la vez que se preparan nuevos agujeros para los muertos que saben que seguirán llegando. La sensación de que no hay marcha atrás la comparten desde los niños, que participan en las manifestaciones nocturnas, lloran en los entierros y quieren crecer para empuñar un arma; hasta los ancianos, que son los que más conciencia tienen de lo que el régimen de Bachar al Assad es capaz de hacer antes de entregar el poder. En cambio, la sensación de que es posible, de que lograrán establecer un sistema justo basado en la libertad y la dignidad es más fuerte que todo.

Cargando

Escucha la radio en directo

Cadena SER
Directo

Tu contenido empezará después la publicidad

Programación

A continuación

    Último boletín

    Emisoras

    Elige una emisora

    Cadena SER

    Compartir

    Tu contenido empezará después de la publicidad

    Cadena SER

    ¿Quieres recibir notificaciones con las noticias más importantes?