Viernes, 07 de Octubre de 2022

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Se cumplen 50 años de la crisis de los misiles. El abismo del holocausto nuclear

Catorce días en que Kennedy y Kruschev provocaron y evitaron la Tercera Guerra Mundial

Hace 50 octubres un avión espía norteamericano llevaba 5 días esperando a que el mal tiempo le dejara hacer el vuelo de reconocimiento sobre Cuba que le habían encargado. Los americanos no se terminaban de creer las noticias sobre la presencia soviética en la zona; al fin y al cabo la carrera espacial la estaban ganado entonces los rusos, pero la armamentística no, ni de lejos. EEUU tenía 2.000 misiles capaces de alcanzar Moscú frente a los 340 de la URSS.

Era un domingo más de la larga Guerra Fría y ese avión espía volvió con un puñado de fotografías aéreas que empezaron a revelarse esa misma noche. 14 de octubre de 1962. "estábamos mirando las fotos e identificamos objetos extraños en el entorno; y seguimos mirando hasta que dijimos eso son misiles balísticos", recuerda Dino Brugioni, uno de los intérpretes de la CIA.

Estaban ante una plataforma de lanzamiento de misiles a 145 km de EEUU capaces de destruir - porque ése era el fantasma de la Guerra Fría-, cualquier ciudad norteamericana: Nueva York, Washington, Dallas, con excepción quizá de Seattle. Los americanos creyeron que estaban ante unas decenas de misiles; pero en realidad en Cuba había ya 43.000 soldados rusos y una carga nuclear que superaban en 5.000 veces la que cayó sobre Hiroshina... pero eso lo supieron más tarde, casi 30 años más tarde.

Es la CIA la que informa a Kennedy dos días después del vuelo de aquel avión en el mismo dormitorio de la Casa Blanca. Los asesores del presidente confiesan ahora que estaban descolocados porque nunca creyeron que los soviéticos asumieran el riesgo que suponía colocar armas nucleares fuera de sus fronteras.

Tres horas más tarde comienzan las reuniones. Sobre la mesa había tres opciones: atacar, hablar con el archienemigo o el bloqueo. En cualquier caso, ganar tiempo para evitar una guerra que una vez empezada sería imposible de parar y que podría desembocar en un holocausto nuclear. Los miembros del consejo de estado reconocen que de haber votado el primer día, aquel 16 de octubre de hace 50 años, la opción ganadora habría sido el ataque, pero en esa reunión, afortunadamente para todos, no se decidió nada.

Pasan los días salpicados por algún contacto secreto con los soviéticos, Kennedy disimula haciendo campaña mientras sus hombres están permanentemente reunidos, y el planeta no es consciente de lo cerca que bordea el desastre. Hasta el día 22, cuando a las siete de la tarde, hora de Washington, Kennedy se dirige a la nación y al mundo "invito al presidente Krushov a que detenga y elimine esta clandestina, insensata y provocativa amenaza a la paz mundial y a establecer relaciones entre nuestro dos países. Ahora tienen la oportunidad de sacar al mundo del abismo de la destrucción".

Y para esquivar ese abismo, Kennedy informó de la decisión que una semana después del vuelo del avión habían tomado: no se lanzarían bombas pero la marina norteamericana iba a detener y registrar todos los barcos con destino a Cuba. A a eso se le llamó "cuarentena".

La respuesta de Moscú llegó a la mañana siguiente. No había marcha atrás, así que el mundo de a pie empezó a temblar, los americanos hacían acopio de alimentos, algunos ni siquiera fueron a trabajar temiendo que vivían sus últimas horas de paz; tener a mano un refugio nuclear o algo que se le pareciera ocupaba un espacio entre el deseo, el suspiro y la necesidad.

Entre tanto, la televisión cubana emitía marchas militares, voces en off recitaban textos como éste "en pie de guerra, serenamente, el pueblo cubano espera para recibir con hierro y fuego a quienes osen hollar nuestro suelo" y Fidel Castro gritaba aquello de "Cuba no es el Congo".

Pasan las horas, los escasos contactos entre Washington y Moscú se suceden sin éxito, ni cuando se realizan en despachos secretos, ni cuando el marco es el pleno de Naciones Unidas. Dice el embajador americano: "déjeme hacerle una pregunta muy sencilla...usted niega que la URSS ha colocado y está colocando misiles de corto y medio alcance y bases en Cuba? Sí o no, no espere que lo traduzcan, ¿sí o no?" Y después de unas risas nerviosas contesta el embajador ruso. "No estoy ante un tribunal estadounidense y por lo tanto no deseo responder a una pregunta que se me plantea a la manera de un fiscal. Ya tiene su respuesta".

El 26 de octubre Kennedy recibe un telegrama de Nikita Krushev con una oferta: si EEUU declaraba que no invadiría Cuba la necesidad de que "nuestros especialistas militares" estén presentes en la isla desaparecerá. El 27 de octubre, el dirigente soviético añade otra condición: la retirada de los misiles de EEUU en Turquía y cuando el horizonte dejaba de verse por primera vez en 13 días negro-oscuro, un misil tierra-aire soviético derriba un avión espía norteamericano "si desgraciadamente se desata esta guerra -confiesa Castro más tarde- nosotros vamos a desaparecer del mapa".

En contra de sus asesores Kennedy decide no atacar y responde al telegrama de Krushchev sin mencionar el derribo del avión. En secreto acepta la retirada de los misiles de Turquía que jamás serán vendidas al mundo como un intercambio. Krushchev acepta las de Kennedy en un mensaje radiado que da la vuelta al mundo. "Radio Moscú 9 de la mañana, Krushev está embalando sus misiles y vuelve a casa", así lo ve la televisión americana. Es el 28 de octubre de 1962, la mayor crisis del siglo XX ha terminado y deja en sendos despachos de la Casa Blanca y el Kremlin la instalación por primera vez de una línea de comunicación directa: el teléfono rojo, que no era rojo y tampoco era teléfono al principio, pero esa ya es otra historia.

Hace 50 octubres se evitó la Tercera Guerra Mundial

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