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El vestuario del Levante se autodestruye

Barkero reprochó a Munúa, Ballesteros, Juanfran y Juanlu una falta de intensidad en la goleada ante el Deportivo de la Coruña y los capitanes le exigen que se retracte si quiere volver a vestir la camiseta del Levante.

El presidente, Quico Catalán y el director deportivo Manolo Salvador han cotejado con la plantilla todo lo ocurrido durante las últimas semanas y confían en reconducir un vestuario que está completamente dividido y en el que varios de sus futbolistas ni se dirigen la palabra.

El idílico vestuario granota está roto. Los quince minutos que transcurrieron entre el gol de Valerón y el de Nelson Oliveira, en el (0-3) con el que se marchó el Deportivo al descanso, son los que originaron que Javier Barkero entrase en el vestuario gritando "no quiero participar en esta mentira de partido, esto es una farsa". Munúa le replicó: "¿Qué estás insinuando? si nos comimos cinco goles en el Bernabeu y nos han hecho tres en un cuarto de hora". En ese instante, se inició una batalla dialéctica de reproches de unos contra otros, acompañado del lanzamiento de bebidas isotónicas en el momento en el que JIM accedía al vestuario. El técnico les obligó a guardar silencio, pidió calma, profesionalidad para encarar la segunda parte del partido y les emplazó al siguiente entrenamiento para aclarar la situación.

El lunes posterior, los once jugadores titulares decidieron reunirse sin la presencia del entrenador y Barkero, que ya le había transmitido al presidente su deseo de dejar sin efecto su renovación y abandonar la disciplina del Levante, dijo delante del grupo que tuvo dudas sobre el comportamiento de Munúa, Ballesteros, Juanfran y Juanlu que jugó los últimos 20 minutos de partido. La reacción inmediata fue de incredulidad, le pidieron explicaciones y que demostrarse con argumentos las sospechas infundadas que tenía sobre cuatro compañeros. El mediapunta de Arechavaleta dijo que no tenía pruebas, que tuvo una extraña sensación en la falta de entrega de algunos jugadores y que se marchará cuando finalice la temporada.

En la plantilla nadie daba crédito al 'mal rollo' que se había generado sin ninguna base sólida, sin fundamento alguno y que rompía con los valores de un vestuario indestructible ante todas las vicisitudes por las que ha pasado y los éxitos que ha cosechado en las tres últimas campañas. Además, JIM cambió por una decisión técnica a Munúa y a Ballesteros para el siguiente partido en el Camp Nou y el distanciamiento entre futbolistas fue aumentado progresivamente hasta el punto de no dirigirse la palabra.

Para cerrar el circulo de esta rocambolesca historia y para que la fractura haya sido completa, el pasado sábado ante el Celta de Vigo, Barkero es el encargado de lanzar un penalty que acaba marrando bajo la presión y la atenta mirada de compañeros a los que él había señalado.

El presidente, Quico Catalán y el director deportivo, Manolo Salvador se han ido informando durante los últimos días de la descomposición del vestuario al que todavía pretenden reconducir, si Barkero se retracta de sus palabras y obtiene el perdón del grupo. En caso contrario, el club se verá abocado a desprenderse del jugador con más talento de la plantilla y a uno de los grandes artífices del éxito granota.

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