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Domingo, 15 de Septiembre de 2019

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Egipto, de la revolución a la rebelión

En Egipto la senda democrática no termina de arrancar

Si algo ha repetido en las últimas semanas el largo espectro no islamista es que este domingo, Egipto alumbrará una segunda etapa de su revolución. Hace justo un año que los sectores liberales celebraban a regañadientes la victoria en las urnas de Mohamed Morsi, el candidato de los Hermanos Musulmanes, que se enfrentaba a Ahmed Shafiq, quien representaba al régimen del depuesto Hosni Mubarak.

Mursi pedía a los altos mandos militares y a los soldados que cumplan con la Constitución y la ley y no respondan al "golpe" (de Estado), y que eviten implicarse en el derramamiento de sangre / REUTERS/Amr Abdallah Dalsh

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Aquel junio de 2012, Morsi se impuso en los comicios con el 51 por ciento que le otorgaban los 13 millones de votos que obtuvo. Este sábado, el movimiento ciudadano denominado Tamarrud (rebelión), heredero de aquel despertar de la sociedad civil, aseguraba haber recogido 22 millones de firmas contra el presidente.

La senda democrática no termina de arrancar, aunque la percepción de los ciudadanos es que ni las cosas más sencillas funcionan. En los últimos días, El Cairo se ha convertido en un gigantesco cuello de botella, atestado por miles de coches que hacen cola en las gasolineras ante la falta de combustible. El Estado no es capaz de garantizar el suministro de este bien básico, como tampoco consigue generar la energía suficiente, por lo que los egipcios se enfrentan a cortes de luz diarios.

"No tenemos gasolina, no tenemos luz, no tenemos agua", clamaba el pasado viernes un joven en la plaza Tahrir de El Cairo, donde miles de personas se dieron cita como toma de contacto ante la manifestación de este domingo. Tanto él como sus compañeros se preguntaban qué ha sido de la libertad y la justicia social, que anunciaba la revolución.

Según el portavoz del principal grupo opositor secular, el Frente de Salvación Nacional, Jaled Dawud, "el balance es una gran decepción, porque tanto el presidente como los Hermanos Musulmanes han fallado a la hora de cumplir con las demandas de la oposición". "El 30 de junio será el inicio de una nueva ola en la que vamos a exigir elecciones anticipadas y la elección de un nuevo presidente que gobierne este país con responsabilidad para todos los egipcios y no sólo para los Hermanos Musulmanes", insiste Dawud.

Morsi ni siquiera ha tenido tiempo de afrontar un programa islamista que cale en la sociedad, pero en los últimos meses sí que ha procurado colocar a sus fieles en puestos clave de la Administración. El diálogo con el resto de tendencias ha sido inexistente, por lo que en todo este año ni siquiera ha conseguido anunciar la fecha de las próximas elecciones parlamentarias.

El país lleva un año huérfano de su principal órgano legislativo, anulado poco antes de las pasadas elecciones presidenciales. Y sólo la Cámara Alta resiste, ante la falta de otras instituciones, pese a que también fuera declarada ilegal por el Tribunal Constitucional.

"Los grandes logros del presidente han sido terminar con un régimen militar y conseguir que se aprobara una Constitución", sostiene Nadr Omrar, portavoz del brazo político de los Hermanos Musulmanes. El mérito, según Omrar, es que el presidente ha tenido que lidiar con la negativa de la oposición a dialogar con el Gobierno y a los "ataques recibidos de la judicatura".

Pero ni la Constitución -ratificada el pasado diciembre- supuso ningún bálsamo, ni los militares han cedido ante el proyecto de los islamistas. El comienzo del atolladero se produjo durante el proceso constituyente, cuando el presidente firmó un decreto para blindar una posible disolución del órgano que finalmente redactó la Carta Magna.

Durante todo este tiempo, el Gobierno y la oposición no islamista han vivido en las antípodas. Los Hermanos Musulmanes cada vez se han recluido más en sus bases. E incluso los salafistas le ha retirado su apoyo al partido gobernante, descontentos con su falta de firmeza para aplicar la ley divina y sabedores de que su desgaste les puede ofrecer réditos entre el electorado más conservador.

Pero tampoco los líderes opositores representan una alternativa real ante un hipotético relevo en palacio. De ahí que en algunos sectores comiencen a pensar en los militares como el único sector capaz de desbloquear el conflicto.

Esta misma semana el Ministerio de Defensa pidió una salida negociada y advirtió de que no permitirá que Egipto se adentre "en un túnel oscuro". Ninguna de las fuerzas políticas lo reconoció oficialmente como una amenaza. Pero mientras, los cuadros islamistas insisten en que defenderán la legitimidad que el presidente se ha ganado en las urnas, en las manifestaciones de los opositores, varias pancartas pedían a los generales que pongan fin a un Gobierno que estiman ha perdido el apoyo de la ciudadanía.

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