Viernes, 02 de Diciembre de 2022

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Egipto, segunda oportunidad

El golpe de Estado pone en duda la transición iniciada tras la caída de Mubarak

El nuevo presidente interino de Egipto, Adli Mansur, jura su cargo ante la asamblea general del Tribunal Constitucional

El nuevo presidente interino de Egipto, Adli Mansur, jura su cargo ante la asamblea general del Tribunal Constitucional / REUTERS

Hace poco más de dos años se pusieron muchas esperanzas en la transición democrática que arrancaba en Egipto. El ejército fue el encargado de tutelar ese proceso, hasta la celebración de las primeras elecciones libres en la historia del país, que terminaron con la victoria de los Hermanos Musulmanes. El golpe militar muestra el fracaso de esa primera transición y vuelve a poner sobre la mesa más incógnitas que certezas. El escenario que se dibuja ahora se parece mucho al de 2011, con los militares tutelando el camino hacia unas elecciones, está por ver que si el resultado será diferente.

¿Qué ha fallado?

Mohamed Mursi llevaba apenas un año en el cargo. ¿Qué ha pasado en este tiempo para que el proceso democrático que más expectativas había levantado vuelva a estar en entredicho?

En los últimos meses, la actitud del presidente era cada vez más autoritaria. En noviembre del año pasado se adjudicó poderes casi absolutos en una decisión que no hizo más que aumentar la brecha entre islamistas y oposición lacia. Poco después aprobó la nueva Constitución con escaso apoyo popular. Ignacio Álvarez Ossorio, profesor de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Alicante, concluye: "En los últimos meses ha extendido sus tentáculos a buena parte de las instituciones del Estado, intentando controlar el Poder Legislativo, el Ejecutivo, y poco a poco el aparato judicial".

En esa misma línea, Haizam Amirah Fernández, investigador del mundo árabe del Real Instituto Elcano, añade otro punto clave: "En realidad detrás de Mursi había alguien más, el Guía Supremo de los Hermanos Musulmanes, que es el responsable final de cualquier decisión no sólo dentro de la organización, sino también a nivel político. Esto se ha visto de forma clara durante el año transcurrido. Los egipcios los saben bien y por eso han pedido la caída del régimen del Guía Supremo, algunos ni siquiera pedía la salida de Mursi".

A esta deriva excluyente de Mursi hay que añadir sin duda una situación económica realmente mala para entender el origen de esta segunda revolución en Egipto.

¿Qué papel juega el ejército?

Estamos ante un golpe de Estado en toda regla. El Ejército, siempre presente en la política egipcia, ha suspendido la Constitución, y ha retirado al presidente elegido democráticamente en las urnas. De esta forma, demuestra que sigue siendo una institución fuerte, que mantiene su prestigio, y que no es fiel ni a gobiernos, ni a líderes; sólo es fiel a sí mismo.

De momento los militares prometen un gobierno provisional, el encargo a un grupo de expertos de la redacción de una nueva Constitución y la convocatoria de nuevas elecciones. Amirah Fernández concluye: "No hay que olvidar el apoyo popular. El ejército ha actuado porque había millones de egipcios en las calles".

Desde ese punto de vista estaríamos ante un nuevo concepto, algo así como un "Golpe Democrático", que explicaría que hasta ahora las reacciones internacionales se queden en mostrar preocupación o pedir la vuelta de una autoridad civil, pero sin llegar a condenar con claridad lo que es, insisto, un golpe de Estado.

¿Qué puede pasar a partir de ahora?

Hay dos aspectos clave sobre los que poner la atención.

Por un lado, el rol que se reserve a partir de ahora el propio ejército. "El ejército se mantendrá ajeno a la política", dijo el general Al Sisi al confirmar el golpe. Si ya de por sí, esa afirmación resulta poco creíble y bastante cínica en alguien que acaba de anunciar que derroca un gobierno, en el caso egipcio, donde los militares siempre han estado de un modo u otro relacionados con el poder, es algo más que eso.

Y por otro, será determinante que la nueva Constitución que se pacte sea del gusto de todos o por lo menos de la mayoría (en el referéndum para aprobar la que Mursi diseñó a su medida sólo votaron uno de cada tres egipcios) y que la oposición laica sea capaz de organizarse de cara a las elecciones. Parte del éxito de los Hermanos Musulmanes en la convocatoria anterior se debió a que eran el único grupo bien organizado.

Haizam Amirah sugiere tener en cuenta otros procesos de transición antes de sacar conclusiones: "Después de décadas de dictadura y autoritarismo, en cualquier caso, es difícil que la oposición salga fuerte y con un proyecto claro que arrase. Hace falta tiempo, un aprendizaje, cometer errores....".

Con ese enfoque, lo que ha pasado en Egipto desde la caída de Mubarak, puede ser uno de esos errores. A partir de ahora hará falta algo más, añade Amirah Fernández, "hará falta una nueva generación de líderes que tengan más contacto con una sociedad que está cambiando a gran velocidad". Eso incluirá buscar consensos entre todas las fuerzas políticas, incluyendo a los salafistas y a los Hermanos Musulmanes.

Sólo así podrá aprovechar Egipto esta segunda oportunidad que se ha dado al inventarse este extraño golpe de Estado, que algunos aseguran se ha dado en nombre de la democracia y para salvar la revolución de 2011.

Ismael Monzón, corresponsal en Egipto: "El gobierno de unidad se encargará de la redacción de una nueva constitución y posteriormente el presidente interino será quien convoque elecciones parlamentarias y presidenciales"

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