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"¡Hago unos donuts artesanos que flipas!"

Marti Kilpatrick empezó cortando cebollas en Alabama y ha acabado vendiendo galletas en una bicicleta aparcada frente a La Concha de San Sebastián

Marti Kilpatrick, en su 'tienda' ambulante de galletas con helado. /

El curriculum de Marti Buckley Kilpatrick (Bimingham, EE UU, 1984) demuestra que es una tipa inquieta. Empezó Arquitectura y Periodismo para luego pasarse a Filología Inglesa y, tras un breve paso por Pamplona, acabar convirtiéndose en cocinera. Tiene una hija de cinco años que habla euskera, escribe sobre gastronomía española en revistas anglosajonas y durante años, sin moverse de San Sebastián, ha gestionado el marketing de una empresa norteamericana que elabora quesos de cabra. Pero se ha hecho famosa vendiendo cookies y helados en una bicicleta y tiene el cajón de los proyectos lleno a reventar.

¡Las vueltas que da la vida!

¡Pues sí! Yo estaba en una revista y creía que ese iba a ser el trabajo de mi vida pero al cabo de un año me aburrí y, como me encantaba la cocina, fui al mejor restaurante de Birmingham y pedí que me dejaran pasar allí un día. ¡Tuve miedo, lo pasé fatal! El dueño me dio las gracias y me dijo que volviera cuando quisiera. Yo no tenía la intención de hacerlo pero me preguntó si iba a ir al día siguiente, le dije que sí... y dos semanas después ya estaba contratada. ¡Pasé allí dos años!

Fue tu escuela...

Sí porque yo pensaba que sabía cocinar pero realmente no sabía, así que al principio solo hacía cosas sencillas: quitar hojas, cortar cebollas... Con el tiempo acabé ocupándome de asar la carne o de hacer la pasta a mano.

¿Por qué te fuiste?

Porque me surgió la oportunidad de venir a trabajar al País Vasco, que era lo único que podía hacerme dejar ese trabajo. Pero lloré mucho. Desde que dije que me iba hasta que me fui, lloré todos los días.

¿Qué viniste a hacer al País Vasco?

Al principio, clases de inglés, lo cual me permitió acceder a un visado. Pero al poco tiempo se celebró el congreso San Sebastián Gastronomika y descubrí un proyecto muy interesante: el Basque Stage. Publiqué un texto en mi blog sobre ello, los responsables lo leyeron, me escribieron... y acabé trabajando ahí durante dos años y medio.

¿Qué es Basque Stage?

Su objetivo es traer cocineros jóvenes de EE UU al País Vasco. Al principio solo con Martín Berasategui y luego, también con pequeños productores, artesanos... Trajimos a unos 15 cocineros pero ahora, con la crisis, el proyecto está parado.

En San Sebastián eres famosa por las galletas con helado que vendías en una bicicleta...

[Risas]. Bueno, aquí ya había cocinado algo... Talvez está mal que yo lo diga pero ¡hago las mejores galletas de Donosti! Me apetecía montar algo relacionado con la repostería norteamericana pero no sabía si lo que para mí era una gran idea iba a triunfar o a ser un fracaso total, en San Sebastián. Al final, como lo de vender desde una bici o una furgoneta está bastante de moda, decidí que había que intentarlo.

¿Y de dónde sacaste la bicicleta?

Me gusta coleccionar cosas y, casualmente, tenía en casa una Peugeot antigua, de hace 40 o 50 años. Visualicé perfectamente esa bici pintada, con una caja detrás, y a mí misma vendiendo cookies con helado en la Playa de la Concha...

¿Por qué ice-cream sandwich y no otra cosa?

Porque es muy típico de EE UU, porque aquí es muy común comer helado, en verano, y porque ¡está muy rico! Las cookies tienen que estar crujientes por fuera y algo chiclosas por dentro.

¿Fue fácil conseguir los permisos?

¡Ufff, para nada! Yo, con mi ilusión estadounidense, pensaba que sí, pero después de muchas preguntas, muchas citas y de hablar con el Ayuntamiento, me di cuenta de que es imposible poner en marcha un negocio de venta ambulante. Por eso decidí preguntarle a algunos bares si estaban interesados en tenerme en su terrazas y al final conseguí un espacio en el mejor sitio de Donosti. ¡Frente a la Playa de la Concha!

¿Te fue bien?

Tuve que trabajar muchísimo porque me levantaba a las 7 de la mañana, hacía la masa de las galletas, horneaba las que había preparado el día anterior, preparaba las guarniciones y luego lo montaba todo. A las galletas de miel, por ejemplo, les ponía helado de yogur y una guarnición de avena tostada con canela y miel. Y para las de chocolate con helado de pistacho preparaba un merengue.

Mmm...

Vendíamos mucho. Durante la Semana Grande, ¡hasta las 12 de la noche! Algunos días llegamos a vender casi 200... ¡y todas hechas a mano!

¿Se acabó el verano y se acabó la bici?

Sí y no. ¡Era una prueba! Me han llamado de algunos sitios y se me ha ocurrido que, de cara al invierno, podría hacer algo distinto. Donuts y café, por ejemplo. Pero siempre con la bici. ¡Ya forma parte de mí! Me gusta estar ahí, hablar con la gente...

¿Donuts?

¡Unos donuts artesanos que flipas! He perfeccionado la receta y, aunque siempre digo que no, al final, cuando hago, me acabo comiendo cuatro o cinco...

¿Has probado los cronuts?

Yesssss! [Risas]. No los originales del famoso sitio de Nueva York pero, bueno, creo que es un producto muy sobrevalorado. Igual los hago, a ver qué tal.

¿Algún otro proyecto?

Lo de la bici está bien para ocuparme el tiempo pero yo sigo con ganas de montar algo fijo en Donosti. Algo de repostería... u otra cosa que, de momento, es secreta.

No corren buenos tiempos...

A veces pienso que estoy loca porque estamos en crisis pero pienso que hay cosas que faltan y eso me empuja a emprender, a cocinar... ¡Tengo buenas ideas! Me hace falta un socio y gente que trabaje con amor.

¿Por qué San Sebastián?

Porque cuando vine a España ya conocía la cultura vasca y porque, después de haber cocinado y de haber escrito sobre gastronomía, no se me ocurría un lugar mejor. Yo no soy muy de ciudades grandes y aquí estás muy cerca de los mejores cocineros del mundo. ¡Muy cerca! Te los encuentras por la calle o comiendo pintxos...

¿Has visitado a alguno en su casa?

A alguno, sí: Akelarre, Mugaritz, Arzak... El trabajo de Andoni Luis Aduriz me parece muy interesante y ¡muy rico! Pero también hay sitios modernos, baratos y con buen producto por los diferentes barrios de la ciudad. El Bar Antonio, por ejemplo, está muy muy bien.

¿Cómo ve una guiri afincada en Donostia el hecho de que las sociedades gastronómicas restrinjan el acceso de las mujeres, o de que a penas hayan intervenido cocineras, en el San Sebastián Gastronomika?

En EE UU es todo muy correcto así que, si se trata de una tradición y todo el mundo lo entiende así, no me parece mal, lo de las sociedades. Y la cocina profesional sigue siendo un mundo de hombres pero creo que está cambiando. Yo no soy partidaria de forzar la integración. Hay que darle tiempo a las cocineras jóvenes.

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'EL TEST'

¿Cuál es tu plato preferido?

Un plato combinado que hacemos en verano en Alabama y que lleva una especie de guisantes que saben a tierra (black eyed pees), maíz salteado, tomates de verano con vinagreta, beacon y una hortaliza que solo he visto allí. ¡Una bomba!

¿Un sueño?

Traer aquí lo que me encanta de EE UU y viceversa. Escribir un libro en el que hable de los artesanos, los pastores, los productores, la historia del País Vasco...

¿Cuál es tu libro preferido?

Me encanta Hemingway. De joven nunca tenía dinero y siempre tenía hambre, por eso hablaba tanto de vino y de comida.

Completa la frase: la cocina y la política...

La cocina hace más interesante a la política pero la política hace que la cocina sepa peor.

Si la NASA te pidiera un plato para mandar a Marte, ¿qué propondrías?

Hay pocas cosas en el mundo que me parezcan más perfectas que una galleta americana con chips de chocolate y un poco de sal encima.

¿Sal?

¡Ese es el secreto!

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