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Martes, 22 de Octubre de 2019

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Mohamed Morsi contra la nación

Hace algo más de cuatro meses un vendaval humano salió a las calles de todo Egipto para reclamar la marcha de Mohamed Morsi, el presidente elegido en las urnas sólo un año antes. Tres días más tarde, el jefe del Ejército, Abdel Fatah el Sisi, hizo el resto. Ahora su fotografía preside junto a banderas nacionales las calles y edificios de buena parte del país.

Aunque comienzan a abrirse algunas grietas en la coalición moldeada por los generales, el idilio de la población con los uniformados continúa vivo. Receptores de un mensaje cacareado sin fin por los medios de comunicación, una buena parte de la sociedad se erige como impulsora de un cambio y diviniza a los militares como su brazo ejecutor. Ellos ya juzgaron. Y ahora esperan que este lunes los tribunales hagan lo propio con Morsi y otros 14 líderes de los Hermanos Musulmanes, acusados de incitar a la violencia durante los enfrentamientos del pasado diciembre -cuando el líder islamista aún regentaba el palacio presidencial- en los que murieron cerca de una decena de personas.

Todavía tendrán que responder a otros cargos, relacionados con el espionaje o la colaboración con Hamás. Ninguno de los altos mandos de los Hermanos Musulmanes se librará, después de que las autoridades pusieran a todos entre rejas. El presidente interino, Adly Mansur, asegura que el país camina hacia delante y que sólo unos "cientos de islamistas" se resisten a aceptar la hoja de ruta marcada por los militares.

Pero lo cierto es que las manifestaciones apenas han cesado desde el violento desalojo de las acampadas, que provocaron más de un millar de muertos. Diezmados por la presencia militar en las calles y por el descabezamiento de la organización ahora prohibida de los Hermanos Musulmanes, los seguidores de la cofradía mantienen un mensaje inflexible en las calles.

Las protestas de cada viernes son atendidas por miles de personas y en las últimas semanas las universidades se han convertido en un nuevo foco de resistencia. Organizados desde la clandestinidad, como hacían durante la década de los setenta, los cuadros de la Hermandad utilizan los campus para reavivar sus demandas.

"Salimos casi cada día para defender la legitimidad del presidente Morsi" clamaba hace unos días Abdala el Sayed, estudiante de comunicación del centro islámico de Al Azhar. Esta misma semana, las movilizaciones fueron subiendo de temperatura, hasta el punto de que la policía tuvo que irrumpir lanzando gases lacrimógenos en este mismo centro, donde los alumnos mantuvieron retenido al rector.

Un guía turístico de italiano defendía el pasado viernes que si "Morsi aparece este lunes en televisión, el pueblo egipcio va a salir a la calle en masa y nunca se va a calmar". Porque esta es otra de las grandes incógnitas, saber si las autoridades querrán mostrar por primera vez desde que fue apartado del poder al líder islamista.

Las organizaciones de derechos humanos han mostrado su preocupación por el desarrollo del juicio. "No tenemos garantías de que el proceso vaya a ser justo porque ni siquiera hemos visto a Morsi hasta ahora, se encuentra incomunicado desde hace meses", declara el activista de la Red Árabe para la Información de los Derechos Humanos, Karim Abdelrady.

Incluso la Casa Blanca había mostrado cierto aire crítico en las últimas semanas, reclamando la liberación de todos los presos sobre los que no pesa ningún cargo, al tiempo que anunció la congelación de buena parte de la ayuda financiera que destina cada año al país árabe. Aunque en la visita de este domingo del secretario de Estado norteamericano, John Kerry, todo fueron buenas palabras para el aliado egipcio. "Estados Unidos está decidido a cooperar en su transición hacia la democracia", señaló en rueda de prensa el jefe de la diplomacia estadounidense.

Los Hermanos Musulmanes han considerado el proceso como una "farsa" y declaran al tribunal ilegítimo. Ningún abogado defenderá a Morsi, que se representará a sí mismo para evitar legitimar una institución que no reconoce. "No vamos a negociar con ninguna autoridad resultante de un golpe de Estado militar e ilegítimo", sostenía hace semanas el dirigente del brazo político de la cofradía, Amr Darrag, uno de los pocos que se mantienen en libertad.

Poco o nada ha cambiado la retórica oficial del movimiento islamista. Este lunes ha vuelto a convocar manifestaciones en las que retan a un "juicio a la voluntad del pueblo". Las autoridades pretenden esquivarlas con una modificación a última hora del lugar donde se producirá la vista, el mismo al que acudió en camilla Hosni Mubarak. Un enorme despliegue policial se mantiene prevenido ante posibles incidentes entre una población que asiste de nuevo a un proceso, carente de una sentencia firme, entre un Egipto y otro.

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