Sábado, 28 de Mayo de 2022

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"Aunque nos apunten con un 'bazooka', saltaremos la valla"

El camino hasta el campamento de los subsaharianos en el bosque está más lleno que nunca de militares, que no cesan de hacer redadas

Uno de los heridos que habitan en el campamento del monte Gurugú. Este Senegalés asegura haber sido víctima de "una paliza de los militares marroquíes"

Uno de los heridos que habitan en el campamento del monte Gurugú. Este Senegalés asegura haber sido víctima de "una paliza de los militares marroquíes" / N. CASTELLANO Melilla

Los más de 200 subsaharianos que esperan en el monte Gurugú para saltar la valla de Melilla aseveran que ni la instalación de cuchillas en la verja ni las continuas redadas del Ejército marroquí van a disuadirles en su intento de alcanzar España por esta vía.

Uno de los heridos que habitan en el campamento del monte Gurugú. Este Senegalés asegura haber sido víctima de "una paliza de los militares marroquíes" / N. CASTELLANO Melilla

Nada impedirá que Cherif Dabó vuelva a probar suerte. Ni los tres años que lleva malviviendo en el monte Gurugú ni los seis meses que pasó en el hospital a causa de la paliza que los marroquíes le propinaron la última vez que saltó la valla, el pasado 18 de septiembre, junto a otros 300 jóvenes. Tampoco lo hará la instalación de concertina, un tipo de alambre con cuchillas que ya está presente en el lado marroquí, según sostiene. "Aunque nos apunten con un 'bazooka', saltaremos. No tenemos opción, no nos quedaremos en Marruecos, iremos a España", afirma.

Ya van por 12 los intentos de este guineano de 32 años por alcanzar tierra española saltando la verja de Melilla. En tres ocasiones lo ha logrado, pero en todas ellas ha sido apresado y devuelto a Marruecos. Cherif es el más veterano en el Gurugú. Tanto es así que todos le conocen por 'León del Bosque'.

Sus pies y sus manos están marcados por las cicatrices del último intento. Le sorprende la pregunta sobre las cuchillas que está colocando España en la valla de la ciudad autónoma pues asegura que siempre las ha habido en el lado marroquí. "Todos los que estamos aquí sabemos lo que hay en la valla. Todos sabemos ya lo de las cuchillas pero no tenemos elección. Preferimos intentar el salto y morir allí que hacerlo en manos de los marroquíes o vivir en África sin esperanza", mantiene para añadir que "no es normal lo que están haciendo los españoles con la valla". "No somos esclavos, queremos buscarnos la vida y un futuro. Yo le preguntaría a los propios españoles: -¿Qué pensáis de esa valla, de esas cuchillas? ¿Pensáis que es normal?-", sentencia.

Cherif o 'León del Bosque', como prefiere que le llamen, llegó a Marruecos después de atravesar el desierto de Níger y Argelia. "No es nada fácil llegar aquí". Hoy es una referencia para los nuevos en llegar al Gurugú. Como Jeremías, un veinteañero gambiano que lleva tres meses de intentonas, harto de las palizas del Ejército marroquí, al que acusa de haber matado a alguno de sus compañeros.

"Sí, sí cuchillas, gente herida, para matar a la gente, lo hacen así a cualquiera que haya sido herido. Yo también tengo un hermano, está en el hospital, pero no sé nada. Esa noche íbamos juntos", comenta Jeremías, que lamenta que "ni siquiera le dan la oportunidad de intentarlo". "Solo herirnos, es lo único. Entrar es tan difícil para nosotros, tan doloroso, porque hay gente europea que tiene simpatía por nosotros, pero algunos africanos no la tienen, somos un problema", dice.

El camino hasta el campamento de los subsaharianos en el bosque está más lleno que nunca de militares, que no cesan de hacer redadas. Una vez dentro, los jóvenes se dividen por nacionalidades; guineanos o senegaleses en la parte más alta; camerunés o congoleños en la parte más cercana a la carretera.

Es la hora de la comida. Cherif, Jeremías y sus compañeros se apañan con lo poco que han podido conseguir hoy: los restos de unas gallinas (las patas), y algunas frutas y verduras casi podridas que han recuperado de un vertedero cercano. Cuando llegue la noche, probarán quizá la nueva concertina, las cuchillas. Sea como sea lo intentarán de nuevo, porque como cree Cherif, "es cuestión de suerte, un día llegará que conseguiré entrar, si Alá quiere".

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