Últimas noticias Hemeroteca

Domingo, 15 de Septiembre de 2019

Otras localidades

Los militares entregan al pueblo egipcio a las urnas

En los barrios más céntricos de la capital todo era una nueva muestra de entrega a la misión democrática emprendida por el general Abdel Fatah Al Sisi

Una mujer emite su voto en un centro de votación durante el referéndum sobre la nueva constitución de Egipto /

Los uniformados no sólo se habían pertrechado para que nada empañara los comicios, sino que convirtieron los colegios electorales en un auténtico desfile militar. En el poblado barrio capitalino de Shubra los helicópteros bajaban casi a ras de suelo para saludar a sus entregados acólitos. Los electores habían acudido a los centros de votación con carteles del héroe nacional, el jefe de las Fuerzas Armadas y ministro de Defensa, Abdel Fatah Al Sisi. En los barrios más céntricos de la capital todo era una nueva muestra de entrega a la misión democrática emprendida por el general.

"Vengo a votar a Abdel Fatah Al Sisi", aseguraba Mohamed Fathi poco después de entregar su voto al 'sí'. "La Constitución es perfecta", precisaba, "pero lo que tenemos claro es que no queremos volver a ver a los Hermanos Musulames y para eso necesitamos a Al Sisi". Tanto los mensajes que han salido estos días de los cuarteles, como el último llamamiento del presidente interino, Adli Mansur, insisten en que estas votaciones sirven para refrendar el desalojo del Gobierno del islamista Mohamed Morsi por parte del Ejército.

También los Hermanos Musulmanes piensan que el nuevo régimen busca legitimarse a través de las urnas, dejando la Constitución en un segundo plano. Por eso habían llamado a boicotear el proceso, dejando que el Gobierno mida sus fuerzas en las urnas consigo mismo. Después de haber sido declarados como organización terrorista, con la mayoría de sus miembros en la cárcel y sus organizaciones satélites neutralizadas, su única fuerza se puede plasmar en las calles.

Más de 250.000 agentes entre militares y policía cercaban el país. Aunque tampoco esta vez pudieron contener que las diferencias volvieran a aflorar. Los enfrentamientos entre detractores y partidarios del depuesto presidente Morsi se cebaron en distintas zonas de tradicional presencia islamista al sur de El Cairo y en algunos suburbios de la capital. Al menos ocho personas murieron en estos incidentes.

Antes incluso de la apertura de los colegios, una explosión frente a un tribunal en otra vecindad popular de El Cairo había levantado las alarmas. El portavoz presidencial, Ahmed El Muslimani, declaró que estos incidentes no afectarían a la participación. Porque tras la ausencia de la Hermandad y de sus aliados, las autoridades son conscientes de que la afluencia de votantes será el factor determinante.

De acuerdo con las imágenes de la televisión pública y de la gran mayoría de los canales privados egipcios -tanto o más militantes como los oficiales- las colas eran kilométricas. Aunque no era esa la dinámica en todos los centros de votación. Los jueces, no autorizados esta vez para hacer declaraciones, señalaban que no habían tenido problemas. Mientras que el coordinador de Democracy International, una de las organizaciones foráneas invitadas por el Gobierno para supervisar el referéndum, afirmaba a las puertas de un centro en el acomodado barrio de Zamalek que no había sido testigo de ninguna irregularidad.

Las cifras que manejan unos y otros son las del referéndum constitucional de hace poco más de un año, cuando los Hermanos Musulmanes y sus aliados en el Parlamento sacaron adelante un proyecto de Carta Magna que no contó con el consenso del resto de grupos. Entonces la Ley Fundamental salió aprobada por dos tercios de los sufragios, aunque la participación apenas superó el 33%.

En los asuntos fundamentales aquel texto y el que se somete a referéndum este martes y miércoles no presentan enormes diferencias. Las nuevas enmiendas consolidan la autonomía del Ejército -que controla su presupuesto al margen del Parlamento, tiene potestad para designar al ministro de Defensa durante las dos próximas legislaturas y seguirá pudiendo enviar a civiles a cortes marciales por determinados delitos-, al tiempo que prohíbe por ley los partidos con base religiosa.

Los entusiastas de la nueva Carta Magna sostienen que amplía los derechos y libertades como ninguna otra Ley Fundamental en el mundo árabe. Aunque varios miembros del comité que redactó el texto reconocen que uno de los principales objetivos es apartar al islam político de la vida pública egipcia. El Gobierno además se ha encargado de recortar libertades o aprobar leyes privativas en paralelo como la reciente norma que restringe el derecho a manifestarse, bajo el argumento de combatir la inestabilidad y el terrorismo.

Como ocurrió hace un año, pocos reconocen conocer el texto en profundidad. Pero Egipto vuelve a someter dos ideas contrapuestas al escrutinio de las urnas. La diferencia es que en la sexta cita electoral desde que hace tres años cayera Hosni Mubarak, por primera vez unos votan y otros se quedan al margen del nuevo rumbo político. Con el dedo todavía rojo por la tinta indeleble con la que los electores debían sellar que habían ejercido su derecho, Mona Said afirmaba firmemente: "primero la Constitución y después pediremos la presidencia para Al Sisi".

Haizam Amirah Fernández: "Egipto se dirige a uno de los peores escenarios: una sociedad dividida y enfrentada"

Especial Hora 25 día de Navidad: Conflictos armados

Cargando
Cadena SER

¿Quieres recibir notificaciones con las noticias más importantes?