Viernes, 01 de Julio de 2022

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"Túnez ha vivido una segunda revolución"

El ex primer ministro islamista Hamadi Jebali explica cómo el consenso de todas las fuerzas políticas tunecinas ha logrado la constitución más progresista del mundo árabe

Hamadi Jebali fue nombrado primer ministro de Túnez tras la caída del dictador Ben Ali, en diciembre del 2011. Su partido, Ennahda (el renacimiento) había ganado las elecciones a la Asamblea Constituyente. Durante su mandato la violencia política contra sectores progresistas amenazó con dar al traste con la democratización del país. Jebali tuvo que dimitir en febrero del 2013 tras el asesinato del político izquierdista y laico Chukri Belaid, ya que muchos culparon al gobierno islamista de no haberlo evitado. Finalmente, la tensión política y un nuevo asesinato, el del también progresista Mohamed Brahimi, fuerzan a los islamistas a dejar el poder. El riesgo de inestabilidad hace que todos los partidos logren consensuar la nueva constitución, y se crea un gobierno tecnócrata que llevará al país a las elecciones, a finales de este año.

PREGUNTA: La constitución aprobada en Túnez, ¿es la constitución que deseaba Ennahda?

RESPUESTA: Ésta es la constitución de todos los tunecinos y tunecinas. Créame, es la obra en la que todos los tunecinos están de acuerdo. Ha recibido 200 de 216 votos, 96% de los diputados. Ennahda no sólo la ha aceptado, sino que ha trabajado para que se hiciera esta constitución. Una constitución liberal, progresista, que garantiza verdaderamente todas las libertades, individuales y colectivas. Consolida los logros de la mujer, de los jóvenes, la separación de poderes, la libertad de culto, la libertad de conciencia. Todo eso ha hecho de esta constitución una constitución de vanguardia en el mundo árabe y en el mundo en general.

P: El momento de la aprobación en la Asamblea fue muy emocionante, con políticos de signos opuestos abrazándose y cantando juntos.

R: Fue fantástico, fue como una segunda revolución. Hubo la revolución de la calle para echar a la dictadura, y ahora ha habido una revolución de lo que llamamos los valores democráticos. De toda la opinión pública. Esta constitución es una garantía, es un camino irreversible. Es imposible volver a la dictadura, de cualquier tipo. Porque el pueblo, con esta constitución, a a defenderse. Tenemos instancias constitucionales, el tribunal constitucional, la libertad de prensa, separación de poderes, regulaciones. Así que está el poder, el estado, la sociedad, la opinión pública, la prensa, los jueces... formando parte de un todo, y estoy muy orgulloso y contento de que hayamos llegado a ello, incluso con un pequeño retraso. No es nada, un plazo de dos años para construir la democracia no es un plazo largo.

P: Tras el fracaso de Ennahda en Túnez y de los Hermanos Musulmanes en Egipto, ¿qué papel tiene el islam político?

R: No estoy de acuerdo con que Ennahda fracasara. Dejó el poder por su propia voluntad. En un principio rechazaron mi propuesta (de hacer un gobierno tecnócrata), pero luego se dieron cuenta de que el gobierno tenía que ser neutral. Es verdad que hubo presión, pero al 90% o más, Ennahda dejó el poder por su propia voluntad. Habría podido seguir, pero se dip cuenta del peligro, no para ella sino para la sociedad, para el proceso democrático. Así que renunció, no al cien por cien por propia voluntad, pero lo hizo, porque era consciente de que había peligro para todo el país.

En cuanto al islam político, para empezar, estamos de acuerdo incluso en Ennahda en que el islam es un denominador común, una identidad. No me gusta el nombre de islam político. Hay que dejar que la identidad sea algo común a todos. Si no, vamos a dividir a nuestro pueblo, a nuestra sociedad. Lo hemos visto en Irak, en Siria y ahora en Egipto. Hay que competir con base en un programa social y económico, no en la religión y la identidad. Ennahda seguirá siendo un partido, pero va las elecciones a través de su programa, no por la religión. No vamos a decirle a la gente "vótenos porque somos musulmanes, somos creyentes y los otros no". No, eso incluso está prohibido. Que la gente vote por Ennahda porque propone soluciones: económicas, políticas, culturales, sociales... Así que la expresión "islam político" me parece obsoleta. Ennahda y los otros partidos van a competir sobre un programa, no sobre la ficción. Eso es importante en todo el mundo árabe.

P: Túnez ha resuelto su marco institucional, pero la carestía y el paro juvenil son gravísimos problemas que amenazan la estabilidad del país. ¿Qué se puede hacer?

R: Hay grandes demandas sociales y económicas, sobre todo de los jóvenes. Protestas por el trabajo, el empleo, el desarrollo regional... Pero eso no se puede hacer sin consolidar los logros políticos. Es decir, había que construir las instituciones democráticas primero. Ahora nos dedicaremos al desarrollo. No se puede tener desarrollo con la dictadura. Sin oposición, con corrupción, sin medios independientes, sin jueces independientes. No se puede desarrollar un país bajo la dictadura. Lo hemos intentado en el mundo árabe, y ya ve, con las riquezas naturales que tienen, todos los países árabes son ahora mismo subdesarrollados. Porque no tienen una buena gobernanza. La gobernanza, la democracia, son el primer paso.

P: Pero Túnez no tiene riquezas, ¿cómo lograr el desarrollo?

R: No tenemos riqueza, pero tenemos otra riqueza, que es la de los recursos humanos. ¿Qué riquezas tienen Suiza, Alemania, Holanda o Japón? La buena gobernanza de los recursos humanos, la buena explotación de esos recursos a través de la educación y la formación, de la iniciativa, de los jóvenes emprendedores... Esa es nuestra riqueza, y haremos muchas cosas. Con la energía solar se puede producir electricidad, no sólo con combustible. Así tendremos agua en el desierto. La riqueza se creará con recursos humanos. Por suerte no hemos encontrado petróleo, si no seríamos un pueblo peligroso.

P: El terrorismo ha hecho aparición en Túnez por primera vez tras la revolución. ¿Es realmente un problema grave para el país?

R: Francamente no, y le digo por qué. El terrorismo ha surgido hace unos dos años. Si se fija en la opinión pública, todo el mundo lo condena, sobre todo la gente de la calle, los ciudadanos. Los ciudadanos están en el origen de la oposición a los grupos armados. Así que no hay "público" entre el pueblo tunecino, que en su aplastante mayoría es un pueblo del "justo medio". Es un pueblo abierto, que no acepta los extremos, de derecha o de izquierda. Es la historia de Tunez. Es la historia desde hace 3000 años: bereberes, cartagineses, romanos, fenicios, judíos, musulmanes... No veo un futuro de extremismo y de terrorismo. No creo que tenga éxito sobre todo si hay dos cosas: libertad y desarrollo.

P: ¿Cómo combatirlo, en cualquier caso?

R: El terrorismo es un fenómeno internacional, transfronterizo. El terrorismo, sobre todo en Túnez, se beneficia sobre todo de las libertades, de circulación, etc. También de condiciones sociales deterioradas. Su caldo de cultivo es la pobreza, la desigualdad. Hay que combatir al terrorismo de forma global, no sólo desde la seguridad. Sí, es necesaria la seguridad, y la ley también. Pero, y sobre todo, hay que quitarle su sustrato, que es la pobreza y la desigualdad. Así que este fenómeno social, porque lo es, hay que resolverlo con una aproximación global. Sí, hay que ser firme contra las armas y su uso, pero también hay que resolver el problema, porque se trata de jóvenes que en su mayor parte son pobres, desgraciados, que quieren vengarse. Así que hay que afrontarlo de forma global.

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