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Martes, 15 de Octubre de 2019

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El punto 'spanish' de nuestras series, ¿cutre o representativo?

Periodistas expertos en televisión y guionistas opinan sobre la ficción televisiva española y sus elementos más característicos

Reparto de 'Médico de familia' en una de las habituales escenas en la cocina

Se han sucedido los estrenos de series españolas en los últimos meses. Algunas con éxito de audiencia y crítica; otras se han topado de bruces contra la pared del fracaso, más esperado en unos casos y más desilusionante en otros. Sin embargo, todas ellas poseen unos elementos muy característicos que las identifican inequívocamente como ficción hecha en España, todas tienen ese punto spanish. Un concepto que contiene lo más representativo y diferenciador de nuestra ficción -también se extiende al cine- para bien y para mal. ¿Cuál es ese punto spanish? ¿Debe desaparecer o debemos estar orgullosos de él?

Hay quien no soporta encender el televisor y encontrarse de nuevo con un bar tabernero, con los adolescentes que se aman y con una familia desayunando zumo de naranja todos juntos en la cocina. Hay quien dice que todas nuestras series, unas más y otras menos, poseen ese tono distintivo, ese punto que inequívocamente nos señalan su procedencia y que es sinónimo de vulgaridad y mediocridad.

Sin embargo, ¿no sería más estúpida una ficción en la que los adolescentes jugaran al beisbol y los padres se untasen mantequilla de cacahuete en el pan? ¿Dónde encontramos ese punto spanish de nuestra ficción: en el contenido o en la manera de hacer las cosas?

Para Pepa Blanes, compañera de 'La Script' y periodista especializada en cine, "el cine y las series de televisión retratan el día a día de un país, sus miedos, sus enemigos, sus desafíos y sus fortalezas". Y partiendo de esta premisa, "es necesario tener claro que la ficción de un país habla de ese país. A veces se nos olvida cuando juzgamos el cine y las series españolas", afirma para este reportaje Pepa. Recuerda, además, que la cineasta Isabel Coixet se justificaba por haber rodado en inglés 'Mi vida sin mí', ya que para ella "no era de recibo hacerlo en castellano porque nadie en España vivía por decisión propia en una caravana".

Efectivamente. Una de las razones por las que 'Breaking bad' no podría haber surgido nunca en España es porque en nuestro país no es usual tener una autocaravana en el garaje con la que largarse al desierto a fabricar metanfetamina.

Eso es lo positivo que ve Laia Portaceli ('Tentaciones' en CANAL+ y colaboradora de 'La Script) a este punto spanish de la ficción televisiva de nuestro país: "Nuestra ficción tiene un punto fuerte en la tragicomedia, en ese retrato de perdedores que vemos en tantas series, de los que nos acabamos riendo a pesar de sus desgracias y con los que en ocasiones nos podemos llegar a identificar. Se agradece el trasfondo social y el humor negro que casi siempre le acompaña. Ese retrato social también es destacable en algunos dramas que han sabido mostrar de manera brillante nuestra realidad y nuestra historia como 'Cuéntame' o 'Crematorio'."

Daniel Jabonero, experto en televisión de Vanitatis, echa mano de la frase de Daniel Écija, mandamás de Globomedia, en la presentación de la serie 'B&B' y que va en la línea de defender que las series españolas posean elementos distintos a los que encontramos en las norteamericanas: "Parece que queremos que nuestros taxis sean amarillos", dijo Écija. Sobre esto Jabonero opina: "Los taxis amarillos existen, lo queramos o no. Y cada vez más gente los ha visto. Tenemos acceso a una cantidad ilimitada de material audiovisual. Podemos comparar y, por lo tanto, elegir".

Para él, se ha abusado de los elementos propios de nuestra cultura en muchas de nuestras series. De manera que ya no sirven para reflejar una sociedad y unas costumbres, sino como plató único para el desarrollo de mil y una series: "La ficción española ha quedado dividida en dos vertientes: los que pretende seguir enseñando esa España profunda, de cañas, tapas y jamón, y los que han mirado más allá", comenta Daniel.

Un poco en esa línea anda Borja Terán, experto y amante de la televisión al que podemos leer en lainformación.com. Borja cree que "hay vida más allá de la taberna, del barrio prototípico de edificios de ladrillo caravista (que puede ser de cualquier ciudad cañí) o de la emocionante ensoñación de pasados de cuento en la series de época". Admite la existencia de series españolas que repiten modelos y de otras que apuntan maneras y suponen un paso adelante sin necesidad de renunciar a su origen.

Borja señala dos importantes productoras españolas que bien ejemplifican estos dos modos distintos de entender la creación y la producción de ficción para televisión en España: "Globomedia hizo un encomiable trabajo para industrializar nuestro proceso de crear ficciones en tiempos más competitivos. Eran los noventa. Ahora es Bambú la compañía que está dando un paso más allá en la búsqueda de avanzar hacia un envoltorio visual a nivel cinematográfico", afirma Borja.

Miedo al riesgo creativo, un punto muy spanish

Una característica inherente a la crisis ha sido el miedo al riesgo. Las cadenas no han hecho bueno el dicho de que las épocas de crisis son buenas para reinventarse, para explorar nuevos caminos; al contrario: han seguido apostando por lo conocido, por lo seguro... y, lamentablemente, por lo de siempre.

Entre las productoras, las hay que no han tenido más remedio que dar a sus clientes (las cadenas) lo que pedían y también están las que gustosamente han seguido repitiendo modelos y patrones en sus nuevos productos que ya fueron un éxito antaño.

Borja Terán, con una mirada muy optimista de la actual época de la ficción en España y de su futuro inmediato, opina que "tras años en los que la crisis había frenado proyectos, las cadenas están potenciando paulatinamente su factoría de series. Lo hacen conmuchos miedos, lo que se traduce en una falta evidente de riesgo: se intentan reproducir roles de éxitos de los noventa. No sólo en tramas, también creando una sensación de que siempre en las series españolas trabajan los mismos actores:Los Resines del éxito".

Productoras y cadenas recurren una y otra vez de los mismos actores para incluirlos en sus nuevos proyectos. Parece imposible ver a Belén Rueda en una serie que no sea de Globomedia, a Paula Echevarría en una que no sea de Bambú o a Mario Casas y Maxi Iglesias en una serie que no se emita en Antena 3... A Resines o a Coronado la marca Telecinco les acompaña donde quiera que vayan.

"El problema es que ya lo hemos visto. Y lo vimos hace muchos años. 'Médico de familia' sólo hay uno y nos bastaba con uno", dice Daniel Jabonero sobre la repetición de patrones como elemento de seguridad.

Laia Portaceli considera uno de los aspectos negativos de este punto spanish viene provocado por este miedo a apostar por algo que no sea un producto que ya haya funcionado antes y, por supuesto, que se dirija a todos los públicos. "Esa voluntad perversa de querer llegar a todos los públicos y rellenar 70 minutos de programación de una tacada" es la razón por la que encontramos en nuestras series ese "tufillo familiar". Laia cree que "de ese mal derivan otras debilidades como los personajes esquemáticos, las historias facilonas y los tópicos que se alejan de todo riesgo. Y lo peor son los gritos, que se han instalado como principal forma de comunicación en algunas comedias".

Apunta Borja Terán en este reportaje una apreciación muy oportuna sobre 3 recientes estrenos: 'B&b', 'Velvet' y 'El Príncipe'. Estas tres series "denotan este temor al riesgo de las cadenas", dice Borja, "a pesar de ser tres ficciones diferentes, coinciden en elementos dignos del mejor culebrón: amores prohibidos, cuerpos sugerentes, mucha luz que ilumina todo el decorado... Los responsables televisivos no se atreven con proyectos menos previsibles: quieren fórmulas contrastadas".

Pepa Blanes conviene en esto: "El miedo al riesgo de las cadenas suele estar detrás de que el formato o duración no baje de los 70 minutos y de que no se juegue con los géneros: o hay series policiales o hay series estilo culebrón -ambientados en la época histórica que sea-. Y eso mismo se puede aplicar al cine".

Y los creadores, ¿qué opinan?

Si por algo se ha venido caracterizando la ficción televisiva española en las últimas dos décadas es por la casi total invisibilidad de guionistas y creadores. Las series parecían hijas de productoras y cadenas, como si fuera una entidad o corporación la que se sienta delante de un ordenador a crear situaciones, historias y personajes. Por fortuna, eso va cambiando poco a poco.

Manuel Ríos San Martín posee una amplia experiencia en el mundo de la ficción española para televisión. Ha trabajado como director o como guionista en multitud de proyectos ('Compañeros', 'Médico de familia', 'Menudo es mi padre', 'Rescatando a Sara'...) en los que en muchos ha desarrollado el rol de productor ejecutivo. "Creo que es difícil definir un género como 'serie española'. Cada vez hay más variedad; puede haber series más clásicas en nuestra ficción como las de Globomedia, pero a la vez hay otras completamente diferentes, como 'El Tiempo entre costuras', 'Isabel'. 'El Príncipe' o 'Velvet'. Sin embargo, todas tienen en cuenta la realidad española, cosa que no siempre sucede en el cine", apunta este profesional del medio que también se ha movido por la gran pantalla.

Para Manuel Ríos, los creadores de series de nuestro país "mezclan un interés real por el público con una necesidad de que el producto les guste a ellos mismos. Se nota ese entusiasmo en muchas de las series. El deseo de superarse y de producir cada vez mejor".

Eso como punto positivo de ese made in Spain, pero Manuel encuentra también aspectos en los que nuestra ficción televisiva ha de mejorar: "Un género, que fue puntero en los 90, la dramedia, no ha sabido adaptarse del todo al paso del tiempo y ha llegado a resultar repetitivo. Sería bueno encontrar una renovación de este género familiar de tanto éxito en el pasado".

En su autocrítica -loable, pues no es muy habitual en el sector- Manuel cree que los creadores de series españolas "a veces jugamos demasiado con los estereotipos y a algunos personajes les falta verdad. La sociedad ha evolucionado en muchos aspectos y la presencia de las nuevas tecnologías, por ejemplo, está ausente (salvo algunos ejemplos, como 'El Príncipe'). Como guionista, también tengo que ser autocrítico con nosotros mismos; nos preocupamos mucho por la peripecia y poco por contar algo más de fondo".

Jaime Vaca ha tenido que parir guiones de 'Los Serrano', 'Física o Química', 'Cuéntame un cuento' o 'Velvet'. Este guionista extremeño explica que no es malo que las series españolas apuesten por prototipos o de referentes made in Spain ya que "Ayudan a que el público se sienta cómodo, sobre todo, la primera vez que se pone frente a una serie nueva .Es como cuando llegas a una fiesta de gente que no conoces y te aferras al vecino del tercero, con el que nunca hablas, pero resulta que anda por ahí y es la única cara que conoces", dice Jaime con un característico acento pacense.

Para él, lo negativo aparece en el abuso de esos prototipos. "es un problema cuando abusamos de esos referentes y supeditamos todo el contenido de una serie para que encaje en ellos. El mismo bar de Pepe puede ser parte de una investigación o, por el contrario, donde nuestros policías pasan todos los capítulos a base de carajillos y chascarrillos. En el primer ejemplo estamos ante una historia policial de corte español y en el segundo estamos ante un retrato costumbrista de unos españoles que podían ser policías como podían ser torneros fresadores", explica Jaime de una manera muy ilustrativa.

Jaime pone sobre la mesa un punto interesante y que los guionistas y creadores conocen bien: que se pueda explicar cuál es la idea de la serie en una sola frase, ya que, para Jaime, "eso demostrará que la serie siempre nació para contar esa historia y llegar a ese público". Pone algún ejemplo: "Una detective es capaz de atrapar a los criminales más peligrosos pero no de lidiar con los miembros de su familia" ('Los misterios de Laura'); "Un viudo madrileño, con tres hijos berracos, y una divorciada barcelonesa, con dos hijas pijas y estupendas, están obligados a convivir bajo el mismo techo" (Los Serrano).

Las cadenas deben mojarse

Que haya que vender una serie a partir de una frase es algo a lo que los creadores de nuestro país se enfrentan cada vez que visitan el despacho de algún ejecutivo de una cadena. Creadores y productoras saben muy bien lo que quieren las cadenas y saben muy bien que no admitirían ningún proyecto que eliminase los rasgos más negativos de ese punto spanish.

Prácticamente sería imposible que una cadena diera luz verde a una ficción española para prime time de capítulos de 50 minutos, de temática innovadora, donde las relaciones amorosas no fueran el motor de las tramas o en la que no hubiera personajes adolescentes o abuelos.

Borja Terán piensa que "el futuro de la ficción pasa por historias más conscientes de su tiempo actual, que atrevan a sorprender con las historias y no en la obsesión de reproducir con algún aderezo éxitos ya hechos". Esta opinión la suscriben todos los entrevistados en este reportaje, pero deben ser las cadenas de televisión las que la hagan suya. Porque las cadenas son las que encargan las series, las que las emiten y las que las explotan económicamente.

El punto spanish en nuestra ficción no sólo puede ser positivo -como se ha comentado en diversos aspectos-, sino que es necesario. Primero porque el público querrá reconocerse en la ficción de su país. Segundo porque mal querríamos y mal cuidaríamos de nuestra cultura si no fuéramos capaces de fabricar buenas series partiendo de ella. Pero echar mano de nuestra esencia para crear una ficción no quiere decir que siempre creemos ficciones iguales. De este modo no se avanza, la copia solo degenera. Y en la ficción española hay talento de sobra como para no tener que copiar o repetir.

El punto 'spanish' de nuestro cine

En las últimas semanas hemos vivido la habitual reivindicación del cine patrio a base de unos estandartes de calidad que no hacen más que evidenciar que los mimbres de sus argumentos son demasiado peligrosos como para cobijarse en un sombrajo al que se le caen los palos. El que suscribe no pretende enterrar al cine español pero es igual de peligrosa la crítica gratuita y prejuiciosa que abanderar un sello patrio reivindicativo que peca más de provincianismo desnortado que de honestidad. No hay más que echar un vistazo a las últimas declaraciones de algunos galardonados en los Goya. En aras de ensalzar nuestra producción audiovisual, se ha terminado por aceptar ciertas terminologías que acuñan una identidad que no es. La periodista Elsa Fernández Santos escribía en El País sobre la mal llamada 'Nueva comedia española' en la que se ponía bajo el mismo término a directores tan heterogéneos como Daniel Sánchez Arévalo o Juan Cavestany, autores que apuestan por formatos y lenguajes que se encuentran en las antípodas. Lo más preocupante es precisamente la falta de un nexo con el que podamos hablar de una generación reconocible. Resulta chocante hablar de "nueva" cuando a día de hoy el landismo o Berlanga reverberan en cada una de sus referencias. Sirva este ejemplo de nuestro cine más reciente como una ilustración de un mosaico que se extiende a prácticamente toda una producción audiovisual carente de personalidad y capaz de seguir enunciando a los decanos de nuestra historia cinematográfica y mirándose en un espejo que refleja directamente la iniciativa estadounidense. Es preocupante que cada logro se valore y se etiquete con fervor para que sea celebrado.

Parece superada, que no olvidada, la despectiva definición a la que se acude sin preocupación del lugar común: la españolada, entendida ésta como retrato de una anticuada identidad nacional. Llegados a este punto no hay que desmerecer, ni mucho menos, lo que años atrás se consiguió, pero la tipificación acabó por borrar alternativas y caer en una reiteración que el español difícilmente será capaz de aguantar más tiempo. Así, el espectador medio define, con cierto (¿?) aire despectivo, nuestras series y nuestras películas como algo cutre y desfasado (en el sentido más hiriente de la palabra) todo intento que se aleje de la técnica y cosecha americana. En su derecho está, pero cabría preguntarnos qué horizonte se pretende alcanzar. Injusto parece medir con el mismo rasero productos de impecable factura en los que el presupuesto no es un problema con otros en los que va por delante nuestro desnutrido star system, una productora o unas faldas. Seamos serios. Los modelos con los que trabajamos procuran ajustarse a cánones establecidos que han funcionado con anterioridad en nuestro país o que lo hacen fuera de nuestras fronteras, es decir, en España (salvando honrosas excepciones) nos hemos preocupado por lo que han hecho otros para reformular la teoría y para que la práctica se ejecute con descarado efectismo. Llámalo españolada actual, llámalo 'nueva comedia española'.

Con todo esto, podemos señalar determinados rasgos que definen nuestros trabajos de ficción televisivos y cinematográficos que alienan nuestras pantallas. Sin lugar a dudas, el más habitual es el costumbrismo. Aquel con el que se pretende empatizar con un público descaradamente heterogéneo, ya sean hijos de la transición, 'ninis' o adolescentes hormonados. Un ritual que se repite con cansina reiteración en producciones que recrean fases de una historia o a modo sitcom en una comunidad en la que los personajes pliegan y engullen a sus actores. En el caso de la comedia, el chiste blanco no tiene cabida y se abrazan rasgos habituales como la exaltación sexual, lo escatológico, desprecio y ridiculización del personaje de turno, la oda a la estupidez e incluso el slapstick más irreverente. Una falta de personalidad que más de uno podría decir en este punto que no es novedosa. No confundir falta de personalidad con admiración o influencia. Lo que años atrás podría servir como estilo a seguir (Trueba y Colomo con Woody Allen o Almodóvar y la screwball), hoy en día no es más que un acercamiento más visible y menos sutil (los Farrelly, Apatow, McFarlane, Payne...). Por tanto, ese costumbrismo heterogéneo desdibuja personajes que difícilmente conectan si no es base de la caricatura y el prototipo.

¿Qué quiere decir eso de "no parece española"? Difícilmente va a dejar de tener connotación negativa si el espectador no amplía su espectro y si nuestras pocas (y nada despreciables) incursiones en Hollywood son planteadas como fieles representaciones de su propio tejido industrial. Cuando escuchamos esta expresión, normalmente se asocia a la calidad de la fotografía, efectos especiales y digitales y composiciones ya trabajadas, y aceptadas (e impuestas, en cierto modo) por la factura estadounidense. Tampoco es para avergonzarse el aperturismo industrial sin una gran amplitud de miras, ni mucho menos. Pero no es casual que todas ellas respondan al denominador común de la ficción. Tomemos nombres de directores como Alejandro Amenábar, Rodrigo Cortés o Juan Antonio Bayona. ¿Imitación u originalidad? Competitividad y supervivencia. Quizás al final lo mejor sea reírse de nosotros mismos, aunque alguno ya lo ha estado haciendo sin ser consciente de ello.

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