Sábado, 28 de Mayo de 2022

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Una sorpresa para la señora de la ventana

Tinney Davidson, una señora de 84 años que vive en Canadá, saluda todas las mañanas a los estudiantes de un instituto que pasan por delante de su casa. El día de San Valentín los chicos le dieron una sorpresa

Tinney Davidson, una señora de 84 años que vive en Canadá, saluda todas las mañanas a los estudiantes de un instituto que pasan por delante de su casa. El día de San Valentín los chicos le dieron una sorpresa

Tinney Davidson, una señora de 84 años que vive en Canadá, saluda todas las mañanas a los estudiantes de un instituto que pasan por delante de su casa. El día de San Valentín los chicos le dieron una sorpresa / CHEK NEWS

"La suerte es el cuidado de los detalles", decía Winston Churchill. Esos detalles que te hacen sentir afortunado y provocan que afrontes el día de otra forma. Una mariposa que se posa cerca, una comida rica al llegar a casa o la sonrisa cómplice de un desconocido en el metro. En esta historia la que sonríe es una mujer que desde hace siete años cada mañana se sienta puntualmente al lado de la ventana de su casa para saludar a todos los alumnos que pasan por allí, camino a un instituto cercano. Ellos, le devuelven el saludo, y lo más importante, la sonrisa. Estaban tan agradecidos que el pasado 14 de febrero decidieron darle una sorpresa.

En 2007, Tinney Davidson y su marido se mudaron a una pequeña localidad llamada Comox, en British Columbia, al oeste de Canadá. Pronto se dieron cuenta de que cada mañana pasaban por delante de su casa muchos chicos porque hay un instituto cerca. Un día, comenzaron a saludarles a través de la ventana.

Han pasado casi siete años desde entonces y el marido de Tinney ya ha fallecido, pero ella sigue con la tradición: "Me encanta hacerlo y parece que a ellos también les gusta, así que, pues ya ves, ha sido divertido durante unos años", explicaba a la cadena local Chek News.

La mañana es dura para casi todo el mundo y los saludos de esta mujer sacan una sonrisa, entre legaña y legaña, a todo el que pasa por allí delante. Tanto es así, que hasta hay alumnos que dan más vuelta sólo para saludarla. Ginger Long es uno de ellos: "Un día hice madalenas para mi clase de ciencia y pensé en ella. Le llevamos una y seguimos visitándola de vez en cuando", contaba al diario local Comox Valley Record.

Además de saludar a los chicos cada mañana, Tinney teje gorros y los vende para recaudar dinero en la lucha contra el cáncer. Ya ha donado más de 600 dólares a un hospital de la zona. Todo empezó cuando a su nieta le diagnosticaron la enfermedad: "Tiene el pelo largo y pensé que lo perdería, por eso hice algunos gorros para que ella cambiase según su estado de ánimo", explicó al diario local.

Un día, uno de los chicos del instituto le contó a una profesora que en el barrio había una señora mayor "muy guay" que hacía gorros para ayudar al hospital y que les saludaba todas las mañanas. La profesora no lo dudó: había que invitarla a la próxima asamblea del instituto. Eso sí, lo harían de tal forma que fuera una sorpresa para ella.

Y así fue. El pasado 14 de febrero, le invitaron a una asamblea del centro. Lo que no imaginaba ella es que esa asamblea se convertiría en todo un homenaje. Los estudiantes le habían preparado un vídeo y muchas tarjetas de San Valentín para darle las gracias por su sonrisa permanente. "Estoy abrumada, feliz y agradecida. Me hace feliz que los chicos sigan saludándome", contaba emocionada al diario. Un saludo, una sonrisa, una tarjeta. Al final son los pequeños detalles los que hacen grande la vida.

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