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Tito Valverde: "Ahora somos competitivos porque el trabajador cobra una mierda"

Entrevista con el actor Tito Valverde que forma parte del reparto de 'Sin identidad', la nueva serie que prepara Antena 3 y Diagonal TV y que se estrenará dentro de unos meses

Tito Valverde protagonizó la película '15 años y un día' junto a Maribel Verdú /

Tito Valverde no sólo se refiere a la industria del cine y de la televisión cuando dice que ahora son más competitivos. Se refiere a la situación de muchos sectores que, como el suyo, ahora presumen de competitividad internacional mientras los sueldos no cesan de bajar. Pese a que en esta entrevista el tema político no hace acto de presencia, Tito Valverde es un ciudadano preocupado por la política y consumidor de prensa. Con una alta estima al pensamiento crítico, a Tito le provoca un hastío profundo aquellos que, como burros con anteojeras, no quieren que nada les aparte la mirada de la realidad que siempre han creído ver, no quieren otras perspectivas, ni otras versiones. Ni, por supuesto, toleran otras opiniones.

A sus 62 años, Tito Valverde aún guarda un niño dentro. Se aprecia cuando irrumpe, vociferando y bromeando, en el jardín de un impresionante chalet de la zona norte -y muy acomodada- de Madrid donde se graban algunas escenas de'Sin identidad', nueva serie de Antena 3 producida por Diagonal TV que llegará a la pequeña pantalla dentro de unos meses. En esta ficción -en la que comparte reparto con Lydia Bosch, Jordi Rebellón, Victoria Abril o Megan Montaner- sobre una niña adoptada que busca a sus verdaderos padres, Tito encarna a un ginecólogo de éxito que vive, precisamente, en tan despampanante hogar.

Ataviado como exige su personaje, con traje de corte exquisito y tirantes de otra época, este abulense de trato afable charla y bromea antes de comenzar la entrevista. De política, del mundo del actor, de la serie... Tito se acerca a su entrevistador, le golpea en la pierna cariñosamente, se abre de par en par.

Dos nombres que salen a relucir durante esta conversación hacen brillar sus ojos y temblar su honda voz: el de Antonio Mercero, que siempre lo llamó Fernando, y el de su madre, aquella madre que se echaba las manos a la cabeza y le llamaba idiota cuando el joven Tito le confesó que quería ser actor. Terminó enormemente orgullosa de este idiota de gran talento y mayor corazón.

Te tomas tu profesión con filosofía, con buen humor...

Suelo ser bastante positivo. Y creo que eso, sin haber estado preconcebido, analizándolo con el paso de los años creo que me ha venido bien. A la gente le gusta la gente positiva ["nunca negatifo", dice imitando a Van Gaal]. Yo soy positivo, me cae bien la gente, me gusta lo que hago y creo que tengo un carácter afable.

¿Se puede ser buen actor sin que te guste la gente? Un actor debe beber de todas las personas con las que convive...

No sé yo qué decirte... Te encuentras que hay gente para todo. Esa es la filosofía que aprendes con el tiempo: que hay gente para todo.

¿Qué es mejor: hacer de un rico ginecólogo que tiene esta impresionante casa en la que nos encontramos (por su papel en 'Sin identidad') o dar vida a un rico dueño de galerías con otra casa también impresionante, pero que acaba suicidándose (por su papel en 'Velvet')?

¡¡Quita, quita!! Mejor aquí, que por lo menos aquí no me suicido [bromea]. Afortunadamente hemos recibido buenas opiniones de ese primer capítulo de 'Velvet'. La gente se espera que sea un truco, que luego reaparezca... Realmente me contraté para hacer bien el capítulo y porque me gustó el papel [de Don Rafael]. Fue un papel con un peso específico... me gustó.

Yo creo que es mejor tener unas galerías que una clínica de ginecología... Hombre si es para atender partos... No sé. Tendría que planteármelo [bromea]

¿Ha cambiado mucho la tele desde la época de 'El comisario'? Sobre todo esas primeras temporadas...

Sí, sí [rotundo]. Ha cambiado la intensidad del trabajo, la precariedad... Ha cambiado en que todo ha bajado. Se trabaja mucho más. Se gana mucho menos. Pero la gente, no ha cambiado, somos los mismos. La forma de trabajar, tampoco.

Luisa Martín nos comentaba que "Ahora tenemos estrenos de series como los de Hollywood, pero sueldos como los de 'Crónicas de un pueblo'", ¿Qué opinas?

Tiene toda la razón. Hacen estrenos muy pomposos, se hacen series mucho más ambiciosas, más caras... Pero debe ser esto como cuando estaban abiertos los estudios Bronston en España. La gente cobraba 2 pesetas y tenían miles de extras.

Ahora están tirando de mucha gente, de muchos profesionales... por muchísimo menos dinero. Ahora, como pasa en el mundo industrial, somos competitivos, pero porque el trabajador cobra una mierda; con lo cual, somos competitivos.

¿Qué te ha mantenido estos años alejados de las cámaras y de los platós?

No sé si me he alejado o si me han alejado. Lo que ha pasado con los años es que quiero hacer una cosa nada más. Cuando era joven hacía 3 o 4 a la vez: sesión de doblaje de cine, teatro, un music hall...

Ahora, que tengo más responsabilidad en los papeles, no me gusta más que hacer una cosa. No me gusta hacer muchas cosas.

Para la película '15 años y un día', Gracia Querejeta te llamó para ofrecerte el guion. Eso no es muy habitual y así lo has manifestado... ¿Tú haces castings?

Hace años, nos daban separatas. Te daban 3 folios y punto. Luego ya, afortunadamente, te dan el guion entero para que sepas cómo va la historia. Pero es muy raro que un director te llame para darte el guion de un personaje. Y sobre todo después de tantos años de 'El comisario'.

Hasta que la gente sepa que yo no estoy en 'El comisario'... Para la gente no pasa el tiempo. Desde que cambia algo hasta que se nota la reacción pasa mucho tiempo.

Yo no he rechazado películas estos años. Las ofertas de cine durante la época de 'El comisario' han sido una o dos. Por eso, que alguien te llame a tu casa y te ofrezca un trabajo como lo hizo Gracia, no es habitual. Espero que pase más...

¿En este oficio ocurre que: o te llaman mucho o no te llaman?

[Ríe] Yo creo que son sensaciones. Son rachas. Hay veces que coincide que eres imprescindible para la gente y otras que eres totalmente prescindible... También se escriben pocas historias para gente de mi edad. Si te fijas, todo lo que ves [en cine y televisión] son chavales...

Por desgracia también estamos perdiendo a muchos actores de gran peso... Los Alfredo Landa, Fernando Fernán Gómez y compañía... eso ya no se ve que pueda resurgir. Ahora hay mucha gente joven, mucho talento... pero no tiene nada que ver. Ese Landa no se va a repetir.

Ahora tendremos que ocupar ese relevo nosotros, los que tenemos esa edad... Pero en ese relevo [comparado con ellos] nosotros no ganaríamos ni una prueba.

También hay mucha gente joven sin mucho talento y que no en pocas producciones de cine y televisión no paran de aparecer...

[Me corta] por circunstancias...

Sí, circunstancias que marca el mercado. ¿Esta es una diferencia con tu época de cuándo empezabas? ¿Existía esa posibilidad de ser actor sólo por ser guapo?

Cuando empezaba no recuerdo oír la palabra "casting". No se hacían. Te llamaban y punto. Alguna vez hacías alguna prueba... pero esto es una cosa más de ahora. Los castings están muy bien, por lo menos la gente compite. Antes, los más allegados a unos conseguían más trabajos que los más allegados a otros. Era muy difícil acceder.

Pues ahora hay un boom de jóvenes que quieren ser actores... ¡Hasta los modelos son actores!

Lo que me sorprende ahora es que, en plena crisis, cada vez hay más chicos y chicas que quieren dedicarse a esto. Saben que la van a pasar putas, pero no les importa. Yo los veo y digo "chapeau".

Bien es cierto que empiezas a respetar a todo el mundo. A casi nadie le regalan nada en esto. Tú puedes conseguir a través de una influencia un papel, una foto, una portada... Pero cuando hay una unanimidad de gente que te requiere para eso es porque tienes algo. Ese algo quizá no sea la interpretación, pero quizá es un carisma personal o una belleza física y psíquica que, de pronto, con eso basta.

Sobre todo, en el mundo del cine -más en el cine que en la televisión- hay películas y películas. Hay películas de director y de actores y luego hay películas en las que ciertos directores cuentan la historia y con que salga uno y ponga la cara es suficiente.

Quizá ese que tú consideras peor, se pone delante de una cámara y tiene un desparpajo que gusta a mucha gente. Respetas mucho a todo el mundo y si está ahí, seguramente, es por algo. Ahora, evidentemente, una cosa es el respeto y otra la opinión que tú tengas sobre una señorita o un señorito a la hora de interpretar.

Respeto... Eso es lo que recibiste tú en su día de Antonio Mercero cuando eras joven y pocos directores te mostraban ningún tipo de consideración...

[Suspira con cariño] Mira, entonces, la única forma que había entonces de trabajar en el mundo del cine era enterarte dónde había una película, ir a dirección, preguntar por el ayudante de dirección y decirle que eras actor y dejarle una foto. Pero eran portazos, no te hacían ni caso... Recuerdo que una vez, en el Paseo de la Habana fui a dejar una foto y me dijeron que el director no estaba... y yo lo acababa de ver entrar.

Un día, me fui a Plaza de Oriente, 3 porque me entero que están haciendo una película con un señor que se llama Antonio Mercero que es el director. Toqué la puerta, pregunté por él y le avisaron. Me hizo pasar a su despacho y... [Se emociona]. Sus hijos lo saben: su padre me recibió, me dio cariño e incluso me dio un papelito de 3 días. Nunca lo olvidaré.

Después, dejé unas fotos en la productora y me llamaron para hacer otro papel en una serie sobre Ramón y Cajal. Está todo unido. Te pones a analizar tu vida y es todo eslabones.

Mercero es uno de los hombres más considerados y buena gente. Su talento es indiscutible, pero sobre todo como persona. Toda la gente que conocía a Antonio, lo quiere. Por algo será.

Cuando en tu Ávila natal dices en tu casa que te quieres dedicar a una profesión que consiste en ir llamando de puerta en puerta dejando una foto para que igual, con suerte, te llamen, ¿qué te dicen tus padres?

Se lo dije a mi madre. Y no fue de un día para otro. Por suerte, me han ido bien las cosas. Cuando éramos chavales, yo hacía de todo tipo de deportes y actividades. Y jugando en Ávila que si al fútbol que si al teatro... acabamos haciendo una obra con la Organización Juvenil Española, algo así como los boy scouts en los tiempos de Franco. El grupo de la OJE de Ávila presentamos una obra y ganamos el provincial, el regional y acabamos en el teatro de Jaén.

Ahí me vio trabajar la Condesa de Berlanga de Duero y mandó a su director a hablar conmigo por si me interesaba ir a hacer teatro a Málaga. A mí el teatro me atraía poco o nada. Tenía 19 años, pelo largo, ye-ye... Era de secano, el mar ni lo conocía... "¡Mamá, déjame ir a Málaga!". Me fui una temporadilla y me empezó a entrar el veneno del teatro.

Cuando yo ya decidí que iba a intentar esto de ser actor, se lo dije a mi madre y me dijo "¿Pero tú eres tonto o qué? ¿Tú artista? Tú... tú eres idiota". Para mi madre no era ser actor, era ser artista.

Y mira, el idiota -que sigo siendo idiota, se lo recordaba... Lo más bonito para mí era que mi madre se sintiera orgullosa de mí. Mi madre hablaba de mí y se le caía la baba.

¿En qué crees como persona?

Yo creo en la gente. Sobre todo, creo en que todos tenemos un lado bueno y hay que sacárselo a la gente, Esto lo he comprobado en los rodajes de series en los que hemos pasado mucho tiempo. Hay que potenciarlo. Yo me quedo con eso, la gente es guapa si le potencias el lado bueno. La cosa con cariño funciona mejor.

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