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Jueves, 22 de Agosto de 2019

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O la Sanidad o el voto

Expertos consideran al voto rogado culpable de aumentar lo que denominan "abstención inducida"

Elena García ha tenido que elegir entre voto o Sanidad. Se califica como "exiliada" en México, adonde la llevó la crisis hace 10 meses con su marido y sus hijos. Elena ha decidido no votar en estas elecciones, ya que para hacerlo tenía que inscribirse en el consulado, perdiendo así, tras la reforma legal de la ministra Ana Mato, su derecho a cobertura sanitaria en España tras 90 días.

"Nos ha pasado a muchos, que tenemos miedo de perder la Sanidad. Yo tengo hijos y ni se me ocurre inscribirme para votar y perder la Sanidad de mis hijos. Por lo menos deberían respetarnos dos años sin cotizar [como a los parados]. Hasta que no esté segura de qué pasa con nosotros no me voy a registrar, así que no puedo votar" cuenta esta madre de 37 años, que intenta iniciar un nuevo proyecto de vida en México tras quedarse sin trabajo ella y su marido, originario de este país.

Su caso es similar al de Antía González, de 30 años. "Dado que no tengo Sanidad aquí en México [la Sanidad pública mexicana es notablemente peor que la española, y los autónomos tienen que pagarla o contratar un seguro privado], no quise arriesgarme. Tener que elegir entre Sanidad y voto es horrible. Mi caso es el de la mayoría de gente: no nos inscribimos para que el Gobierno no nos dé de baja del padrón", asegura.

Antía y Elena tendrían que registrarse en el consulado para rogar el voto, una fórmula impuesta en 2011. En las últimas europeas, las de 2009, 172.000 españoles residentes en el exterior (un 14% del censo) pudieron votar. Tras implantar el voto rogado, el INE publica que a una semana de los comicios solo 78.930 han sido validadas, un 4,57% del CERA (Censo Electoral de Residentes Ausentes), compuesto por 1.725.000 exiliados. Y muchos, aunque han sido validados, no podrán ejercer su derecho.

Expertos como José Pablo Ferrándiz, vicepresidente de Metroscopia, consideran al voto rogado culpable de aumentar lo que denominan "abstención inducida", por multiplicar las trabas a la hora de ejercer este derecho constitucional. La red de emigrantes Marea Granate ha recopilado más de 100 incidencias contra este sistema. María Almena, miembro de este colectivo, cuenta que las principales causas de queja son las dificultades que implica para algunos desplazarse hasta un consulado (el proceso de inscripción es presencial), las excesivas trabas burocráticas que exigen o que una vez realizado todo el prolijo papeleo, la carta con las papeletas nunca llega a sus casas. "Hay otra circunstancia que se produce cuando alguien cambia de domicilio en medio del proceso, y ya no puede cambiar la dirección de envío de la papeleta. Hemos tenido un caso que ha decidido recorrer 700 kilómetros para votar en Nueva Zelanda, y otro que volverá a España desde Francia tras no haber recibido la papeleta", explica.

Andrea Abril es uno de esos casos típicos. Como tantos españoles, estudia en Londres y tras pasar por el consulado y superar la burocracia llegó a pensar que podría votar, pero no. Su papeleta nunca llegó y en la Oficina del Censo Electoral le dicen que el problema es de Correos del Reino Unido. "Es la primera carta que no llega a mi casa", asegura incrédula e indignada.

El parlamento gallego llevó el pasado marzo una propuesta al Congreso de los Diputados para acabar con el voto rogado. Aunque los populares gallegos habían votado en un principio a favor, su grupo, mayoritario en el Congreso, rechazó la proposición. Para paliar la abstención provocada por este sistema, la Marea Granate propone a los afectados que le pidan a alguien que pueda ir a votar, pero no vaya a hacerlo, que cedan su voto en lugar de abstenerse.

María Almena, de Marea Granate: "Hay mucha gente que no tiene un consulado al lado, y no les es fácil ir allí a pedir su voto"

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