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Lunes, 23 de Septiembre de 2019

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"Me presento para impedir que las élites corruptas recuperen su influencia política"

Entrevista a Hamdin Sabahi, uno de los candidatos a las presidenciales en Egipto

Hamdin Sabahi, uno de los candidatos a las presidenciales en Egipto /

En su despacho del barrio cairota de Mohandesin, un retrato de su padre, un campesino de rostro humilde, y otro del carismático líder panárabe Gamal Abdel Nasser elevan la esencia de un espacio gélidamente remozado. A sus 59 años, Hamdin Sabahi, histórico opositor de inspiración nasserista, disputa por segunda vez la carrera por la jefatura del Estado. En 2012 quedó en tercer lugar, en unas elecciones en las que se impuso el líder de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Morsi.

El periodista, que décadas antes se abrió camino en la política entre arresto y arresto, volvió a jugar a la contra hasta que sólo un año después de los primeros comicios libres en la historia de Egipto apoyó al militar Abdel Fatah al Sisi para descabalgar al presidente islamista. Ahora, convertido en único rival de quien parte de la población ha elevado prematuramente a la categoría de mito, reconoce que "el ambiente no es el idóneo para celebrar unas elecciones ejemplares" y teme por la vuelta de la camarilla de Hosni Mubarak a la primera línea. Se erige como cortafuegos de aquellos tiempos, mientras evita extender la metástasis hasta el Ejército o al propio Al Sisi, al que siempre cita como rival o "el otro candidato", pero nunca por su nombre.

¿El proceso se asemeja más a las elecciones que organizaba Mubarak -donde el resultado ya estaba claro- o a las presidenciales del 2012, donde había al menos cinco aspirantes con posibilidad de pasar a segunda vuelta?

En las elecciones que se celebraban con Mubarak el voto estaba amañado. Y aunque ahora el Estado se posicione del lado de un candidato, esto no va a ocurrir. Nuestra campaña ha desplegado delegados en todos los colegios, por lo que sabremos el resultado antes de que lo anuncie el comité. Si hay diferencia entre ambas cifras, lo denunciaremos.

¿Qué va a hacer para recabar los votos de quienes piensan que estos comicios son una farsa?

No estoy de acuerdo con esa afirmación. El otro candidato da las elecciones por ganadas, pero yo no lo percibo así. La mayoría de los jóvenes están conmigo y también tengo el apoyo la clase media, campesinos y obreros. Cuento ya con cinco millones de votos de los comicios del 2012 y pienso que esta base me puede hacer ganar en esta ocasión.

No obstante, la represión ha ido en aumento en los últimos meses. No sólo dirigida contra los islamistas, sino también contra sectores liberales y jóvenes revolucionarios. ¿Cómo es posible celebrar unas elecciones libres mientras se prohíben las voces de la oposición?

Seguro que no van a ser ejemplares, porque el ambiente no es el idóneo para celebrar unas elecciones. Pero no tenemos alternativa, no podemos quedarnos sentados hasta que llegue el momento adecuado. Sin la participación del pueblo no vamos a lograr avanzar.

Usted dijo que si usted ganaba, ganaría la revolución. ¿Perderá la revolución si usted fracasa?

Si yo pierdo, la revolución no fracasaría, simplemente se aplazaría. Yo represento a las revoluciones del 25 de enero [inicio de las protestas contra Hosni Mubarak en 2011] y del 30 de junio [manifestaciones masivas contra Mohamed Morsi, que desembocaron en su derrocamiento en 2013], pero no puedo decir que el otro candidato sea el símbolo de la contrarrevolución. Lo que hay que remarcar es que los partidarios de Mubarak han ejercido un papel activo en la campaña de mi rival y él no ha explicado por qué estos hombres están colaborando con él.

En julio se puso del lado de Abdel Fatah al Sisi para derribar a Mohamed Morsi. ¿Qué lo ha distanciado de él desde entonces?

El Gobierno interino aprobó meses después una ley para restringir las manifestaciones, lo significa un fallo político muy grave. A través de esta norma, las autoridades están llevando a los revolucionarios a la cárcel. Esta fue la razón principal para que la coalición que se formó el 30 de junio se rompiera.

También ha defendido el papel del ejército como garante de la integridad del pueblo. ¿Es partidario de mantener la autonomía de los militares para controlar su presupuesto y su capacidad para nombrar al ministro de Defensa o al jefe del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas?

La Constitución dicta que el presupuesto del ejército queda blindado del control parlamentario. Las Fuerzas Armadas tienen sus intereses y yo no me opongo a lo que viene recogido en la Constitución. Los militares cuentan con proyectos económicos, que tampoco rechazo, pero sí que habría que vigilar que esos proyectos no se conviertan en un monopolio.

¿Apoyaría, como presidente, que algún alto rango del ejército o la policía fuera juzgado por la represión de los últimos tres años?

Yo no veo al ejército como culpable, sino más bien como una institución que cumplió con su papel de estar con el pueblo. Apuesto por una justicia transicional, que servirá también para luchar contra la manipulación electoral y la corrupción política. Esto debe conducir a la reconciliación que cierre la puerta a un periodo muy triste de la historia de Egipto. En el caso de la policía, ellos perdieron la confianza de la gente por reprimir a quien se ha opuesto al Gobierno. Pienso reformar el Ministerio del Interior, de forma que haya una mayor atención por los derechos humanos. La reforma del Ministerio del Interior forma parte del plan para mejorar las instituciones.

Al Sisi basa su discurso en la seguridad y la estabilidad. ¿Cuáles son los puntos fuertes de su campaña?

La justicia social, el desarrollo de la población, las libertades y el respeto de los derechos humanos. Son los objetivos de la revolución. Otra de mis prioridades es acabar con el terrorismo, no sólo a través de la seguridad, sino del diálogo político y la cultura. La Justicia debe colaborar para acabar con el conflicto entre los egipcios.

Habla de reconciliación, al tiempo que ha sostenido que no toleraría la vuelta de los Hermanos Musulmanes si alcanza la jefatura del Estado. ¿Piensa que hay espacio para ellos?

La Constitución prohíbe tener partidos religiosos y yo respeto la Constitución. La Justicia prohibió a los Hermanos Musulmanes y yo respeto a la Justicia. La Hermandad no es un grupo nacionalista, sino una organización internacional, que recientemente ha ejercido actividades terroristas contra la población. Si hay personas de los Hermanos Musulmanes que no están vinculadas con la violencia, podrían ejercer la política, pero el movimiento está completamente anulado.

¿Se sentaría a hablar con ellos?

No.

¿Ha sido demasiado dura la represión hacia los islamistas?

En el desalojo de las acampadas de la plaza de Nahda hubo un número de víctimas relativamente normal. Pero las que se produjeron en Rabaa al Adawiya [cientos de personas murieron tras la disolución de ambas protestas el 14 de agosto de 2013] fueron demasiadas. Esto se debió a la actitud incompetente de los líderes de los Hermanos Musulmanes y a la falta de profesionalidad de las fuerzas de seguridad. En aquel momento hubo inocentes entre las víctimas y después también ha habido muchos revolucionarios que han entrado a la cárcel de forma injusta. Bajo mi presidencia habrá una diferencia muy clara entre los manifestantes pacíficos y quienes actúan con violencia.

Uno de los aspectos en los que más ha incidido es en la lucha contra la corrupción. ¿Ha habido avances en este sentido desde la caída de Hosni Mubarak?

Las políticas de la época de Mubarak y las actuales son las mismas, Morsi no cambió nada. Después de dos revoluciones, Egipto necesita un cambio profundo.

Pero usted sostiene que hay hombres de Mubarak con Al Sisi

Las élites corruptas están del lado de mi rival porque ellas sueñan con recuperar su fuerza e influencia política. Yo me presento precisamente para impedir este retorno.

¿Cuál es el público objetico al que dirige principalmente su llamada?

A una mayoría del país que ansía una justicia social, principalmente los jóvenes que jugaron un papel preponderante en las revoluciones. Tengo una base amplia entre la gente. He salido a la calle y esto me proporciona ventaja. La campaña de mi rival no tiene nada concreto, ni siquiera un programa. Yo presento unas propuestas muy claras y esto me da confianza para ganar las elecciones.

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