Jueves, 22 de Octubre de 2020

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Protocolo de actuación en la relación entre medusas y bañistas

A pesar de que las medusas no atacan de manera premeditada a los bañistas, el roce con uno de estos seres puede ser complicado de solventar

Fotografía de dos medusas en el fondo marino.

Fotografía de dos medusas en el fondo marino. / GETTY IMAGES

FERNANDO RODRÍGUEZ

Comienza el verano y la afluencia masiva de visitantes a las costas. Durante los meses de julio y agosto los bañistas y las conocidas como aguamalas se ven las caras en su intento por ocupar las playas españolas. A pesar de la medusa no es una especie violenta ni depredadora, el roce con uno de estos cuerpos puede desembocar en una situación dolorosa y complicada.

El pasado 21 de junio comenzó de manera oficial el verano. Un periodo estival que, según el Instituto Geográfico Nacional (IGN), se prevé como uno de los más largos de los últimos siglos con una duración de 93 días y 15 horas, hasta la llegada del otoño el 23 de septiembre. Es durante este periodo cuando la ocupación de las costas españolas, como es lógico, registra una mayor afluencia. Pero también hay otros inquilinos que deciden dejarse ver por las aguas y playas del mar Mediterráneo: las medusas.

Estos invertebrados, cuya llegada a las playas depende en gran medida del viento y las corrientes marinas, son uno de los principales enemigos de los bañistas que deciden combatir el verano en las cálidas aguas del Mediterráneo, en la fría costa cantábrica o en el océano Atlántico. Y es que conviene dejar claro que a pesar de que en el imaginario social está interiorizado que las medusas crecen en medios cálidos, estos seres vivos presentan actividad en cualquier medio acuoso, incluso en ríos y mares de agua dulce.

La relación entre bañistas y medusas, es tan compleja como complicada. Esto es así porque estas criaturas no son depredadores marinos, es decir, no atacan a los bañistas por instinto ni de manera premeditada. No hablamos de especies violentas, sino que su picadura responde más a un mecanismo de defensa natural, ya que hablamos de seres que carecen de cerebro. La medusa está diseñada para liberar toxinas cuando entra en contacto con otro cuerpo. Así de simple. Aunque un roce con un ejemplar de las conocidas como aguamalas puede volverse una situación muy complicada dependiendo de la virulencia con la que actúen las toxinas liberadas.

Fotografía de dos medusas en el fondo marino. / GETTY IMAGES

Protocolo de actuación

"Las personas afectadas definen la picadura como un calambre que va seguido de un enrojecimiento de la zona afectada y un edema". Así describe Lola Conejo-Mir, dermatóloga y miembro de la Academia Española de Dermatología, la primera sensación que percibe nuestro organismo después de entrar en contacto con una medusa.

Para un correcto tratamiento, esta dermatóloga incide en la importancia de no frotar la picadura -ni con una toalla ni con arena de la costa- así como de emplear agua de la propia playa para lavar la herida. "El agua nunca debe ser dulce. Se debe emplear agua salada o suero fisiológico, ya que el agua dulce puede liberar las toxinas presentes en los tentáculos y que aún no se hayan liberado", afirma. También insta a tener cuidado a la hora de aplicar hielo, ya que este puede tener efecto parecido al agua dulce si no se aplica con precaución. "Es recomendable no aplicarlo directamente ya que el hielo convencional procede de agua dulce", recuerda.

"Lo importante es no frotar la reacción, limpiarla con agua salada, aplicar frio durante 15 minutos y extraer cualquier resto de tentáculo que haya quedado, eso sí, nunca con la mano", resume.

La extraña relación entre medusas y bañistas 4

Tratamiento

El tiempo estimado de curación tras el contacto directo con una medusa oscila entre 10 y 15 días, siempre y cuando no se produzca una reacción generalizada de nuestro organismo al entrar en contacto con las toxinas desprendidas por la medusa. "Si hay síntomas de malestar general hay que acudir al centro médico. Normalmente para tratar estas dolencias se ponen antihistamínicos y corticoides comunes, pero en casos de reacción general su efecto se queda corto, por lo que se emplea adrenalina y corticoides intravenosos", revela.

Otros peligros costeros

En la visita a las costas no solo las medusas representan un peligro para nuestra salud. "La picadura de medusa es el caso más frecuente, pero en zonas de buceo algunos bañistas han venido con picaduras de corales, de erizos de mar o de anémonas", afirma Conejo-Mir. Especialmente complicado es el caso de los erizos de mar, ya que sus púas liberan toxinas similares a las de las medusas. "Es importante retirar los restos de púas y desinfectar muy bien. En ocasiones también podemos emplear antibióticos de manera preventiva", sentencia.

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