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Miércoles, 19 de Febrero de 2020

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El Ayuntamiento que se convirtió en centro de refugiados

En diciembre del año pasado, con el objetivo de ahorrar costes, el Ayuntamiento del barrio berlinés de Charlottenburg-Wilmersdorf cerró sus puertas al público. Desde el 14 de agosto vuelve a estar abierto pero, esta vez, como albergue temporal de refugiados. Ahora en sus dependencias hay camas en lugar de oficinas

El presidente de Alemania Joachim Gauck hablando con los residentes del centro de refugiados. / ()

La incesante llegada de solicitantes de asilo animó a las autoridades del Senado de Berlín a reconvertir este inmueble protegido, construido en los años 40. Se acondicionó en tiempo récord, mientras algunos de los refugiados, rendidos por el viaje, dormían en el suelo.

En este albergue temporal, situado en el oeste de Berlín, residen unos 550 refugiados procedentes mayormente de Siria pero también de otros países como Macedonia o Afganistán. Entre ellos, hay 50 menores y 50 mujeres. La mayoría son hombres jóvenes, de menos de cuarenta años, que han llegado solos y que esperan poder traer a sus familias también a Alemania.

"Nos sonríen, nos acarician, nos cuentan su historia y hay veces que relatándonos su vida nos ponen la piel de gallina", dice a la Ser una de las trabajadoras de Samaritan International, una organización similar a Cruz Roja, que se ocupa de gestionar este centro de refugiados.

Visita del presidente alemán Joachim Gauck. / Handout

En la entrada, personal de seguridad controla el acceso al centro. Se extreman las medidas a pesar de que en este barrio berlinés no se ha producido ningún ataque, altercado o manifestación en contra de la acogida de solicitantes de asilo.

"Todo lo contrario", nos dicen los voluntarios y trabajadores del albergue. Continuamente empresas y particulares se acercan al centro para hacer entrega de donaciones.

"En internet tenemos colgada una lista con los productos que más se necesitan pero la gente se porta muy bien y han traído de todo: bicicletas para los niños, futbolines, una canasta de baloncesto, una televisión y hasta un ordenador. Ahora estamos esperando a ver si alguien dona una conexión a internet para que los refugiados se puedan comunicar a través de Skype con sus familias", señala una de las trabajadoras del centro.

También hay supermercados y panaderías que les regalan a diario kilos de fruta y pan fresco.

En el patio central del albergue hay una caravana en la que se pueden apuntar los voluntarios que quieran colaborar. Además de médicos, personal de enfermería, traductores o ayudantes de cocina, también hay políticos que de forma regular se remangan la camisa y ponen su granito de arena.

El pasado miércoles, el presidente de Alemania, Joachim Gauck, visitó este centro de refugiados para hablar directamente con los refugiados y conocer de cerca cómo están siendo atendidos.

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