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Domingo, 22 de Septiembre de 2019

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Juncker rechaza críticas por inacción y exige un reparto obligatorio para todos

"No quiero crear falsas ilusiones, la crisis de los refugiados va a ser larga y cuento con vosotros para superarla", ha afirmado el presidente de la Comisión Europea

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. / ()

Era el primer debate sobre el Estado de la Unión del nuevo equipo europeo. "La Unión va mal", ha dicho Juncker. Pero quien quiera encontrar las razones de tanta frustración que no mire a Bruselas. La crisis de los refugiados le ha servido de ejemplo para demostrar como la Comisión se usa a menudo de chivo expiatorio.

El Presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, ha recordado que en mayo y para resolver el problema de los refugiados presentó una propuesta de reparto solidario que los gobiernos rebajaron para dejarla en voluntaria, reduciendo el número de afectados.

"No aceptare que se diga que hemos estado inactivos". No lo dice por el presidente Rajoy, al que no ha oído. Lo dice por las críticas que lanzan en los medios desde la derecha alemana. Esta misma mañana, ministros regionales de Baviera le han acusado de estar de vacaciones y él no lo acepta porque mantiene que "mientras hay gobiernos que han descubierto el drama a través de las trágicas imágenes de estos días", su Comisión, "les presentó ya en mayo la primera propuesta de reparto solidario".

El proyecto, repartir a 40.000 personas fue reducido hasta 32.000 por que gobiernos como el español regatearon las cifras. Al margen que la obligación de participar en el reparto quedó en una acción voluntaria que convirtió en indicativas las cifras que había presentado Bruselas.

Hoy, Jean-Claude Juncker cuenta con el apoyo del Europarlamento para convertir la solidaridad en un instrumento obligatorio y la primera propuesta en un paquete nuevo de 160.000refugiados a redistribuir por los países de la Unión Europea con la esperanza que los ministros de Justicia den su luz verde, el próximo 14 de Septiembre.

"160.000 refugiados a repartir de forma solidaria suena bastante bien aunque en las cifras no está el problema. El problema está en el sistema", ha explicado a la Cadena SER Gianni Pitella, presidente del Grupo Socialista Europeo. "Si los gobiernos aprueban el proyecto habremos superado el reglamento de Dublín y tendremos un instrumento nuevo para enfrentarnos a esta crisis".

Pero el problema ahora está en los gobiernos del este. Hungria, Polonia, República Checa y Eslovaquia forman un grupo criticó que responsabiliza a Merkel de haber complicado el problema al anunciar, en solitario que su gobierno estaba dispuesto a recibir en Alemania a cualquier refugiado de Siria. A estos cuatro gobiernos se han dirigido pues especialmente el debate de hoy. Eludiendo la crítica, Juncker ha recordado que cuando era pequeño, en los años 60 y en Luxemburgo sus vecinos más próximos eran de origen húngaro. En un intento de obligar a quienes utilizan el problema con Merkel para dar alas al populismo a renunciar a hacerlo.

Pero nadie está hoy seguro, en Estrasburgo que el consenso pueda garantizarse este próximo lunes. Antes y en Praga se reunirán el viernes los ministros de estos 4 países con el representante de la Presidencia de turno que ejerce Luxemburgo.

"No quiero crear falsas ilusiones. Esta crisis va a ser larga. Cuento con vosotros para solucionarla", ha dicho el presidente de la Comisión a los eurodiputados que hoy desde todos los grupos parlamentarios le han apoyado en este nuevo pulso con los gobiernos.

"Ha habido demasiadas peleas, los gobiernos se han acusado unos a otros de actuar mal. Ha llegado el momento de dejar las peleas para empezar a actuar", ha dicho Juncker que no ha escondido que le molesta que "cuando los gobiernos no actúan se acaba siempre acusando a Bruselas".

Lo que ahora propone pretende modificar las reglas impuestas desde el norte, por desconfianza a los países mediterráneos. Acusados de no controlar bien sus fronteras por que los inmigrantes querían instalarse en otro lado, se decidió que las demandas de asilo debían tramitarse en el primer país de llegada a la Unión Europea, lo que en la práctica llevó hace un año a la primera gran crisis italiana tras confirmarse que en los tradicionales barcos con inmigrantes, los que llegaban no eran ya ilegales laborales sino personas con derecho al asilo. Pero ha sido necesario todo un año y miles de cadáveres antes que los gobiernos aceptaran renegociar el tema.

El debate llega otra vez cargado de tensión y amenaza con una escisión entre países viejos y los nuevos países de la ampliación. Una ruptura que Europa no puede permitirse aunque los eurodiputados insistan en pedir que si es necesario, los gobiernos tomen, en este tema, sus decisiones por mayoría.

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