Internacional

La primera expulsión griega, vista desde una lancha de rescate

Presenciamos la primera expulsión de los migrantes que llegan a la costa griega tras la entrada en vigor del acuerdo con Turquía

Las patrullas de rescate recorren la costa griega / A. ZAMARREÑO

Lesbos

Son poco más de las siete de la mañana en Lesbos. En un muelle repleto de barquitas de pesca, un pequeño grupo de periodistas esperamos para ser embarcados en dos lanchas fueraborda de rescate. Hoy se han dado una pausa en ese trabajo, menguante desde la entrada en vigor del acuerdo con Turquía, y lo han cambiado por una pequeña muestra de solidaridad con los expulsados hacia ese país. Subimos a la lancha de la organización española 'Proactiva', probablemente de entre los primeros voluntarios de rescate acuático que llegaron a Lesbos en verano. Nos acompañan tres de los voluntarios profesionales que están estos días por la isla.

El retraso de una de las embarcaciones hace que no estemos a tiempo para ponernos junto a los ferries que llevan a esos 138 deportados. Así que deciden congregarse en la bocana del puerto y extender una pancarta entre dos de ellas en la que se lee "Ferries para la llegada segura; no a las deportaciones". Decenas de cámaras de televisión graban desde el muelle principal de Mitilini, la capital de la isla.

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Al final, los guardacostas griegos se acercan y con un megáfono acusan a las siete embarcaciones de rescate congregadas de estar dificultando las operaciones del puerto y les ordenan "vuelvan a sus bases". Así que salimos del puerto y nos dirigimos a varios kilómetros de la costa. Delante se ve la silueta de las montañas ya en Turquía. Se avista flotando la parte superior de una de las balsas de goma que usan los refugiados para cruzar. Se acercan para asegurarse de que es sólo una embarcación abandonada y valoran pincharla del todo para que se hunda y no suponga peligro. Por la radio avisan de que se ha avistado una balsa más al sur. Comprueban que alguien va a hacerse cargo y todos vuelven a relajarse.

"Me parece que es una estupidez mandarles a Turquía", nos dice Carlos Zavala, un voluntario de Santander. "No tiene ningún sentido, es como barrer hacia otro lado para escurrir el bulto y que otro se coma el marrón". Podría darse la paradoja de que algunas de las decenas de personas que esta organización ha rescatado, muchas veces en situaciones muy difíciles, hagan el camino de vuelta, pero en un ferry turco que tarda 20 minutos en recorren lo que ellos pudieron tardar horas. Este lunes al final han sido 202, entre pakistaníes, bangladesíes, marfiles, marroquíes... incluso dos sirios que han aceptado voluntariamente ser deportados, según el gobierno griego.

Una barca pinchada flota cerca de la costa de Lesbos / A. ZAMARREÑO

Cada vez que nos cruzamos con alguna patrullera griega hacen comentarios críticos. "La relación es tensa desde que se aprobó el acuerdo", dice Carlos; y eso que después de unos comienzos basados en la desconfianza, y con algunos incidentes que acabaron en detenciones, al final se había llegado a un cierto entendimiento.

El último rescate que hizo esta embarcación fue hace dos días. Ayudaron a un grupo de 41 personas en un 'speedboat', un barco rápido que tiene a uno de los traficantes al mando, les deja en la costa y se va rápido para hacer otro viaje. Un negocio lucrativo. "Normalmente les dejan en la costa, pero yo he participado en un rescate en el que el 'smuggler' [el traficante] les lanzó al mar".

Seguirán patrullando, aunque desanimados, porque rescatan a gente que va a ser expulsada de vuelta a Turquía en muchos casos. La misma mañana en que se ha hecho esta primera expulsión, han llegado más de 300 a todas las islas griegas. Echen la cuenta: 202 se han ido; más de 300 han venido.

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