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Jueves, 20 de Febrero de 2020

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Criar cocodrilos. ¿Y por qué no?

Un grupo de pescadores de Río Lagartos encontró en la cría de cocodrilos una salida laboral y una esperanza para el empleo de la zona

Gaspar Marfil sujeta un cocodrilo de un año /

Gaspar Marfil tiene 71 años y todavía recuerda el día en el que fue a recoger unos motores para salir a pescar y volvió con la idea de criar cocodrilos. Fue un  biólogo, que al ver Río Lagartos, le dio la idea cuando le dijo: “es una zona ideal para criar cocodrilos”. Gaspar reconoce que le sonó “feísimo”, pero él y sus amigos pescadores empezaron a pensar que no era una locura. El razonamiento era impecable: “los peces se están acabando y pensamos que si decidíamos criar gallinas o carneros no seríamos diferentes al resto”. Hoy sueña con la apertura de un restaurante en el que se cocine carne de cocodrilo y se empiece a crear empleo al margen de la pesca.

Un recorrido largo

Atrás quedan cinco años de gestiones para conseguir los permisos, el acuerdo con el gobierno mexicano para que le dieran la infraestructura, los cursos y la valentía de arriesgar por un negocio que podría revitalizar la zona. De los 18 que pensaron que era una buena idea, 10 se animaron a hacer la inversión. Hoy tienen 380 cocodrilos en su criadero, pero todavía no saben cuánto podrán ganar con ellos. Los precios del mercado son muy interesantes para una zona fuertemente dependiente de la pesca: una piel de cocodrilo se vende por 500 dólares. A eso se suma lo que se puede ganar por la carne, unos 200 dólares y lo que pueden arañar del aceite que se vende para aliviar a los asmáticos.

En los años 70, el cocodrilo estaba en peligro de extinción en México y una década después fue declarada “especie rara”. Hoy, se estima que hay entre 75 mil y 85 mil ejemplares repartidos en México, Guatemala y Belice. No todo es interés económico, porque el criadero tiene un compromiso firmado con las autoridades: si empezara a disminuir la población de cocodrilos en la zona, tiene la obligación de soltar a algunos de los suyos.

A día de hoy, Gaspar sigue siendo pescador y  su hija, después de estar 12 años trabajando en el ayuntamiento “detrás de una mesa” es hoy la que se encarga de explicar a los turistas cómo son y cómo viven los cocodrilos. Hoy, es el turno de los excursionistas de la Ruta BBVA que la avasallan a preguntas. Su padre la mira y confiesa el secreto de su hija:  “y pensar que se asustaba cuando veía una lagartija”.

 

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