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Jueves, 09 de Abril de 2020

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RUTA BBVA

Guía rápida para entender a los mayas

La Ruta BBVA empieza a recorrer las selvas del Yucatán para conocer las ciudades mayas

La Ruta BBVA empieza a recorrer las selvas del Yucatán para conocer las ciudades mayas.

La Ruta BBVA empieza a recorrer las selvas del Yucatán para conocer las ciudades mayas. / MARISOL ROJAS

Este sábado ha sido la primera toma de contacto de los ruteros con las escalinatas empinadas, las murallas que pelean con la vegetación y las vistas sobrecogedoras de la selva de Yucatán. Para no perderse en esta cultura milenaria, aquí van las claves para saber de qué hablamos cuando nos referimos a los mayas.

Nunca fueron una nación

Los mayas nunca fueron una nación, ni tuvieron una unidad lingüística o económica. Para entender esta civilización, hay que abandonar la idea de un estado expansionista tradicional: hay victorias militares, pero no anexión. Dicho de otra manera, interesan los recursos de las zonas conquistadas, pero sus reyes se mantienen.

La cultura maya no se ha extinguido

La Ruta BBVA ha visitado hoy la ciudad de Ek Balam, una de las más antiguas, que tiene sus orígenes en el 600 a. C. y que fue abandonada hacia el 1050. Otras, aguantaron hasta finales del siglo XVII. El fin de la estructura de poder no implicó el fin de la cultura y el ejemplo más claro lo encontramos en la lengua. A día de hoy, se han contabilizado casi 30 lenguas mayas, de las cuales 20 están en peligro en extinción. Aunque el dato pueda parecer desalentador, se está promoviendo el trabajo de profesores que hablan en maya y castellano para que no se pierda el idioma. Las estimaciones oficiales apuntan a que 1.200.000 personas manejan la lengua maya, aunque eso no garantiza que se entiendan entre sí, porque los dialectos varían de zona a zona.

El juego de la pelota

El ‘baloncesto maya’ se ha extinguido, pero es una de las prácticas más llamativas de esta civilización. Consistía en pasar por un aro una pelota de caucho que tenía prácticamente el mismo diámetro y se solía jugar en equipos de hasta cinco participantes.

No solamente intenban ganar, jugaban su partido particular contra las lesiones. Los encuentros eran peligrosos porque se usaba una pelota  que podía pesar hasta 3 kilos y únicamente se podía tocar con los codos, los hombros, las rodillas o las caderas. Para evitar lesiones, fabricaban rodilleras y coderas con el caparazón de tortugas o  armadillos.

El juego honraba a los dioses y en ciudades como Chichén Itzá el equipo ganador tenía un privilegio: el mejor de sus jugadores era decapitado en ofrenda a los dioses.  En Ek Balam, con una cancha de pelota mucho más modesta – siete veces más pequeña – no hay datos de que hubiera sacrificios humanos.

El canibalismo

Una de las creencias más habituales es pensar que el canibalismo era común entre los mayas. La realidad es otra, porque los casos documentados apuntan a que se practicaba en situaciones muy puntuales. Cuando se ganaba a un guerrero excelente, su rival podía comer algunos de sus órganos, pero no únicamente por una cuestión bélica, también porque creía que así podía heredar alguna de las cualidades de su enemigo.

Las murallas eran defensa y barrera social

Ek Balam es una ciudad con tres murallas pero solo una tenía una función defensiva, el resto servían para establecer diferencias de clase. La muralla separaba a los reyes y la élite de la gente común, que se situaba en los alrededores del centro sagrado, considerado como el “centro del universo”.

Construir templos y transportar todo tipo de materiales tenía consecuencias para la salud de los habitantes. Los mayas desarrollaban graves problemas de columna y es por eso que esta  población caminaba semierguida.

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