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Lunes, 17 de Febrero de 2020

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"Ya no nos aferramos a un hombre"

La igualdad no ha llegado a poblados como Pixilá. Las mujeres quieren trabajar, pero una mayoría de hombres siguen oponiéndose a que su vida no dependa de ellos

Conchi Trujeque. /

Cuauhtémoc Pixilá (México)

En Izamal la vida no es fácil. Los turistas siguen prefiriendo pasar el día en las playas de Cancún y pocos escapan a esta pequeña ciudad donde se encuentra el Convento de San Antonio de Padua, el lugar en el que se planificó la evangelización de los territorios conquistados. A cuatro kilómetros de allí, la vida es todavía más cuesta arriba. Hay poblados con apenas centenares de personas, donde no llegan ni las migajas del turismo. Hoy la Ruta BBVA ha parado en Pixilá, con cuatro autobuses que desplazan a los 'ruteros' y a la organización. Allí, nadie recordaba algo igual,

Las mujeres quieren trabajar

La herencia maya en Pixilá está presente no solamente en la lengua que hablan, también en un machismo heredado que no entiende que una mujer quiera trabajar. Ricardo es trabajador social y con 22 años recorre los poblados de la zona explicando a los hombres que las mujeres deben tener la opción de formarse y tener un empleo. Las reacciones son de sorpresa y algunos le preguntan: "¿Pero cómo van a trabajar las mujeres?". Poco a poco, los hombres han tomado conciencia , pero ser joven y no hablar maya perjudica a este entusiasta de la igualdad:  "No se sienten identificados con los psicólogos y los trabajadores sociales porque vivimos otra realidad, nos consideran como extranjeros".

Conchi ha roto con esa tradición, en la que las esposas únicamente tienen espacio si es "cocinando y cuidando a sus hijos" y dice sentirse feliz por "no tener que aferrarse a un hombre" para vivir. Hasta hace poco, era impensable que las mujeres salieran de casa sin el permiso de los hombres y hoy una visita de hija a madre tiene que ser justificada.

A sus 22 años, es madre soltera y quiere que su hija Valeria tenga un futuro mejor. Ella es una de las 40 mujeres que trabaja en un centro de capacitación para aprender a  hacer muñecos de papel maché, bordados y hamacas. Con lo que gana, consigue pagar la vestimenta de su hija y la escuela. El suyo es un paso importante hacia la igualdad en las comunidades mayas, aunque queda mucho camino por delante. Pixilá tiene una población de unas 300 personas de las cuales la mitad son mujeres. La cuenta deja claro que el machismo todavía gana, porque 110 decidieron no ir al centro.

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