Viernes, 22 de Octubre de 2021

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Análisis

'Algo pasa con Ana', la vergüenza ajena hecha reality

Ana Obregón presenta en el FesTVal de Vitoria su primer docu-reality

Logo oficial de 'Algo pasa con Ana'

Logo oficial de 'Algo pasa con Ana' / DKISS

Uno se pregunta a menudo por qué una productora y una cadena deciden emitir según qué programas de televisión. Esa cuestión vuelve a surgir después de visualizar el capítulo piloto de Algo pasa con Ana, un docu-reality protagonizado por la polifacética Ana Obregón.

La alfombra naranja del Teatro Principal de Vitoria se desplegó este jueves para recibir a la protagonista y compartir el primer episodio con los medios de comunicación. A pesar de que los avances prometían diversión, naturalidad y una Obregón en estado puro, el resultado se aleja de todo eso para ofrecernos un programa que llega a desvirtuar el concepto docu-reality.

El tiempo es oro, así que no nos vamos a andar con rodeos. Algo pasa con Ana es malo. Seguramente lo peor que se ha hecho en años. El bochorno y la vergüenza ajena se convierten en dos sentimientos encontrados durante una hora aproximada de suplicio y agonía. Y es que aposta no les hubiese salido tan mal.

La versión moderna de 'Ana y los 7'

Algo pasa con Ana sigue el día a día de la actriz y presentadora. Una rutina que a priori puede parecer interesante, pero que unos minutos de metraje sirven para darte cuenta que la intención de Anita no es mostrarnos sus quehaceres diarios, es imponernos una realidad paralela y friccionada más acorde a Ana y los 7. En este caso, su hijo Alejandro ocupa el rol de Nando (Aarón Guerrero) en la mítica serie de TVE.

Cada escena está guionizada al milímetro, tanto el contenido en sí como la trágica interpretación de la gran protagonista. Las situaciones están rebuscadas y forzadas. Famosos como Aless Gibaja están introducidos a la fuerza y sin ningún tipo de justificación. Concretamente, el influencer acude a la casa de Ana para “disfrutar” de un partido de fútbol, deleitándonos, junto a la protagonista, con una secuencia torpe, escandalosamente bochornosa y el ejemplo perfecto de lo que no se debe hacer en este género.

La rebelión de las asistentas

Primero llegó María en Las Campos y ahora lo hace Dorina, una mujer filipina encargada de las labores del hogar de Ana Obregón. Apenas sale unos minutos en pantalla, pero su aparición da naturalidad al programa y sienta fenomenal a la dinámica del capítulo.

Al frente, una productora de éxito

Llama especialmente la atención que Globomedia, una productora de referencia durante muchos años, sea el artífice de este producto tan esperpéntico. Un producto que llega a veces a ofender por tratar con tanta frivolidad un tema espinoso como la rehabilitación neurológica.

En Alaska y Mario tenían un buen ejemplo de lo que gusta y busca el público. Error por parte de la productora el tomarse libertades "creativas" con un personaje tan exprimido socialmente. También es cierto que Globomedia siempre se ha desenvuelto mejor en la ficción y los espacios guionizados.

Durante la presentación, Francisco Díaz Ujados, director de DKISS, decía que la vida de Ana Obregón merece ser contada. Señoras y señores, nada que ver.

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