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Domingo, 29 de Marzo de 2020

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Maternidad

De los pañales de gasa al sacaleches: así ha cambiado la maternidad en España

Cuatro madres de distintas generaciones cuentan cómo fue criar a sus hijos en los años 40, 60, 90 y en la actualidad. Los cambios en el modelo de familia y la emancipación femenina han marcado nuestra forma de crecer y de estar en el mundo

Andrea Martínez, Mari Luz Vitoria, Marisa Casas y Rocío Lucas (de izquierda a derecha y de arriba abajo).

Andrea Martínez, Mari Luz Vitoria, Marisa Casas y Rocío Lucas (de izquierda a derecha y de arriba abajo). / CADENA SER

En España ya mueren más personas de las que nacen. La media de hijo por mujer es de 1,33, por debajo de la media europea que se sitúa en 1,58. Se ha disparado el número de cesáreas hasta el 25% y los científicos alertan de sus consecuencias en la evolución humana. Las publicaciones sobre crianza se han multiplicado, tanto como las etiquetas que intentan definir formas de crianza: padres helicóptero, tigres, los excesivamente permisivos o los pasotas.

La educación forma parte ahora de la agenda de los políticos permeables también a favorecer la conciliación familiar. Lejos del ambiente de la posguerra cuando la Sección Femenina, la rama de la Falange, proponía 11 reglas para mantener feliz a tu marido, que incluían pautas sobre el cuidado a los hijos.

Directrices ofrecidas a las madres por la Sección Femenina en 1953. / Sección Femenina

Entre ambas realidades se han criado cuatro generaciones que llegan hasta nuestros días. Hay diferencias y similitudes en el relato de estas madres que les ha tocado vivir diferentes épocas en la Historia de España, desde la Guerra Civil, a la dictadura, pasando por una incipiente democracia y hasta la consolidación de un mundo globalizado.

1. ¿Con cuántos años fue madre?

- Andrea Martínez de Laguna (Torrecilla en Cameros, La Rioja, 1913): en 1942, con 29 años. Vive en Logroño junto a su hija de 74 años. Trabajó desde los 11 en una fábrica de lanas hasta que se casó con 27. Dos años más tarde nació Adoración. La Guerra Civil retrasó, a la fuerza, la maternidad.

Andrea Martínez antes de casarse. / Familia

- Mari Luz Vitoria (Bilbao, 1949): en 1967, con 18 años. Trabajó en una tienda de golosinas, otra de juguetes y en una fábrica de calzado. Cuando se casó la echaron: "Me dijeron que ya tenía quien me mantuviera". Tuvo a su primera hija a los 18 años y a las dos semanas dar a luz su marido se marchó a la mili. Pasó 24 meses en la Marina y solo podía pedir de permiso para ver a su hija cada cuatro o cinco meses. "Fueron dos años muy duros, me quedé en casa de mis padres, pero ni dejaban que mis amigas vinieran a visitarme", recuerda Mari Luz que sigue disfrutando de sus dos hijas y de sus tres nietos en Amorebieta. "Echando la vista atrás y teniendo claro que ser madre es lo mejor del mundo, no puedo evitar pensar que al haber sido una madre tan joven me ha faltado algo más que hacer en la vida", asegura.

- Marisa Casas (Madrid, 1961): en 1995, con 34 años. Dice que tardó mucho en ser madre en comparación con sus amigas. Continúa trabajando en un pequeño comercio propio en Carabanchel (Madrid). Vive intensamente la maternidad a través de su blog y de las redes sociales, en connivencia con sus hijos de 21 y 16 años. "El otro día en Twitter nos enzarzamos en una discusión sobre el consumo de alcohol en adolescentes", explica Marisa.

- Rocío Lucas (Salamanca, 1978): en 2013, con 35 años. Con un año se trasladó a Valladolid donde ahora vive con sus hijos de 4 años y 13 meses. Algunas de las actividades que realizan en familia las comparte en Facebook. La crisis cerró la empresa en la que había trabajado como delineante durante 12 años. Hace cursos de formación y espera regresar al mercado laboral.

2. ¿Cómo fue el parto?

- Andrea (103 años): en su casa de Torrecilla en Cameros (La Rioja), de forma natural y asistida por su hermana que era matrona. El parto fue largo y difícil. No había médico. Ni siquiera estuvo el padre de la criatura. "Cuando estaba dando a luz, mi hermana le dijo a Félix que se pusiera detrás para ayudarme. Él insistía en que se tenía que ir a trabajar y se marchó. Las mujeres entonces se veían más solas", cuenta.

- Mari Luz (68 años): el parto fue natural y sin epidural. "A huevo, con mucho dolor y muy largo porque no dilataba. Lo pasé muy mal", recuerda. Su marido no estuvo porque "antes no les dejaban entrar y se quedó fuera". Su primer control médico del embarazo lo tuvo en la semana 20, justo a la mitad de la gestación, cuando ahora a las 12 semanas se considera fundamental hacer una primera prueba de cribado para descartar múltiples enfermedades. No hubo ningún curso de preparación al parto, ni una lectura sobre embarazo.

Marisa, en la actualidad, con sus hijos. / Familia

- Marisa (55 años): natural en los dos casos, uno muy lento y otro muy rápido. Su marido estuvo presente: "no sé cómo se atrevió, ni cómo no se desmayó, pero sí, estuvo". El primer control del embarazo fue a los 3 meses, luego a los 6 y  el último al final de la gestación. Siempre con análisis y ecografía. El segundo embarazo fue de alto riesgo por su edad, 39 años. "Siempre he sido la madre más mayor de la clase de mi hija". explica.

- Rocío (39 años): los dos fueron naturales, el segundo  sin epidural. No hizo ecografía 3D porque no le llamaba la atención, pero esta opción es muy extendida en la actualidad. Bueno, en realidad ya vamos por las ecografías 4D. El primer control del embarazo fue a los dos meses. Por el seguro privado, acudía al ginecólogo cada mes y por la seguridad social a los 3, 6 y 9 meses. Leyó libros como Bésame Mucho y consultaba una web que contaba la evolución mes a mes. Información nunca le faltó. Dio a luz en un hospital público, al igual que Marisa y Mari Luz.

3. Lactancia materna, biberones y sacaleches

- Andrea (103): la lactancia duró seis meses y la crianza era solo para ella. "Por la noche, cuando el bebé lloraba mi marido se enfadaba. Entonces la echaba a mi lado en la cama para darle el pecho y se quedaba dormida", recuerda.

- Mari Luz (68): en el hospital no le explicaron nada sobre la lactancia que mantuvo durante cuatro meses. Era algo que no se discutía ni se elegía. "Nunca se metieron en la cama, solo alguna vez para dar el pecho. "¡Ahora oigo que hay mujeres que hasta echan a sus maridos de la cama!", se sorprende.

- Marisa (55): comenzó lactancia materna con el primer hijo, pero lo dejó al mes, "una depresión posparto me hizo abandonar". Con el segundo hijo, la mantuvo hasta casi el año porque se llevaba el sacaleches al trabajo. Sacaleches manual, que el eléctrico aún no se había inventado.

 - Rocío (39): lactancia materna a los dos. Al primero, los cuatro meses de la baja laboral, una vez que se incorporó a trabajar era "incompatible". Con el pequeño, la cosa ha sido distinta y ha estado con lactancia materna 10 meses. "Al quedarme en paro le he podido dar hasta que él la ha querido". Con los dos tuvo que usar sacaleches: "En una ocasión porque un pecho no lo cogía bien y yo me la sacaba y se la daba en biberón, y en la otra por la gran cantidad de leche que tenía hasta que se reguló".

Andrea (al fondo) con su hija Adoración. / Álbum familiar

4. ¿Cuándo fueron al colegio?

- Andrea (103): no había guarderías. Adoración se quedó en casa con su madre hasta que fue al colegio a los 6 años. La cuidaban sus tías cuando era necesario.  Era una época de familias grandes. "Yo quería ser peluquera, pero no me dejaron y me quedé de ama de casa", rememora Adoración. "Se trataba de una educación básica y no te enseñaban como ahora que están más encima. Entonces, entre la Falange y la religión ya estaba cubierto todo". La única actividad fuera del colegio eran las clases de costura. "Teníamos que aprender a bordar y a coser. La ropa nos la hacíamos nosotras. Aprendí en un taller donde llegaban los viajantes con los medios patrones y como yo era alta y delgada solía hacer de modelo", explica Adoración.

- Mari Luz (68): la hija mayor no fue a guardería porque no había. Con la pequeña se unieron a varios vecinos e hicieron una cooperativa.

 - Marisa (55): a los dos años fueron a la guardería y desde las seis semanas de vida se quedaban con los abuelos para que ellos pudiesen ir a trabajar.

- Rocío (39): el mayor entró con un año en la guardería, hasta esa fecha le cuidaban los abuelos que luego también se encargaban de recogerlo hasta que llegara su madre del trabajo. Con el pequeño, tiene pensado llevarlo el próximo curso, con 20 meses. Ahora, le cuidan los abuelos por las mañanas porque ella acude a un programa para la empleabilidad.

Mari Luz, en la actualidad. / Álbum familiar

5. De los pañales de gasa al invento de las toallitas húmedas

- Andrea (103): no existían los pañales de usar y tirar, había que utilizar unas gasas grandes y colocarlos con braguitas.

- Mari Luz (68): explica que lo peor de la crianza eran los pañales, "una especie de gasa blanca por donde escapaba todo los pillaras como los pillaras". Sin lavadora, tocaba limpiarlo a mano, echarle lejía para blanquearlas y luego hervirlas para que no irritaran los culetes. Esa tarea ocupaba buena parte de la jornada.

- Marisa (55): llegaron los pañales desechables, aunque las toallitas húmedas se hicieron de rogar. Cuando su hijo mayor nació, ahora tiene 21 años, las toallitas no existían. "Esas llegaron un par de años después", recuerda.

- Rocío (39): el uso de pañales y toallitas desechables está generalizado.

6. El momento de la merienda

- Andrea (103): le daba a su hija pan con azúcar y vino o chocolate, lo habitual en esa época. Tanto que en la publicidad del vino más popular, Quina Santa Catalina, el protagonista era un niño que recomendaba la bebida con el eslogan: "Es medicina y es golosina".

- Mari Luz (68): siempre, bocadillos, nada de fruta o bollos industriales.

- Marisa (55): bocadillos de jamón, chorizo y otros embutidos.

- Rocío (39): habitualmente toma un zumo de naranja natural, algún día lo acompaña de jamón serrano o de york, y algún lácteo. Esporádicamente come un mini bocadillo de queso.

7. Los regalos de los Reyes Magos (o Papa Noel)

- Andrea (103): los Reyes eran generosos a pesar de las penurias de la época. A casa llegaron cacharritos de cocina que no eran de plástico. "Eran mejores que los de ahora, recuerdo una garrafa de leche de juguete que llenaba todos los días y me la bebía". Lo que nunca llegaron fueron bicicletas y patines, aunque se incluían en la carta a Sus Majestades.

- Mari Luz (68): casitas de muñecas, cuentos, juegos de mesa y un bingo. A la hija pequeña también le traían coches y camiones. Siempre caía ropa, zapatos o estuches para la escuela. Papa Noel nunca dejó regalos.

- Marisa (55): en esta casa también han triunfado siempre los Reyes Magos. Cada año llenan el salón de globos, cuentos, caramelo y regalos. Pueden traer de todo: galletas o champús, incluso escobas. No faltan los pares de calcetines, algún libro, algo que hayan pedido y una sorpresa.

- Rocío (39): antes llegaban los Reyes Magos, pero desde que sus dos hermanos viven fuera de España, es Papa Noel el que hace su aparición el 25 de diciembre. Las pasadas navidades le trajeron al mayor dinosaurios, juegos de construcción y rotuladores. Y al pequeño, un grifo que coge agua de la bañera y la va tirando en forma de chorro.

8. Los deberes

Andrea durante la celebración de su fiesta de centenario. / Álbum familiar

- Andrea (103): mandaban muy pocos deberes.

- Mari Luz (68): las hijas pasaban la tarde jugando en la calle y haciendo algunos deberes. “Nunca me pidieron ayuda para hacerlos, antes no se preguntaba. Los hacían por su cuenta. Se criaban de otra manera", recuerda.

- Marisa (55): explica que casi no hacen otra cosa más que estudiar, menos el viernes por la tarde que descansan.  Los deberes comenzaron en 3º de Primaria y hasta finales de la ESO no eran "demasiados". Dedicaban una hora diaria a las tareas.

- Rocío (39): aún no tiene deberes porque el mayor va a Infantil.

9. El papel del padre

- Andrea (103): su marido siempre estaba trabajando. Estudió delineación y fue durante un tiempo chófer. Las tareas del hogar se las dejaba a Andrea, lo mismo que la educación de su hija.

 - Mari Luz (68): en muchas ocasiones y por el horario laboral de la pareja, el padre pasaba la tarde con las hijas. "No estaba encima de ellas y cuando yo llegaba la casa y la comida eran enteras para mi", explica.

- Marisa (55): su marido ha tenido horarios de trabajo tan extensos que se iba antes de que los chicos se levantasen y volvía a la hora de cenar. "A diario me tocaba a mi casi todo, por supuesto las decisiones importantes siempre han sido a medias", dice.

- Rocío (39): implicación total de su marido. Tanto las tareas del hogar como la crianza de los hijos se reparten de forma igualitaria.

A la hora de poner palabras para definir qué significa ser madre, las cuatro coinciden en cómo la vida se pone patas arriba, las prioridades cambian, las dificultades crecen y las alegrías compensan. En ocasiones, se sorprenden diciendo a sus hijos las mismas frases que escucharon  de pequeñas. Desde sus 103 años, Andrea está convencida de que educó mejor a su hija que su madre a ella. "Ser madre significa la felicidad", afirma. Marisa cree que los hijos nacen para estresarnos: "Da igual si estudian o si no lo hacen, si comen o duermen mucho o poco, todo será estresante", afirma resignada con una sonrisa.

(Agradecimiento: a la bisnieta de Andrea Martínez, Andrea Terroba, que le realizó la entrevista).

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