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Domingo, 20 de Octubre de 2019

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¿Por qué te deberían importar las elecciones europeas? (Aunque no lo creas)

Cada cinco años votamos a nuestros representantes en el continente, muchas veces sin tener un conocimiento claro de qué significa esto y, sobre todo, cómo afecta a nuestra vida diaria

Bruselas sería como la RAE: limpia, fija y da esplendor. Con el interesante añadido de que, además, la mayor parte de los que toman decisiones son también hombres. /

La sociedad española es especialmente desafecta respecto a los comicios europeos; la participación ha sido irregular desde 1986, año en que entramos en la CEE (Comunidad Económica Europea) y alcanzó el mínimo histórico en 2014, con un 43,81%. Todo en un contexto en el que la construcción europea, tanto de valores como en lo institucional, ha llegado a un punto de indefinición importante.

El surgimiento de partidos de extrema derecha y su entrada en varios parlamentos nacionales, además de su previsible ascenso en la cámara europea, es la prueba de que algo ocurre con los principios que forjaron la unión.

“No habrá paz en Europa si los estados se reconstruyen sobre una base de soberanía nacional”, decía Jean Monet, padre fundador, refiriéndose a dejar de lado los preceptos nacionalistas para iluminar una nueva organización que sería sede del poder popular europeo.

Las propuestas euroescépticas ganan apoyo después del fantasma de la crisis y el eje Francia-Alemania no encuentra, todavía, el camino con el que restañar las heridas. Con esto, el próximo 26 de mayo varios millones de europeos están llamados a las urnas con un previsible ascenso paradójico de grupos que no quieren estar en Europa.

¿Qué elegimos?

Hay un total de 751 diputados para 28 países miembros que se reparten proporcionalmente en función de la población. Se atribuye un mínimo de seis diputados a los países menos poblados, Malta o Chipre, y un máximo de 96 a los más populosos, véase Alemania. A España le corresponden 54 eurodiputados para 47 millones de habitantes, aunque en un futuro podrían ser 59 como consecuencia del brexit. En ese caso habría una reconfiguración parlamentaria y los escaños pasarían a ser 705. Reino Unido ya ha dicho que participará en los comicios europeos, está por ver qué ocurrirá con su definitiva salida.

Los cargos electos pueden adscribirse a cualquiera de los grupos políticos en que se constituye el Parlamento, asumiendo con ello sus reglas de disciplina y funcionamiento interno. Así, por ejemplo, el PP está dentro del grupo de populares europeos, el más numeroso con 265 parlamentarios. Las funciones de los diputados son claras: participar en las comisiones, votar las resoluciones de la cámara, solicitar información para el desempeño de su actividad y formar parte de las delegaciones con terceros países. El eurodiputado es representante del pueblo europeo, no del partido al que se adhiere; por tanto, un español representa también a un rumano o a un francés.

Europa… ¿para qué?

El Parlamento es la encarnación de la soberanía europea. Cuando depositamos nuestra papeleta lo hacemos, en ocasiones, sin saber qué políticas o decisiones se van a tomar. Sin ir más lejos, la Constitución española ha tenido dos reformas, las dos por tutela europea. La primera, para añadir una frase que permitía a otros ciudadanos europeos obtener el derecho de sufragio pasivo, es decir, ser elegidos en países distintos a los suyos. La segunda sustituyó íntegramente el artículo 135 para introducir el principio de estabilidad presupuestaria que afectó a todas las administraciones españolas. Esto abrió el camino para fuertes reformas impulsadas desde una Europa que se ahogaba en la crisis.

Lo cierto es que la buena salud económica de un estado miembro es imprescindible para la de otros socios comunitarios, por tanto, Europa es importante por las relaciones de interdependencia existentes: si les va bien a ellos, a nosotros también.

Hemos evolucionado desde un mercado común hasta una unión económica y monetaria. Esto ha permitido el desarrollo de proyectos con participación de empresas de distintos países, una mayor especialización sectorial, mejores precios en los productos porque no hay aranceles y, por supuesto, la fortaleza del euro como moneda que resiste ante presiones desestabilizadoras y mantiene el régimen financiero casi sin fisuras. Todo esto se decide en Bruselas.

Fernando Arancón, director de El Orden Mundial (EOM), dice que “la labor que se hace en Europa se ve como algo que no nos afecta, pero luego tiene una importancia brutal” y añade que “las leyes y disposiciones que se aprueban en Europa son como una expresión constitucional" porque "lo que venga de Europa se inserta en el ordenamiento jurídico sin mayor discusión”. El analista entiende que las instituciones europeas han hecho un mal trabajo comunicativo porque “no han hecho ver a qué se dedican, el Parlamento parece un ente ultra burocratizado”.

Limpia, fija y da esplendor

Los instrumentos legales europeos son bastante exhaustivos y amplios. Más allá de las recomendaciones que puedan fijar los órganos legislativos, hay dos actos que son inexcusables: los reglamentos y las directivas. Los primeros han de implementarse “en su integridad” en toda la UE. Así ocurrió, por ejemplo, con las medidas para salvaguardar los productos importados. La intención era generar una política comercial uniforme y hacernos más fuertes de cara al exterior.

Por otro lado, las directivas son normas que fijan una serie de objetivos a cumplir por los países miembros, pero da pie a que cada uno elabore sus propias leyes para satisfacerlos. España es famosa por incumplir sistemáticamente las directivas ambientales sobre protocolos anticontaminación. No es la primera vez que Europa nos tira de las orejas con cuantiosas multas. Bruselas sería como la RAE: limpia, fija y da esplendor. Con el interesante añadido de que, además, la mayor parte de los que toman decisiones son también hombres.

Diego Mourelle, analista de la Unión Europea en EOM, considera clave estas elecciones europeas porque “España por primera vez puede ser un dique contra el auge del euroescepticismo”. Con la salida de Reino Unido, nuestro país podría buscar una suerte de G3 con Alemania y Francia en donde “un reforzamiento del poder en las instituciones se puede traducir en beneficio para la ciudadanía”.

Países con más influencia política en Europa. / EOM

Estas elecciones estarán marcadas, según Mourelle, por la aprobación del marco financiero plurianual en el que España “dejará de ser receptora de fondos netos de Europa” y pasará a aportar al capital comunitario más de lo que ingresa. Es decir, España pasará a entrar en la lista de los “ricos”.

Problema de poder o de percepción

Todas las grandes decisiones de política fiscal, económica y financiera pasan por el filtro de las instituciones comunitarias, para bien o para mal. En este sentido, los ciudadanos europeos usamos nuestra breve soberanía a través de los eurodiputados que, en mayor o menor medida, trabajan para crear la Europa que hemos elegido.

Desde el Tratado de Lisboa, texto legal que marca las directrices de la Unión, las relaciones exteriores están muy determinadas por nuestra inclusión en la UE. Más allá de los acuerdos bilaterales que pueda tener España, las grandes decisiones que afectan a la firma de tratados internacionales pasan sí o sí por las instituciones europeas. Los puentes con terceros países se construyen, en bloque, desde Bruselas. Es tan grande y cada vez más fundamental la cohesión comunitaria que nuestro ministerio de Exteriores tiene una secretaría de Estado dedicada exclusivamente a las relaciones con la UE.

Según el politólogo Ricardo Gómez, de Cámara Cívica, “las elecciones europeas nos afectan directamente; a la gente, sin embargo, no le llega el poder, pero existe y es muy fuerte. Todo lo que ocurre en España a grandes rasgos es porque ha venido previamente de Bruselas. Casi siempre el presidente del Gobierno de turno lo que hace es responder a unas directrices que le han marcado desde Europa.”

Todos coinciden en que el 26 de mayo será una fecha importante. La celebración simultánea de tres votaciones (autonómicas y locales, también) puede hacer que aumente la participación por primera vez en 20 años. José Félix Tezanos, presidente del CIS, ya ha apuntado que se prevé un porcentaje superior al 60%, algo “bueno” ante la división que encontraremos en el Parlamento Europeo entre los euroescépticos y partidos que apuestan por profundizar la integración.

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