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Lunes, 19 de Agosto de 2019

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El festival en el que todo es una zona vip

Este fin de semana se ha celebrado la tercera edición del 17º Ribeira Sacra Festival que ha vuelto a aunar música, paisaje y vino

Decía Jacobo Serra a bordo de un catamarán por el río Sil que "este es el concierto más bizarro, pero bonito, que he dado en mi vida". Le acompañaba sentado en otra butaca Ángel Carmona. Ambos, guitarra en mano, añadieron lirismo a los sonidos que acompañan normalmente a esa ribera lucense escalonada por bancadas de vides y cepas de Mencía. Tocó Serra, entre otros temas, 'Vacaciones en el mar', una canción inspirada en los divorcios estivales. En su concierto no hubo ni mar, ni divorcios. Pero sí que hubo agua y mucha comunión.

Por el 17º Ribeira Sacra Festival pasaron este fin de semana artistas como el propio Jacobo Serra, Champs, Delafé, Soledad Vélez, Mcenroe, Enric Montefusco, Los Enemigos o Kevin Johansen que sacó a bailar al escenario a medio festival en la jornada del sábado, entre bossas novas, cumbias y tangos. Johansen hurgó en los sonidos igual que había hecho minutos antes Jonathan Wilson con su disco 'Rare Birds'.

El 17º Ribeira Sacra Festival no aspira a convertirse en un evento de masas, tampoco las necesita, tampoco le vendrían bien. Está en su aforo comedido, a ratos incomunicado, su mayor atractivo. Un aforo que bascula entre los nueve escenarios que se reparten por la zona. Pero aquí no hay descampados, ni césped artificial, ni pabellones. Aquí hay miradores, paradores, abadías, bodegas escondidas entre carballos o cañones escarpados; escenarios con vistas espectaculares que ofrecen miradores como el de Santiorxo o bodegas como Regina Viarum. Tampoco hay zonas vips, porque lo vip es el entorno.

Todos en la zona parecen involucrados con el Festival. Los propios taxistas, guías turísticos espontáneos, te cuentan las bondades de la tierra en la que se escondieron hace siglos los monjes para su retiro; tierra regada por el vino que aspira a ser Patrimonio de la Humanidad en 2021. No sólo te podías mover en taxi, también en autobuses que iban de un escenario a otro venciendo las curvas.

Tiene sentido que un festival se celebre entre viñedos porque el vino y la música tienen mucho en común. Ambos son cambiantes, ambos tienen su propia  naturaleza. El 17º que lleva impreso el nombre del Festival no se refiere al número de ediciones, sino al grado de inclinación los viñedos de esa tierra entre Lugo y Ourense. Aunque seguro que se llega también a la decimoséptima edición, el marco y la propuesta bien lo merecen.

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