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Lunes, 09 de Diciembre de 2019

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Una bandera negra en el Thyssen alerta de un mundo en llamas

El Museo Thyssen presenta en su patio una instalación del artista John Gerrard que simula virtualmente una bandera que emite hileras de humo negro, coincidiendo con la Cumbre del Clima

Western Flag (Spindletop, Texas) 2017. John Gerrard. /

Una bandera ondea desde este lunes en el patio del Museo Thyssen-Bornemisza. Una bandera que emite hileras de humo negro en un lugar desértico y abandonado. Parece real pero es virtual. Se trata de la obra Western Flag (Spindletop, Texas), 2017, una simulación realista de una bandera compuesta por una emisión ininterrumpida de hileras de humo negro. Un trabajo del artista John Gerrard que le encargó en 2017 Channel 4 con motivo del Día de la Tierra y que llega por primera vez a Madrid coincidiendo con la celebración de la Cumbre del Clima.

La instalación representa un mástil situado en una réplica perfecta de lo que fue el primer pozo petrolifero del siglo XX, ahora convertido en una salina, en Spindletop, Texas, nacimiento de la industria moderna del petróleo. Su creador, el artista John Gerrard, pone de manifiesto el hecho de que el CO2, resultado de las emisiones de la quema de petróleo en ese lugar, aún existe hoy, aún nos envuelve de manera invisible. El artista propone esta imagen de una bandera negra como "un símbolo del mundo occidental, del voraz consumo de energía y del hiperacelerado orden económico mundial".

Western Flag es un objeto de carbono para un mundo en llamas, un monumento para un siglo de consumo. De acuerdo con la COP25, muestra el riesgo potencial que representa el CO2 en una imagen, una manera de representarlo políticamente”, explica John Gerrard. El artista señala que se trata de "un recordatorio de la lenta agresión ambiental dirigida a la biosfera, que augura el oscuro legado de la supremacía occidental y el colonialismo. Una violencia que es tan indefinida, oscura e creciente que es casi imposible capturarla en imágenes. Una violencia cuyo efecto sufrirán las generaciones venideras".

El creador explicaba este lunes en la presentación de su obra que utiliza técnicas que se emplean en los carteles publicitarios que podemos encontrar en los márgenes de cualquier carretera y que, a pesar de que el público pueda pensar a primera vista que se trata del registro en tiempo real de una cámara instalada en ese lugar, no es así: "es un algoritmo, es información, son cinco mil líneas de códigos, es software".

Para Soledad Gutiérrez, comisaria de la Fundación TBA21 que preside Francesca Thyssen-Bornemisza -responsable de esta iniciativa apoyada por el Ministerio de Cultura-, las obras de Gerrard son "esculturas de realidad virtual, Gerrard es un escultor de mundos paralelos que recrean aspectos que nos hacen cuestionarnos nuestra propia realidad". La comisaria explicaba este lunes que no es la primera vez que el artista ha abordado este tipo de asuntos a lo largo de su trayectoria, ya que en obras anteriores ha planteado la relación entre el consumo de energía eléctrica y la generación de bitcoins o los procesos de producción en factorías de cerdos.

“Los artistas tienen la capacidad de crear imágenes icónicas que representan el imaginario colectivo. Sus huellas en nuestra conciencia colectiva tienen el potencial de instigar un discurso público de amplio alcance y contribuir a generar una respuesta cultural a la emergencia ambiental a la que nos enfrentamos. El arte contemporáneo tiene la capacidad de transmitir mensajes cautivadores que nos ayudan a comprender y empatizar con temas que de otro modo serían demasiado vastos, demasiado explosivos, o demasiado remotos para comprenderlos individualmente o a un nivel racional”, ha explicado Francesca Thyssen-Bornemisza, fundadora y presidenta de TBA21.

La instalación se podrá ver de forma ininterrumpida durante 24 horas hasta el próximo 13 de diciembre.

 

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