Sábado, 28 de Noviembre de 2020

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Entrevista a Raúl Zurita

"Es más difícil escribir un poema que un puente porque la escritura tiene el peso de lo real"

El ganador del Premio Reina Sofía de Poesía, Raúl Zurita, habla de su vida y su obra desde el despacho de su casa de Chile donde está preparando su último libro

De él han escrito que hace una poesía ácidamente cruel y liberadora. Lleva más de 50 años escribiendo. Una escritura donde pesa su formación de ingeniero, su admiración por Dante; su obsesión por la estructura o el método, y su mirada siempre apegada y comprometida con su país. Raúl Zurita, que nació en Santiago de Chile en 1950, es memoria viva de una época oscura Chile de la que muchos hoy, más que nunca, están saliendo a la calle para deshacerse de ella. Hace unas semanas recibió el Premio Reina Sofía de Poesía, uno de los galardones más prestigiosos en lengua española. Un galardón, dice, que le permite vivir su "minuto de felicidad" en medio del "apocalipsis". Zurita nos atiende por teléfono desde el despacho de su casa donde sigue escribiendo cada día.

Hace unos días ha recibido un homenaje en la Embajada de España en Chile. En ese acto usted dijo que, incluso en el apocalipsis, todos tienen derecho a su minuto de felicidad.

La situación está siendo muy dura en Latinoamérica en los últimos años. Con una desigualdad tan abismal, tanta injusticia y tanta indiferencia; cualquier alegría está atemperada por esta situación general. Así que sí, todos tenemos derecho a nuestro minuto de felicidad. En mi caso a alegrarme por este premio tan honroso, que significa para tanto para mí y para la poesía. Es una alegría sin complejos, estoy muy contento.

¿Lo entiende también como un reconocimiento a la poesía que se hace en Chile?

Por razones que son misteriosas la respuesta más profunda del pueblo chileno siempre ha sido la poesía. Las razones las ignoro. Pero hay que tener en cuenta la obra de Rojas o de Pablo Neruda para entender que es un país donde la expresión se da a través de esa forma. Y en Latinoamérica en general la poesía ha tenido mucha fuerza y la sigue teniendo. Pero en Chile es un caso bastante especial, hay mucha fuerza, y muy amplia. Uno no está solo, porque va de la mano con estos compañeros que lo han precedido y que seguramente seguirán ahí para los que vienen. Es un río que te da una cierta confianza, porque de lo que no has hecho bien tú; otro lo ha hecho bien. Si no he conseguido hacer algo bien, otro lo ha hecho. En Chile no hay una tradición que aplaste; es una tradición que libera, y al mismo tiempo también forma parte del gran caudal de la poesía española y de una lengua donde Chile es una provincia del castellano. Es la lengua que nos nutre y es la única que tenemos también.

¿En qué momento vital y en qué momento de su escritura llega este galardón?

Tengo 70 años, la poesía ha sido mi vida, para bien o para mal. Y en medio de todo eso, las vicisitudes de cualquier existencia: encuentros, amores, separaciones.. tengo una vida que no ha sido precisamente una vida muy tranquila. El premio, en cualquier caso, me pilla en lo que he estado siempre tratando de hacer: escribir y pensar. A ver si todavía queda alguna neurona que pueda explotar un poquito más.

¿Está ahora escribiendo o trabajando en algo en concreto?

Estoy terminando un libro que sé cómo se llama y ni siquiera sé todavía no sé si es un poema, una novela, no lo sé... el libro mandará, él lo decidirá.

Ha dicho alguna vez que entiende la escritura como un refugio ¿Cómo se acerca a ella en este momento de su vida?

Siento la escritura como un refugio, hoy más que antes. Con todo esto de la pandemia, no sé si la humanidad seguirá siendo la misma una vez que esto haya pasado. Si superamos esta pandemia, creo que la idea de la muerte va a cambiar profundamente. Todos nos morimos solos, pero la vivencia de la muerte está cambiando con la pandemia, es más solitaria que nunca. Para mí es un refugio, sí. Antes lo hice por desesperación, por necesidad. Hoy es un refugio que me da una cierta paz y calma que ordena un poco el mundo.

Usted ha dicho que le gustaría que la crítica o los lectores se acercaran a su obra entendiéndola como un todo, como un contínuo ¿cómo definiría su obra? ¿Cuáles han sido sus prioridades o intereses?

Uno siempre busca una especie de lector ideal. Pero el lector tiene que acercarse a la obra como él quiera. Mi idea es que hay una especie lee desde la primera hasta la última página y descubre todos los engranajes, de todo lo que le ha costado a uno escribir un libro. Me hubiera gustado que alguien lo leyera todo entero -toda mi obra- y comprendiera todas las referencias, pero eso tal vez es demasiado pedir. Si a alguien le ha gustado un poema, está bien. Es fantástico. Una línea, que lean una línea; con eso ya está bien. Es suficiente.

¿Han cambiado mucho sus intereses o necesidades a la hora de escribir?

Yo he cambiado y los temas van cambiando, eso es cierto. Van cambiando más allá de la voluntad de uno, y también está la posibilidad del silencio al lado. Esos cambios han surgido, y lo han hecho de un modo un tanto misterioso. Ahora creo que estoy volviendo a mi primer poemario, Purgatorio. Creo que mi escritura está volviendo al comienzo, como si todo fuera un gran círculo para volver nuevamente a cuando estabas comenzando. Vuelves a las mismas cosas después de un largo viaje, por así decirlo.

A usted lo detienen el día del golpe militar de 1973

 Sí, esa misma mañana. El golpe de Estado comienza en Valparaíso y yo estaba estudiando allí. Me tomaron en la madrugada.

Y a partir de ahí, usted escribe Purgatorio, ¿Cómo fue ese proceso de escritura?

La verdad de las cosas es que yo lo último que quería era ser poeta. No me interesaba nada. Escribí porque no tenía otra forma de sobrevivir. Yo estaba separado, no tenía trabajo y necesitaba hacer lo que sea. Podría haber sido hasta traficante, cualquier cosa. Porque todo el mundo habla del miedo, de la represión del miedo. Pero nadie habla de la pobreza. Yo escribí por desesperación porque no tenía trabajo. La vida era tan desesperada en plena dictadura, una oscuridad total de todo... sin ver nada, ni una salida. Escribí por desesperación porque no encontraba trabajo. Entonces me di cuenta de que mi vida tenía un rumbo que no era el que yo quería. Yo iba a ser ingeniero. Me gustaba mucho la poesía desde que era joven. Lo hacía por placer, no me costaba, y de pronto me di cuenta que lo estaba haciendo por desesperación. Y que me servía.

“Me quemé la mejilla tras mi segunda detención. Ese fue el grito por el que decidí no morirme y continuar con la vida”

La primera edición del libro tiene en la portada en la portada la imagen de su quemilla quemada. Fue algo que hizo tras su segunda detención. Siempre ha dicho que fue un acto espontáneo. Es una imagen a propósito de la segunda detención que tuve. Fue una detención no razonada, solo fueron cuatro horas, pero fueron muy humillantes. La humillación llega cuando uno no puede más, simplemente no puede más. A las cuatro horas, los militares se aburrieron de reírse de mí y me dejaron marchar. Entonces me acordé de la frase de Cristo "si te dan una bofetada en una mejilla, tienes que poner la otra mejilla". Fui, me encerré en un baño y me quemé la mía. Fue en 1975. En ese momento me di cuenta de que ahí había pasado algo. Pero me di cuenta después, porque fue un acto espontáneo, absolutamente solitario. No fue una performance que exigiera un registro. Aquí el único registro es la quemadura y la cicatriz, y la posterior fotografía que usé como la tapa del libro. Porque sentía que ahí comenzaba algo. Como cuando un bebé nace; si no chilla, si no grita, si no llora, es porque se muere. Ese fue el grito por el que yo decidí no morirme, sino continuar. Y efectivamente, ahí empecé a escribir de nuevo.

Publica Purgatorio en la Editorial de la Universidad de Chile, controlada entonces por la dictadura ¿Cómo consigue saltar la censura?

Purgatorio no tiene referencias concretas, está más bien lleno de referencias psicológicas sobre cómo nos encontrábamos como humanos en la dictadura. No hay ninguna referencia explícita o concreta hacia la dictadura, así no tendría por qué haberse censurado. Ese libro pasó, pero ANTEPARAÍSO, que se publicó en la misma editorial años después sí tuvo algo más de problemas. Pasó la censura porque utilicé un truco a través de un trato con el editor. Pasamos un libro que no era el original: el mismo título, la misma fórmula, las mismas páginas, pero con otros poemas. Cuando pasó el examen del censor, mandamos a imprenta otro libro confiando en que nadie se tomara la molestia de leerlo.

¿Y se tomaron la molestia?

No se la dieron. La cosa computacional estaba apenas empezando, no había como cursar datos, por eso lo publiqué.

A usted no le persigue la dictadura.

No era alguien conocido por entonces, no era Neruda. Tuve una buena acogida y crítica de mi obra y eso me daba un paraguas y una defensa.

Siempre reivindica su formación como ingeniero y su admiración por Dante ¿sigue presente en su escritura actual?

La ingeniería me da una noción de la importancia del proyecto y del método. Un poema es como un puente, si no se sostiene, se cae. Es más difícil escribir un poema que un puente, porque tiene el peso de lo real. Al calcular mal las cosas, el poema, como el puente, se cae. Y puede haber una catástrofe.

Al hilo de las movilizaciones del último año en su país muchos repiten la frase “Chile despertó” ¿cómo está viviendo las protestas?

Ha sido un año extremadamente esperanzador, con una enorme fuerza. Refleja muchas cosas esperanzadoras, como la posibilidad de cambiar la Constitución de Pinochet. Pero corremos el riesgo de ganarlo todo y perderlo todo, así que hay que estar muy atentos.

Son los jóvenes los que comenzaron las protestas.

Ellos hacen lo que uno no ha podido hacer e imaginan lo que uno ya no puede imaginar. Hay algo dulce, maravilloso y aterrador en eso. El mundo tiene una nostalgia de algo que no ha existido nunca, una especie de paraíso. Esa nostalgia está ahí y traerá nuevos poetas que reivindicarán un mundo que está por venir. Ojalá el arte pueda modificar la realidad.

Le invito a terminar con un ejercicio de imaginación. Si mañana le llaman y le comunican que ha ganado el Cervantes, ¿Qué pensaría?

Sería el segundo minuto de alegría en medio del Apocalipsis.

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