Sábado, 16 de Enero de 2021

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Navidad

El truco para no contagiarse en un restaurante aunque alguien tenga el virus (y casi nadie lo hace)

Llega la Navidad del coronavirus y Margarita del Val, una de las científicas más prestigiosas del CSIC, da la clave con dos medidas que reducirían al máximo los riesgos

Interior de un bar en Santiago de Compostela en pleno mes de diciembre

Interior de un bar en Santiago de Compostela en pleno mes de diciembre / Álvaro Ballesteros (Europa Press)

Lleva meses siendo la viróloga de referencia en España y una de las más entrevistadas por los medios de comunicación. Margarita del Val, prestigiosa científica del CSIC, lleva toda la pandemia reclamando más atención y rigor a la hora de afrontar los riesgos de todo tipo de desescalada. ¿Por qué? Ella siempre ha tenido claro que el principal foco de contagio, aunque le pese, está en los restaurantes. Por eso, antes de Navidad, ha vuelto a hacer una petición muy clara para reducir los riesgos en estos interiores. 

Además de insistir en la “buena ventilación" aunque sea diciembre, la distancia de seguridad y las mascarillas, que deberían estar puestas siempre que no estemos comiendo o bebiendo en la mesa, ha resumido muy claramente sus dos propuestas clave en declaraciones a 'El Independiente': 

  • Medidores de CO2“En centros docentes, en restaurantes, en centros sanitarios y empresas se deben tener medidores de CO2. Si hubiésemos usado medidores nos habría ido mucho mejor”.
  • Filtros de ventilación“Basta con filtros de nivel 13 que son suficientemente buenos como para limpiar el aire. No hace falta que sea un superfiltro que limpie el aire de una pasada, basta con que vaya limpiando”.

Del Val, que se muestra desesperada ante lo que considera una grave falta de iniciativa para interiores, considera que con estas dos ideas la probabilidad de que haya varias personas infectadas en el mismo espacio es muy baja y "contrarrestaría de sobra el que hubiese una persona con virus". ¿Que tiene un coste económico? Sin duda. Pero, en a su juicio, por es tener que cerrar.  "En interiores hay como diez veces más contagios que en exteriores y hay varias maneras de evitarlo", concluye. 

Cómo se propaga el virus en un restaurante

En mayo de 2020, la sociedad española volvía a los bares y restaurantes tras un confinamiento domiciliario que se prolongó durante más de dos meses. A partir de entonces, los virólogos de todo el mundo hicieron énfasis en la necesidad de seguir las recomendaciones sanitarias para evitar nuevos contagios. Desde lavarse las manos de forma frecuente hasta mantener una distancia de seguridad superior a dos metros. También recomendaron consumir en las terrazas y evitar el interior de los restaurantes por su falta de ventilación. Sin embargo, ahora en época de frío, cada vez son más las personas que optan por consumir en interiores. Una decisión que no solo incrementa las posibilidades de contagio por la falta de ventilación, sino por otras causas como la facilidad con la que se puede propagar el virus en interiores.

Para demostrar la facilidad con la que se pueden propagar enfermedades como la COVID-19, la cadena de televisión japonesa NHK llevó a cabo un experimento en el que simulaba un servicio de buffet en un crucero con 10 personas. Un escenario en el que podemos encontrar a nueve personas sin ningún tipo de patología y un décimo comensal que simula haber sido infectado por la enfermedad.

Todos infectados

Nada más sentarse a comer, el comensal "infectado" opta por estornudarse en la mano. Una vez hecho esto, los responsables del experimento le aplican una sustancia inocua sobre la superficie "infectada" para analizar cómo se propaga la enfermedad. A continuación, la velada sigue su curso habitual y los comensales disfrutan de un servicio de buffet gratuito de 30 minutos. Tras concluir la prueba, los responsables del proyecto deciden encender una la luz negra para descubrir lo lejos que ha llegado la enfermedad. A pesar de que los participantes se han lavado las manos constantemente a lo largo de la velada, y que el servicio de camareros tenía órdenes expresas de llevar a cabo acciones que minimizaran el riesgo, todos acabaron infectados por la "enfermedad". 

Tal y como explican los investigadores, la pintura se extendió a las manos de todos los participantes e incluso a la cara de tres de ellos, quienes contaban con restos de pintura en la boca, en la nariz y otras partes de la cara. Después de analizar cómo se había propagado la "enfermedad", los investigadores descubrieron que el foco inicial partía de la tapa del recipiente que contenía la comida. También de las pinzas que separaban la comida y el asa del recipiente de bebida, principales focos de infección.

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