Lunes, 01 de Marzo de 2021

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Rubén Juste: "Estamos viviendo la legitimación de la irresponsabilidad"

El sociólogo publica 'La nueva clase dominante' en la que explica la transformación de las empresas y el nuevo monopolio global, un cambio acelerado por el COVID

Imagen de archivo del autor Rubén Juste

Imagen de archivo del autor Rubén Juste / CEDIDA

Durante el confinamiento se pensó y repensó qué pasaría después del COVID. "Saldremos mejores", decían algunas voces al ver las redes de solidaridad que se habían gestado durante el confinamiento. Después vino la nevada y vimos cómo cada uno tuvo que quitar la nieve de la puerta de casa. La ausencia del estado en muchas de las crisis recientes, la pérdida de empleos o la dominación de las tecnológicas de cada instante de nuestras vidas, ha sido un proceso que se ha acelerado durante esta pandemia. Lo explica el sociólogo Rubén Juste en La nueva clase dominante, un libro que edita Arpa.

Durante siglos, el poder ha estado marcado por la connivencia entre los dirigentes de las grandes empresas y el Estado, cuyo símbolo más evidente han sido las puertas giratorias entre consejos de administración y ministerios. Ahora se ha dado un paso más, dice Juste, con la llegada de los fondos de inversión y los gigantes tecnológicos, como Google, Amazon, Facebook.

Es un libro concebido antes del COVID, pero todo lo que ha ocurrido estos meses está presente, ¿hasta que punto la pandemia ha acelerado los procesos económicos de los que hablas?

Los ingredientes se mantienen, se sigue dando el mismo proceso, pero la pandemia lo ha acelerado a una velocidad inimaginable. Se ha usado tecnologías que antes se usaban alguna vez y ahora se utilizan siempre, por poner solo un ejemplo de alguna de las tendencias.

¿ Y en el caso de las empresas?

Esa dinámica que tenía que ver con la transformación del capitalismo y el sistema económico, antes basado en empresas y estados, que están siendo reemplazados por los fondos de inversión, en España Backstone o Blackrock depende de los sectores. Muchas veces pensamos que las empresas son una especie de caja donde se introducen activos y trabajadores, pero también son esquemas filosóficos o tradiciones y profesiones. El que nuevos actores sean propietarios de empresas y de aquello que hacen las empresas está pudiendo transformar grandes tendencias de fondo, incluso los grandes negocios o la forma de concebirlos.

Esta situación de postcorporativismo, en la que las empresas tradiciones han sucumbido al poder de los grandes fondos de inversión, ¿en qué afecta a un ciudadano de a pie y tiene vuelta atrás?

Todo el mundo lo percibe claramente aunque no sabe muy bien dónde apuntar. Esta idea de “no nos representan” que estaba en 2011 que ahora vuelve a resurgir. ¿Quién manda aquí? Es la pregunta que todo el mundo se hace y todo el mundo apunta al estado. Lo que no vemos es lo que ha significado la transferencia de recursos, desde la crisis económica, a estos nuevos fondos de inversión y lo que significa. Yo hablo de responsabilidad limitada, de cara a estos fondos y estas nuevas tecnológicas, que se basa en lo responsabilizarse de aquello que poseen, sean pisos, sean empresas o trabajadores. Antiguamente todos podíamos ver las grandes empresas, que tejieron nuestra vida social, desde empresas como Telefónica, grandes baluartes del empleo en España. Empresas que fueron privatizadas y ahora están en manos de fondos de inversión y que han iniciado un proceso de desinversión, que significa no hacerse cargo de sus trabajadores, localizar sus actividades en otros países. Eso significa que cada vez esas empresas vertebran menos la sociedad. O las empresas tecnológicas que han sustituido a las empresas. Por ejemplo, Amazon frente a Correos. Lo que ha supuesto el COVID es la tormenta perfecta para que se realice este giro radical de modo de vida. Nuestro sistema era el de relación de las empresas con el estado y eso ahora ha pasado a terceras manos y eso revoluciona todo lo que considerábamos como cotidiano o normal.

Todo esto tiene que ver también con la crisis del estado del bienestar, tú lo denominas el estado psicológico del bienestar, ¿qué es esto realmente?

Lo que trato de reflexionar es cómo se hacían cargo esas empresas más allá de su actividad que era el intercambio de mercancías, de otras estructuras de la sociedad. Eso hacía que tuvieran una referencia con esas empresas. La mentalidad del trabajador tenía mucha relación con el trabajo que hacía y con la empresa que estaba. Esa representación se tuerce, por una cuestión económica, con los despidos. Pero surge otra cosa, el segundo pilar del Estado del Bienestar que era el estado, empieza a flaquear. Eso es consecuencia de haber externalizado en las empresas esos servicios, por ejemplo, la recogida de basuras, etc. Lo que hablo es que con esos nuevos fondos haciéndose cargo de los servicios de las empresas y de los estados, al final, dejan de prestar determinados servicios o dejan de tener actividad, como ha pasado con los bancos y el cierre de oficinas. Lo que estamos viviendo es una escasez institucional. La gente no sabe a quién acudir. Si no tenemos empresas, si no hay estado, solo nos queda recurrir a lo individual. Lo hemos visto con la gente quitando la nieve con una pala en su casa. Eso es una batalla perdida, que tiene que ver con siglos de acumulación y experiencia de instituciones, públicas y privadas, que en momentos difíciles abordaban las grandes crisis. Ahora nos vemos abocados a un periodo de incertidumbre por esa escasez institucional, promovida por los grandes fondos de inversión.

Con el paro, la precariedad, que genera esta nueva situación, se está poniendo en riesgo la familia, que es la base del sistema capitalista…

Es su propia contradicción. No sabemos muy bien qué les queda. Si prescinden del estado, de las empresas y de las familias, al final solo tienen individuos atomizados. Si no das dinero suficiente para que haya una empresa con su edificio físico, difícilmente existirá. Si no das dinero suficiente para que el estado tenga servicios, acabará desapareciendo. Si no das un salario mínimo para que una familia pueda sustentarse, difícilmente saldrá adelante. Al final, lo que vemos es esa desigualdad que tiene una arquitectura institucional que la permite y que se basa en la escasez de recursos.

Es una situación de monopolio la que están alcanzando estos fondos, ¿qué puede hacerse desde un estado que cada vez tiene menos poder?

La mayor parte de los estados occidentales se están planteando medidas, eso significa que están viendo el problema. Todo esto tiene muchos efectos perversos para la población. En el caso de Alemania, se ha planteado limitar su poder. Ahora iniciamos un periodo en el cual se están empezando a criticar los monopolios tecnológicos, que están en poder de grandes sectores, como Google, Facebook. En el caso de los fondos, tenemos un gran problema. La manera de abordarlo es en la parte fiscal. En España se ha hecho. Son unos primeros pasos, pero el problema es que estos grandes fondos tienen mucho poder, son dueños de deuda pública y eso supone problemas. Le ha pasado a Argentina, con Blackrock amenazando con salir del país. Esto conlleva un dilema cuando las fuerzas no son simétricas entre los ciudadanos y estos fondos, es bastante problemático poner algún límite.

Esa situación de indefinición está detrás de muchas de las protestas de los últimos años, utilizas una película, Joker, mostrar que hasta la protesta ha sufrido ese proceso de individualización, ¿qué tiene Joker que nos habla tanto del momento actual?

El cine refleja una realidad cotidiana y, claro, si vemos lo que está sucediendo en Estados Unidos o en otras partes del mundo, donde ese elemento de tensión o ese nihilismo que no se sabe muy bien hacia donde se dirige, más allá de quién sea propietario, lo que refleja es la independencia de determinadas fuerzas sociales que no tienen referencia. Es el resumen de un momento que refleja una tendencia de fondo, que viene de 2011 cuando se quería transformar el capitalismo, o cuando surge el 15M, cuando todo se quería cambiar , pero ahora vemos que no ha cambiado tanto. Es cierto que estamos viendo algunas experiencias nuevas, como el gobierno de coalición en España o gobiernos emergentes en América Latina, pero venimos de una pérdida de derechos que es bastante grave. Es el Joker , pero también ha existido esto en la literatura. Es una sociedad huérfana en la que entre no ser nadie y sobresalir hay una pequeña línea. Por eso hablo de corresponsabilidad. No solo se trata de tener instituciones, sino de hacernos responsables todo. El nuevo pacto social no puede ser paternalista, como el del estado corporativo que excluía a colectivos como las mujeres. Ahora hacia donde vamos es a no ser meros actores pasivos, queremos intervenir en las decisiones para ser sujetos activos. Estamos en un punto de inflexión que puede ir a cualquier sitio, un mayor protagonismo de la gente que nos lleve a un estado más democrático, o podemos derivar hacia un punto de ese nihilismo del Joker donde no tengamos ninguna referencia.

Lo de la responsabilidad nos lleva a este momento actual, en el que no sabemos muy bien quién tiene la responsabilidad de cómo enfrentamos el COVID. De ese Salvemos la Navidad al autoconfinamiento...

Lo que a mí más me preocupaba. Después de haber estudiado toque tiene que ver con la estructura del sistema económico, me preocupaba ver las derivaciones que podría tener en la falta de responsabilidad. Si los nuevos dueños de estos fondos no tienen responsabilidad, ¿qué significa eso para la población? El hecho de que desde marzo, las autoridades de todo el mundo se remitieran a esa responsabilidad individual, sin decir que las instituciones tenían también responsabilidad, era como si aceptaran la derrota. El sálvese quién pueda. El tema es que al final termina legitimándose todo. El ejemplo son las palabras de Fernando Simón, de que era predecible de que todo el mundo iba a incumplir las normas, la autoridad legitima esa irresponsabilidad. Es lo que estamos viviendo, la legitimación de la irresponsabilidad. Eso viene por razones históricas, desde la familia nuclear que era una forma de colectiva, las empresas eran otra manera y los estados. Ahora con todo perdido, solo queda que uno se encierre y actúe con responsabilidad, sin saber muy bien qué es eso. De ahí la neurosis que podemos sufrir como sociedad. Si no sabemos qué es eso y los poderes no se responsabilizan, solo nos queda el Joker y eso es muy problemático.

 

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