Sábado, 23 de Octubre de 2021

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Negacionistas de la COVID y trastorno delirante: tres psiquiatras reflexionan sobre la "verdad subjetiva"

¿Tiene alguna base pensar que Miguel Bosé o Donald Trump pueden sufrir una enfermedad mental?

Miguel Bosé, durante una rueda de prensa celebrada en mayo de 2019 en México.

Miguel Bosé, durante una rueda de prensa celebrada en mayo de 2019 en México. / Carlos Tischler (NurPhoto via Getty Images)

Miguel Bosé encarna mejor que nadie la imagen del negacionista tipo. Los vídeos que compartió en sus redes sociales en los primeros meses de la pandemia de COVID-19 sorprendieron e indignaron a millones de personas: rechazo a las mascarillas, teorías de control social vinculadas a las vacunas y el 5G...

La reciente entrevista concedida a Jordi Évole, en la que reivindicaba con orgullo su negacionismo, asegurando que no piensa vacunarse ni someterse a ningún test PCR, ha devuelto la cuestión al centro del debate.

Tras la emisión de los dos programas protagonizados por el autor de Bandido, miles de personas han criticado a Miguel Bosé en redes sociales y muchos han llegado incluso a preguntarse si sus opiniones son fruto de una enfermedad mental, consecuencia quizá del prolongado abuso de drogas que el propio cantante ha reconocido en el programa de La Sexta. ¿Es una sospecha fundada? ¿Tiene algo que ver el discurso negacionista (o terraplanista) con el trastorno delitante?

¿Qué es la ideación delitante?

Miguel Ángel González Torres, jefe de Psiquiatría en el Hospital de Basurto (Bilbao) señala que una idea delirante es "una idea extraña sobre la que se tiene una convicción profunda; una certeza total y resistente a cualquier argumentación lógica, ajena a la cultura del individuo, al cual resulta imposible convencer de que está equivocado".

Marina Díaz Marsá, presidenta de la Sociedad de Psiquiatría de Madrid, lo explica de forma similar: "El trastorno delirante se basa en una ideación irreductible a la argumentación lógica porque su sistema de pensamiento no es capaz de cambiar. Son ideas rígidas mantenidas en el tiempo".

Verdad subjetiva vs. enfermedad mental

Víctor Pérez, jefe del servicio de Psiquiatría del Hospital del Mar (Barcelona), añade una reflexión interesante: "La gente que es negacionista, tipo Miguel Bosé, tiene una verdad que es su verdad, y uno de los problemas de la verdad es que es tremendamente subjetiva. Es solo tuya. Si eres del Barça, es penalti. Si eres del Madrid, no lo es".

"Hay gente que cree en lo paranormal, que el hombre no ha llegado a la Luna o que tiene determinadas creencias políticas… Dependiendo del partido al que pertenezcas, además, tendrás una verdad sobre la economía o sobre si hay que cerrar los bares para frenar la COVID. Pero eso no quiere decir que la causa sea una enfermedad", añade el psiquiatra del Hospital del Mar. "¿Todos los antivacunas son enfermos? En absoluto, es una verdad distinta. Yo creo en la ciencia, pero hay gente que cree en la Iglesia de la Cienciología, que asegura que la salud mental no tiene nada que ver con el cerebro".

El Dr. Pérez también niega que los efectos de esas ideas en la sociedad puedan considerarse un criterio diagnóstico. "Los religiosos pregonan cosas que yo no creo que sean positivas para la humanidad, pero si las creencias sí son socialmente aceptables, no son ideas delirantes. Y no creo que la entrevista de Miguel Bosé vaya a tener más consecuencias que los cuatro años de pobreza y muerte de Donald Trump. Hay políticos, de hecho, que siguen negando la COVID".

¿Diagnóstico por televisión?

"Entre los partidarios de las teorías negacionistas, terraplanistas o conspiracionistas habrá de todo, sin duda", señala el Dr. González Torres. "Habrá gente que mantenga esa opinión basándose en sus datos, gente para la que será una idea sobrevalorada con una resistencia excesiva a los argumentos... y seguro que también habrá un porcentaje muy pequeño que cumple criterios de idea delirante".

Pero al preguntarles por el caso específico de Miguel Bosé, la respuesta de todos los psiquiatras es unánime: no se puede diagnosticar a nadie basándose en una entrevista de televisión. Haría falta, como mínimo, "una entrevista personal hecha con mucha calma", dice el psiquiatra bilbaíno.

"No tendría criterios para juzgar la situación mental de Miguel Bosé. Eso requeriría una exploración psicopatológica seria y extensa", añade la Dra. Díaz Marsá. "Pero alguien emocionalmente inestable quizá pueda pensar de otra manera si tratamos lo que le pasa".

"Yo evaluaría el estado mental de esa persona y vería el contexto en el que vive, fijándome en si ha cambiado de opinión de golpe, si ha dejado de comer o de dormir... Hay gente que tiene verdades diferentes y es cierto que asusta escuchar ciertas opiniones, pero eso no significa que estén enfermos. El límite es muy peliagudo", explica el Dr. Pérez.

"Mucha gente, incluso algún colega prestigioso, se ha atrevido a decir que Donald Trump tenía una patología psiquiátrica grave. Pero la gran mayoría de la profesión en EEUU opina —y yo estoy de acuerdo— que tenemos que abstraernos de estas cuestiones. No sé si Trump tiene un problema psiquiátrico, pero sí sé que es imposible saberlo sin sentarme un rato largo con él", dice el Dr. González Torres. "Y llamar loco a alguien es caer en el estigma. Usar eso como insulto me preocupa".

¿Por qué hay gente negacionista?

Pero si el negacionismo, el terraplanismo o las teorías de la conspiración no son achacables a una enfermedad (en la mayoría de los casos, al menos), ¿qué lleva a tanta gente a negar la evidencia científica o la versión oficial de los hechos?

"Hay que ser flexible para admitir otros aspectos y no todo el mundo lo es", explica la Dra. Díaz Marsá. "La gente tiende a juntarse con quien cree lo mismo. Muchos ya no saben razonar y discutir. Enseguida se centran en lo emocional y la confrontación. Estamos perdiendo el arte de la dialéctica de los griegos".

"Los humanos toleramos muy mal la incertidumbre", dice el Dr. González Torres. "Yo creo, y muchos sociólogos también, que estamos abandonando la idea de infortunio para abrazar la de injusticia. En otras época nos resignábamos ante lo que estaba más allá de nuestro control, pero ahora tendemos a pensar que es responsabilidad de alguien y que, por lo tanto, alguien debe resarcirnos. Es un mecanismo psicológico y en el fondo, aunque no lo parezca, es tranquilizador, porque si pensamos que alguien está organizando una campaña, tenemos cierta sensación de control: hay un grupo malvado detrás... y eso nos permite luchar contra ello".

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