Sábado, 19 de Junio de 2021

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Adiós a Caballero Bonald, un insumiso que defendió la alegría

El poeta jerezano ha fallecido a los 94 años y deja una obra basada en la memoria, perosnal y colectiva, que plasmó tanto en poesía, como en novela y ensayo

Fotografía de archivo, tomada el 17 de marzo de 2015, del escritor andaluz José Manuel Caballero Bonald, premio Cervantes en 2012, que ha fallecido en Madrid a la edad de 94 años

Fotografía de archivo, tomada el 17 de marzo de 2015, del escritor andaluz José Manuel Caballero Bonald, premio Cervantes en 2012, que ha fallecido en Madrid a la edad de 94 años / Paco Campos (EFE)

"Los sumisos, los gregarios, los desobedientes, los dogmáticos, y a través de la palabra poética yo critico a esos personajes". Esta frase de Desaprendizajes, uno de los últimos libros de poemas que publicó Caballero Bonald, nos sirve para entender que su mirada a través de los versos de la sociedad española no solo captaba el momento, sino también lo que ocurre hoy. En Desaprendizajes, Caballero Bonald desmonta, con un idioma de una enorme perfección metafórica, todas las lacras de la vida: la fanfarronería, el chantaje, la mentira, la falsa solemnidad y las virtudes falsas.

El poeta jerezano ha muerto a los 94 años, tras superar el covid y otras enfermedades. Longevo y rotundo, fue uno de los grandes poetas y escritores españoles, como lo muestra la cantidad de reconocimientos que recibió: el Cervantes, el Reina Sofía o el Nacional de poesía entre otros. Un escritor que propone mirar diferente el mundo que le rodeaba y que lo hizo sobre todo con la poesía, pero también con la novela y el ensayo. En sus últimos años ya advertía que no iba a escribir otro libro, pero siempre escribiría poesía. "Un poema llega de pronto, se aloja en la memoria y va desarrollándose en la memoria, pero plantearme un libro a largo plazo nunca".

En una entrevista en la Cadena SER, a propósito de la presentación de ese libro, afirmaba Bonald que "La insumisión es un arma y una manera de ejercer el oficio de poeta, un poeta no puede ser sumiso, un poeta sumiso es un escribiente. Los que nunca se equivocan, los que van por la vida seguros de todo, no son más que imbéciles disfrazados". Sin saberlo estaba aventurando lo que pasaría una noche de mayo muchos años después.

Bonald se marcha, pero deja su obra, esa que se mueve por los ejes del tiempo y la memoria. Posiblemente sea el escritor en lengua española que más ha usado la memoria, como reivindicación personal y colectiva. Además de poemas donde el recuerdo sin nostalgia está presente, también ha firmado excelentes libros de memorias, Tiempos de guerras perdidas (1995) y La costumbre de vivir (2001), que no son solo recuerdos personales, sino una mirada a lo vivido como sociedad.

Admirador del flamenco, a mediados de los 70 publicó a medias con la fotógrafa Colita Luces y Sombras del flamenco, considerado un texto fundamental de este artes e ilustrado con las imágenes de los gitanos flamencos españoles que tomó ella. También de la música, produjo Heliotropo, uno de los discos de Vainica Doble, y defendió el paisaje de Doñana siempre que pudo.

Uno de los últimos testigos de la Generación de poetas del 50, Caballero Bonald siempre tuvo alma de insurrecto feliz, además de un compromiso cívico y político que se mantuvo hasta el final. En su época de estudiante de Filosofía y Letras en Sevilla, tras dejar su Jerez natal, estuvo cercano al Partico Comunista, después a la Junta Democrática. Estuvo preso una noche en la cárcel de Carabanchel. "El registro de mi casa por los falangistas. Una atrocidad, gente maleducada y violenta. Luego, la muerte de mi madre. Yo perdí allí algo. No había cumplido como hijo, eso siempre se piensa. Y, después, la cárcel, la temporada que pasé en Carabanchel. Era el año 1964, habíamos presidido una asamblea por la amnistía de los presos políticos, en la Facultad de Derecho. Una claustrofobia fatal. Miedo de que se olvidaran de mí. Quedarte allí con la barba crecida, envejeciendo, solo...".

Después conocería el exilio, no por experiencia propia, sino por la cercanía con poetas exiliados en su estancia en Colombia. "Cuando yo estuve en Colombia conocí a varios exiliados, a Alberti, a Jorge Guillén, a novelistas como Francisco Ayala, con Cela incluso trabajé, pero Cela no era exiliado; sino todo lo contrario. Era muy adicto al régimen", contaba en la SER.

Su arista crítica destaca en Manual de infractores, donde Bonald escribe: "Son los mismos/ que siguen solazándose/ con las soflamas de los patriotas/ y empuñan de continuo estandartes y cruces/ con que emular a sus mayores,/ mientras avanza por las avenidas/ un cortejo triunfal de bienpensantes./ Líbrate compañero,/ de esas iglesias y esos mentecatos”.

Manual de infractores, publicado en 2005, viene a ser un golpe en la mesa de un hombre indignado por el despotismo político, la avaricia económica, el sectarismo y la reacción ideológica que cobra cada día más protagonismo en la vida pública. Bonald usó la poesía para soportar el desencanto, como muestran estos versos de Entreguerras. "Escribo una vez más la gran pregunta incontestable: ¿eso que se adivina más allá del último confín es aún la vida?". Entreguerras fue un poema bastante especial por sus 3000 versos sin puntuación.

En 2017, en una entrevista, comentaba el momento político actual, había surgido Podemos, Ciudadanos, el bipartidismo estaba tocado y la gente harta de sufrir crisis económicas. "Lo veo mal, pero de pronto veo una especie de luz que es el cambio. Hemos acabado un ciclo, que anuncia un nuevo periodo, ni mejor ni peor, eso no lo sé", explicaba sobre la situación política. "Me preocupa mucho el menoscabo moral de la sociedad española, la corrupción como hábito, las quiebras ideológicas. No me gusta nada de lo que veo a mi alrededor. Si fuese joven me iría a vivir a otro sitio".

Un cambio de clico que, para muchos analistas acaba tras la victoria de Ayuso en Madrid este 4 de mayo de 2021. Justo unos días después, Bonald muere. Esclarecedoras son estas palabras en las que alertaba hace cuatro de la vuelta de un conservadurismo extremo. "Me molesta cuando me asomo afuera y no me gusta nada lo que veo. Hay una derechización universal que en España también tiene su relato. Eso me molesta, me incomoda, que haya una especie de sensibilidad estropeada por el uso. En realidad de esto prefiero no hablar porque son cosas que me aturden y me ponen de mal humor". Quizá por eso, para combatir el mal humor, Caballero Bonald siempre defendió la alegría, en su poesía y en su vida.

"Yo defiendo la alegría porque me parece que en un mundo tan terrible como el que vivimos, tan lleno de desmanes, la alegría es una contrapartida que hay que defender para seguir viviendo". Pues eso.

 

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