Lunes, 18 de Octubre de 2021

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El arte iberoamericano: ignorado y prejuiciado

El Prado propone un recorrido por la cultura artística americana llegada a España desde la colonización y hasta la Independencia. Un arte desconocido y minusvalorado, que viene a cimentar nuestra historia y cultura

Imagen de la sala de la exposición “Tornaviaje. Arte Iberoamericano en España”

Imagen de la sala de la exposición “Tornaviaje. Arte Iberoamericano en España” / Museo Nacional del Prado

"Lo que España es hoy, sin Iberoamérica, no se explica. Que en la historia de la colonización hay episodios que mejor no se hubieran producido, sin duda. Pero a la historia hay que mirarla de cara. No podemos negar lo que fuimos y lo que somos", decía la semana pasada el ministro Miquel Iceta en la comisión de Cultura en el Congreso. Es la síntesis de esta exposición: entender las aportaciones artísticas de América a España y, por extensión, a Europa.

Conquista de México: Destrucción de Tenochtitlan Juan González y Miguel González 1698 / Museo Nacional del Prado

"La conquista tuvo episodios dramáticos". Es lo que podemos leer en el comienzo de este recorrido artístico que nos ofrece el Prado, en una primera sección que estudia la geografía, la conquista y la sociedad que constituye América. Uno de sus óleos, enviado al rey en busca de su auxilio, ilustra esos conflictos en la región de Paraca y Pantasma, en la actual Nicaragua. Los indios son retratados como salvajes: torturan y mutilan a otros indios, los matan y los cuecen en calderos. Bailan y cantan en círculo, rodeados de serpientes, están endemoniados. "No obviamos la conquista, pero debemos entenderla en su contexto histórico", afirma Rafael López Guzmán, catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Granada y comisario de la exposición. La importancia siempre del contexto. La necesidad de superar prejuicios, de levantar la vista por encima de nuestra mirada europea. De educarnos frente al desconocimiento profundo de las relaciones entre América y España. De ahí parte este viaje, de una historia ignorada.

Ya se sabe que el Museo del Prado es el heredero de la antigua colección artística de los reyes de España y que esta colección era un reflejo de las posesiones sobre las que reinaban. Ello explica que las escuelas mejor representadas en el museo correspondan a tres territorios pertenecientes a la corona: España, Flandes e Italia. Lo que Tornaviaje nos descubre es que a España, desde la conquista de América y hasta las independencias, llegaron más objetos artísticos americanos que de Italia o de Flandes. Que la historia del tráfico artístico trasatlántico no es unidireccional, fue bidireccional y fue más numeroso de América a España, que de España a América. Esa realidad, ampliamente desconocida por el público español, es la que trata de dar a conocer esta exposición.

Imagen de la sala de la exposición “Tornaviaje. Arte Iberoamericano en España” / Museo Nacional del Prado

Tornaviaje (viaje de regreso a la Península) muestra 107 obras divididas en cuatro secciones. Son obras todas que llegaron a España hace 300 o 400 años y nunca en todo este tiempo se han movido del sitio en el que se emplazaron. No vienen de museos y colecciones, en su mayoría. Están en las mismas instituciones culturales o religiosas desde entonces. Repartidas por puntos de toda nuestra geografía, muchas en pequeños pueblos. Estos días, la prensa regional y local española se ha llenado de historias de viajes. Viajes artísticos desde Villarrobledo, en Albacete; Autilla del Pino, en Palencia; Montilla, en Córdoba; o Estella, en Navarra. "Casi todos, en un radio de 15 kilómetros, tenemos una obra de arte americana", contaba el director del Museo, Miguel Falomir. Están tan integradas, que en muchos casos se ha perdido la noción de que son americanas. En cuántos pueblos y ciudades de este país se procesiona detrás de un Cristo de caña, como el de Zacateas, venerado en la parroquia de Santiago de Montilla. Obras que entraron por Sevilla y Cádiz y se repartieron por la geografía española.

En la primera de las cuatro secciones deslumbrará al visitante el Biombo de estrado, un enorme biombo de madera, con 10 hojas, que muestra la historia de la conquista de Tenochtilan, por un lado, y una vista de la Ciudad de México, por otro, en 1622. Una historia de cómo los criollos se sienten herederos de los conquistadores y los responsables de gestionar su propio futuro, por un lado. Una ciudad idílica, por otro, donde todos viven en paz, en un trazado perfecto de calles, sin inundaciones, que había muchas en su momento. Una ciudad ideal, que han construido los criollos.

Hay una segunda sección, la que incluye al Cristo de Zacateas, dedicada a la parte religiosa, a la ida y vuelta de las devociones, en tanto en cuanto una de las razones que justifica la presencia en América es la evangelización. Y cómo esa catequización va adaptando devociones españolas allí, con significados diferentes o creando sus propias devociones. Una tercera sección, las travesías del arte, nos muestra cómo vinieron los objetos, tanto muebles (escritorios, arcas, etc.) como objetos de ajuar. Y una cuarta sección recalca la importancia de la hibridación de técnicas artísticas y materiales americanos que se genera con iconografía o proyectos diferentes a lo que era el mundo prehispánico, pero manteniendo la tradición previa a la llegada de los españoles, como la plumaria o los enconchados.

Y es que las obras no pueden observarse únicamente desde la mirada europea. Responden a tipologías, materiales y temáticas desconocidas en España, a menudo realizadas por artífices indígenas o mestizos. Es uno de los prejuicios que quiere derribar esta colección: el negar alcance estético a estas obras. "En un momento se consideraron que eran básicamente interesantes desde el punto de vista documental o antropológico, pero minimizando su contenido estético, por lo que es raro verlas en museos artísticos. Era el punto de vista generalizado. Y aquí hay grandes artistas, grandes pintores que hacen cosas diferentes y que hay que valorarlos con otros conceptos diferentes a lo que entendemos como arte europeo del momento", reivindica Falomir. Eso explica que el recorrido incluya a un cocodrilo disecado en una de sus vitrinas.

Es el objetivo de este viaje: devolverle el espacio público y cultural que el arte Iberoamericano debe tener. Y ponerlo en valor. "Educarnos un poco más en cómo era esa parte de la vida americana en esos siglos", decía sobrecogido Javier Solana, presidente del Real Patronato del Prado. Lo que España es hoy, sin Iberoamérica, no se explica.

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