Miércoles, 08 de Diciembre de 2021

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Pedro Vallín: ''Lo de Villarejo ya lo hemos visto en 'El caso Bourne"

El periodista publica 'C3PO en la corte del rey Felipe', un ensayo de la actualidad política revisitada a través del cine, las series, libros o videojuegos

El periodista Pedro Vallín en un acto

El periodista Pedro Vallín en un acto / © Javier Arias cortesía Espacio Fundación Telefónica

Pocas cosas explican mejor a Villarejo que una tragedia griega, el Edipo Rey de Sófocles, explica Pedro Vallín, periodista asturiano que cuando andaba en las páginas de cultura, metía análisis político en sus crónicas y cuando dio el salto a la crónica política y parlamentaria, llenó esa nueva sección de referencias pop como Star Wars, El señor de los Anillos o Godzilla. Su primer libro lo dedicó a reivindicar el cine de Hollywood como discurso progresista. Era ¡Me cago en Godard!, ahora ataca de nuevo, de la mano de la misma editorial, Arpa, con C3PO en la corte del rey Felipe, un ensayo sobre el relato, el periodismo, la política y, por supuesto, la cultura. Su tesis principal incide en la idea de narratividad, en cómo son las ficciones las que nos explican y a través de las cuales nos explicamos.

¿Estamos preparados para analizar la política desde la cultura y la cultura con una mirada política?

Estamos preparados como sociedad. Siendo la cultura pop una expresión de los humores sociales con referencias que todo el mundo maneja, en realidad es algo relativamente fácil recoser la realidad política con la ficción que consumimos, los formatos narrativos que nos estructuran. Otra cosa es la profesión periodística. Esta mezcla produce desconcierto en las dos especialidades, tanto en el periodismo cultural, donde no todos tienen el hábito de relacionar lo que cuentan las narraciones populares con el ahora y el presente que vivimos, y en el periodismo político, donde todavía es todavía más cantoso. El periodismo político y el económico tienen esa cosa de especialidades encorbatadas. Y les sorprende una referencia a los Jedi, a Tom Hanks en Náufrago… pues eso desconcierta.

¿No es una manera más fácil de contar las cosas?

En realidad no es un código extraño, céreo que es una herramienta que decodifica muy bien las ficciones. Es una de las hipótesis del libro, creo que nos concebimos a nosotros narrativamente, por eso las narraciones nos sirven para decodificar la realidad o lo que ocurre; sino al revés, también nos configuran y nos comportamos de acuerdo con arquetipos que tenemos en la ficción.

Ahora que mencionas los arquetipos, estableces para hablar de Errejón que el arquetipo puede con el algoritmo, eso es mucho decir en este momento de tecnologización...

El caso del duelo Íñigo y Pablo, me preocupo bastante en explicar que de lo que hablamos es de cómo se representa esa tensión entre dos amigos, que representan dos tensiones dentro de Podemos. Lo que importa no es la relación íntima, eso quedará para ellos dos. Lo que importa es cómo se representa eso ante la gente y eso se hace con el elenco emocional de dos amigos de hace años y se representa desde lo dramático. En esa representación uno no siempre no puede elegir lo que encarna, pero sí debería hacerse cargo. Una de las cosas claras es que Íñigo se convierte en el favorito de todos los que impugnan el proyecto político de podemos y eso le convierte en el Loki de Thor que quiere heredar el reino de Asgard. Siempre me ha sorprendido que él no fuera consciente de que seguía actuando de acuerdo con este arquetipo. Esto explica su trayectoria política posterior, por qué pierde en Vistalegre II porque es identificado como uno de los enemigos del partido. Ahora eso crea un interrogante que es si su dramatis personae ha perdido sentido, en tanto que era función era ser la némesis de Pablo.

Dices que Podemos es liberal… ¿tanto nos hemos derechizado?

Estoy convencido. Es una de las cosas más tremendas y graves que ha ocurrido en nuestro país, no por lo que comporta para Podemos, sino por lo que comporta al espacio político que el eje se haya trasladado a la extrema derecha. Si vemos las medidas de Podemos vemos que en derechos sociales son absolutamente liberales, en términos del liberalismo clásico, que no es lo mismo que el neoliberalismo. En cuanto a políticas económicas, son keynesianos, con un programa que podemos considerar socialdemócrata light o incluso a ratos democratacristiano, en términos centroeuropeos. El drama de esto es que es considerado el plano extremo izquierdo del mapa político. Eso hace que el viejo nacionalcatolicismo entre dentro del mapa político como una opción conservadora y no como una opción antidemocrática y nacionalcatólica, que es lo que es. Lo grave no es que haya injusticia en cómo se juzga a Podemos, la gravedad es que incorpora a Vox como interlocutor respetable, cosa que no debería ser.

Culpas a la prensa, a la política y otros sectores sociales del auge de Vox y de esa derechización, ¿por qué?

En el fondo, las bases de sostenibilidad de la democracia liberal son que sus sectores moderados actúen como contrapeso de lo que no lo es. En este periodo de tiempo que hemos vivido desde el surgimiento de Podemos en 2014 a hoy es que la crisis sistémica que revela Podemos, el Procés o la emancipación de las provincias en la España Vaciada, es esa crisis de la transición. La reacción de quiénes deberían ser los custodios de la democracia como un sistema perceptible, que tiene que ir modificándose conforme avanzan las sociedades, pues lo que ha ocurrido es que esa reacción ha sido la contraria. En lugar de contribuir a analizar esos consensos, en pensar a Podemos y al Procés como síntomas de agotamiento de determinados pactos, lo interpretan como el enemigo. El desplazamiento del eje político a la derecha se produce sobre todo porque el periodismo progresista sataniza a Sánchez y a Iglesias y durante cuatro años se impide que las dos personas más votadas puedan formar gobierno. Hay un secuestro de la voluntad popular y esos comicios arrojan el mismo resultado que no se puede convertir en gobierno hasta 2019. Ya explicó Pedro Sánchez la presión de los sectores económicos y también del periodismo progresista, que no hizo su trabajo. Creo que debemos entonar un mea culpa y convenir que la presencia de Vox en las Cortes tiene que ver con esto.

Hasta ahora los análisis sobre el surgimiento de la extrema derecha se han enfocado en la rabia, en la desprotección de los trabajadores, pero tú lo vinculas a una crisis del Estado, ¿Por qué?

Se cruzan muchos elementos. Es cierto que una de las claves de este giro es la reacción del Estado al Procés. El gran error de Rajoy es encomendar al Estado y no a la Política la gestión de la crisis catalana. El Estado es un monstruo gigante que se protege a sí mismo, que existe antes de la democracia. Una de las pruebas de la característica singular de la ultraderecha en España, que no se parece ni a la francesa ni a la italiana que surge como una reacción rural al Estado, en cambio, en Vox uno se da cuenta de que ahí no están representados ni los camineros ni trabajadores, los perdedores de la globalización no están. Vox, en ese sentido, independientemente de ser una escisión desacomplejada del PP, después del Procés, son una reacción del Estado. Es como Edmundo Bal, alguien que entra en política después del Procés para salvar al Estado. Esto limita la capacidad de crecimiento de Vox, porque no ha sabido expresar ese malestar que otras derechas expresan y por eso existe la España Vaciada. Podemos en su momento no supo estructurarse territorialmente para establecer esas demandas y luego, Vox que lo tenía más fácil, se ha convertido en el partido de la gente de Núñez de Balbao, lo que no quiere decir que no siga creciendo, pero no encarna esa ira de los perdedores de la globalización y los perdedores del capitalismo.

¿No son Joker entonces?

Pero Joker era un demente… De hecho ya podemos decir que Thomas Wyne ha ganado las elecciones americanas.

Al igual que historiadores como Doménech o de filósofos como Villacañas indagas en la ruptura del concepto de Nación. Dices que en España no solo no funciona, sino que no existe la nación española...

No existe en los términos en los que debe existir virtuosamente cuando el concepto Nación se construye como un objeto político. Una idea hegemónica para la totalidad del territorio en que opera. La idea de España es hegemónica en una parte del territorio, pero no en la totalidad. Eso no se puede decir de Francia e Italia, incluso aunque tengan algunos movimientos separatistas. Aquí no ha ocurrido y, por eso, en cada periodo democrático de España han aparecido las reivindicaciones forales, cantonales… Hubo una oportunidad de oro, como cuento en el libro, de que eso saliera bien, como es la Transición, unos pactos que aunque hoy no funciones fueron funcionales durante tres décadas. Ahí se pudo haber creado una especie de nacionalismo desacralizado, un patriotismo constitucional. En los años 80 y 90 se consiguió con relativo éxito, con una convivencia extraña con nacionalidades históricas. Creo que fue exitoso hasta el año 2000, con la mayoría absoluta de Aznar, que empieza a reconstruir la idea de Nación española como una idea contra lo vasco y lo catalán. Ahí se rompe cualquier posibilidad de un convenio funcional para el tiempo venidero. Las exequias por ese proyecto caen con los atentados del 11M en Madrid cuando empiezan dos procesos que han sido nefastos para el país. Uno es que en la profesión que compartimos uno puede mentir en portada durante años, ser desmentido en pesquisas judiciales y que eso no tenga coste. Parte de los problemas del periodismo español vienen de este invent colosal, que no ha pasado factura a nadie. Todos los periodistas implicados en esto siguen en las televisiones. La otra cosa es que en ese momento empieza también un discurso de la derecha española que es que si no gobiernan ellos, el gobierno es ilegítimo. Eso ocurrió con Zapatero y lo de ahora es una prolongación de aquello.

¿Y es Villarejo otro de los problemas de la prensa?

Una de las patas más evidentes de la trama Villarejo es la trama periodística. Además, es que muchos están de acuerdo con que tratan con una fuente legítima y empieza a moverse el dinero. Ya no solo pagas por la información, que es discutible, sino que cobras por la información. Lo que está intentando la Audiencia, creo es una voladura controlada de los sumarios de Villarejo para que no se lleve por delante las instituciones. Tampoco hay que escandalizarse porque esto no ocurre en otros lados, esto ocurre en todos los sitios. Son organismos cancerosos que llegan a una metástasis y uno ya no sabe para quién trabaja. Se empieza trabajando en la lucha antiterrorista para acabar espiando a empresas del Ibex. La parte que ya no es tan común es que en España no rueden cabezas cuando en la opinión pública sale a luz lo que está pasando. Villarejo no es el estado profundo, es un producto del estado profundo. Es alguien de quien perdemos el control. Es algo que hemos visto mil veces en el cine. Es el Caso Bourne. Lo grave es cómo se liberan esos residuos. Pero claro si no hemos sido capaces de hacerlo con el franquismo, con el 23F o con los Gal, lo único que hacemos es acumular fosas séptimas. No creo que con Villarejo lleguemos mucho más lejos.

Hay una idea que aparecía en tu anterior ensayo, ¡Me cago en Godard!, y que está en este, la idea de guerra generacional como causa de los grandes debates de la sociedad española

Ahora además que tenemos a todo el rojipardismo patrio peleándose por los activistas de los derechos LGTBIQ y pensando en cuál es la identidad correcta… yo me acuerdo mucho de uno de los filósofos culturales mejores de España, Juan Cueto. Ya dijo en los años 60, que la lucha de clases había dado paso a la lucha de generaciones. En toda esta megacrisis política de los consensos de la transición, uno de los elementos obvios es que en el boom inmobiliario se estaba haciendo una transferencia de dentro de los jóvenes a los mayores, cuando el modo lógico es el contrario. Eso se expresa de muchas maneras y una de ellas fue la crisis de las descargas, que fue un fenómeno generacional. La piratería siempre existe en los mercados, con un porcentaje razonable, pero el problema es cuando esos números se disparan y se convierten en cifras de por encima del 50 por ciento. Eso no indica un hundimiento moral de la sociedad, sino que hay un desajuste en la oferta. El poder adquisitivo de los jóvenes no subía y los medios tecnológicos permitían asaltar el castillo. En invierno de 2010 y 2011 se aprueba la Ley Sinde. Se estaba produciendo un debate brutal y el sector más joven estaba indignado, pero cuando se vota la ley lo apoya el 85 por ciento del país. Pensé que si en un debate tan roto en la sociedad, la cámara muestra un apoyo inequívoco a una ley tan protestada, quiere decir que la cámara no está representando a la población y hay atisbos de ruptura. De hecho, meses después empieza la Acampada de Sol que más que una crisis económica, era la muestra de un conflicto generacional de primer orden.

 

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