Martes, 25 de Enero de 2022

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Will Smith, de víctima de la violencia de género a adicto al sexo

El actor y músico cuenta en sus memorias cómo vivió la violencia que su padre ejercía contra su madre y contra él y cómo tuvo que sobreponerse a las exigencias del capitalismo de Hollywood y la fama

25 November 2021, United Kingdom, London: US Actor Will Smith gives a thumbs up during the filming for the Graham Norton Show at BBC Studioworks 6 Television Centre

25 November 2021, United Kingdom, London: US Actor Will Smith gives a thumbs up during the filming for the Graham Norton Show at BBC Studioworks 6 Television Centre / DPA vía Europa Press (DPA vía Europa Press)

Will Smith se coló en los hogares de medio mundo en los noventa gracias a El Príncipe de Bel Air, una serie con la que muchos escucharon rap por primera vez. El actor ya era una estrella de la música en Estados Unidos, pero se iba a convertir en uno de los actores con más poder de Hollywood gracias a ese papel de chico conflictivo que acaba en el redil. Su vida y su éxito son un ejemplo perfecto de ese mito que es el sueño americano, sin embargo, no todo fue tan bonito. El actor desnuda su pasado en Will, una autobiografía que edita Planeta.

"Mi padre era un hombre brillante. Como muchos hijos, yo sentía adoración hacia mi padre, pero también le tenía pavor. Él fue una de las mayores bendiciones de mi vida y, al mismo tiempo, una de las mayores fuentes de dolor", describe en el libro sobre su padre, un hombre que ejerció violencia de género sobre su madre y sobre el propio Will Smith. "Mi padre era violento, pero también estaba en cada partido, obra de teatro y recital. Era alcohólico, pero estaba sobrio en cada una de las premières de mis películas", escribe. "Cuando tenía nueve años vi a mi padre pegarle un puñetazo a mi madre en la cabeza con tanta fuerza que se desmayó. La vi escupir sangre. Ese momento, en esa habitación, definió quién era yo más que cualquier otro momento de mi vida", narra.

Un pijo para sus compañeros

Si en la serie que le hizo famoso, El príncipe de Bel Air, interpretaba a un chico conflictivo que era reeducado por sus tíos ricos, en la vida real no fue así. "Yo no era un macarra ni trapicheaba con droga. Crecí en una bonita calle y en una casa con mis dos padres", reconoce. Eso le hizo más difícil su entrada en el rap. No era un tipo de la calle con rabia, sino un pijo para sus compañeros. Iba a un colegio católico, donde había muy pocos alumnos negros y siempre se sintió que no encajaba ni ninguno de los mundos. Ni en la calle ni en las aulas.

"Las audiencias negras me pusieron la etiqueta de 'blandito' porque no rapeaba sobre mierdas radicales y de macarras", cuenta. Sin embargo, lo que descubrió desde niño fue a conectar con el sentido del humor de los demás, porque aprendió que aquello era un sistema de "defensa" para que, o bien no le "patearan" el trasero en la calle, o para que los "niños blancos del colegio" no le llamaran "negrata".

Una paradoja extraña

Will Smith pensaba, y con razón, que había ganado la lotería de la vida: no solo su éxito no tenía parangón, sino que toda su familia, al completo, se encontraba en la cima del mundo del espectáculo. "El éxito plantea una paradoja extraña y perturbadora. Cuando no tienes nada, sufres el temor y el dolor de tener que esforzarte al máximo para lograr tus objetivos. Pero, cuando lo tienes todo, sufres la pesadilla brutal y recurrente de perderlo", cuenta el protagonista de After eight. 

Otro de los capítulos más llamativos de estas memorias en aquel en el que Will Smith hace referencia a sus traumas con el sexo durante una de las épocas más locas que ha vivido, tras una dolora ruptura de pareja. “En los meses siguientes a mi ruptura me convertí en una especie de hiena. Mantuve relaciones con muchas mujeres, lo que me hacía sentir tan culpable en mi interior, que acabé desarrollando una reacción psicosomática al orgasmo. Literalmente me daba arcadas y hasta ganas de vomitar”, cuenta. 

“Cada vez que lo hacía, miraba a Dios esperando que esa hermosa desconocida fuera la persona que de verdad me amara, la que hiciera que todo ese dolor desapareciera. Pero invariablemente acaba retorciéndome y más destrozado. Y la mirada en los ojos de esas mujeres no hacía más que profundizar en mi agonía”, comenta Will en otro extracto del libro.

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