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Aprender a leer, a sumar y a luchar contra el fascismo: así es la 'Cartilla escolar antifascista'

La editorial Zorro Rojo edita la cartilla que el gobierno de la República envió en 1937 al frente para enseñar a leer y escribir a los miliacianos en plena Guerra Civil, una obra monumental de arte y propaganda

Imagen de 'Cartilla escolar antifascista', editada por Libros del zorro Rojo / CEDIDA

Con el estallido de la guerra civil española, los avances conseguidos hasta entonces por la República en materia de educación popular se detuvieron. Pese a todo, en octubre de 1937, el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes puso en marcha la primera campaña estatal de alfabetización, que hizo posible que un millón de soldados del bando republicano aprendiesen a leer, escribir y contar durante los años que duró la contienda. Las Milicias de la Cultura repartieron más de 100.000 para que los milicianos aprendieran a leer, escribir y sumar y restar en el frente. La editorial Libros del Zorro Rojo publica ahora la Cartilla Escolar Antifascista, una mezcla de libro de ejercicios, cuaderno, pero también una muestra del arte del momento.

"Fue concebida como una herramienta para la alfabetización, que era el drama que vivía nuestro países con tasas de hasta el 70 por ciento. Sirve para alfabetizar el frente. Algo muy sencillo que se llevaba al frente para que los milicianos en los ratos libres, fuera de la ofensiva, pudieran estudiar, aprender a leer y a escribir. Estaba bien planificada por pedagogos y permitía a los alumnos, una vez que aprendían, poder enseñar a sus compañeros del frente", nos explica a la Cadena SER la editora y documentalista Piu Martínez.

No ha sido fácil lograr un ejemplar. Se conservan pocas y no todo el mundo está dispuesto a facilitar los originales. Mucho trabajo de documentación y rastreo para encontrar aquellas cartillas que sobrevivieron a las quemas de libros del fascismo y a las bombas. "Este tipo de libros han permanecido escondidos, han quedado muy pocos y tenerlos en casa era un compromiso, con registros y demás. Los conseguimos a través del centro de documentación de la Memoria Histórica".

En abril de 1937 se lanzó una primera tirada de 25.000 ejemplares y en octubre una segunda edición con 100.000. "Les enviaban un cuaderno metido en una carpeta con un lápiz y la cartilla", explica Piu Martínez. Es una muestra del ansia por aprender que hubo durante toda la República, por conocer idiomas, por abrir puertas a otros pueblos.

Escribe Pedro G Romero en su prólogo ensayo que acompaña esta obra, que las cartillas son una muestra de que toda enseñanza tiene un carácter propagandístico, pero en este caso "sin miedo alguno a llamar a las cosas por su nombre". El Ministerio de Instrucción Pública manejó el contenido de la cartilla. Por eso la ideología tiene un poco de batiburrillo, es procomunista, prosoviética, anticapitalista y antifascista sobre todo.

Está llena de proclamas en favor de la República. "Es un artefacto de arte y propaganda, más allá de ser un manual de lectura y escritura. Hay muy pocos ejemplares en el mundo de publicaciones de este tipo de libros de aprendizaje aplicado a conflictos bélicos", nos explica la editora.

"La cartilla se hacía llegar a todas partes, allí donde había un batallón llegaba la cartilla y, junto a ella, un conjunto de materiales, mapas, cuadernos, lápices y material para que pudieran hacer pizarras y que pudieran hacer sumas. Además, son sumas curiosas, porque no se suman gallinas, sino camiones y escopetas", añade.

Hace unos años la Biblioteca Europea hizo una selección de las obras más importantes de arte de Europa y la cartilla está entre ellas, por su singularidad, pero también por su calidad artística. Y es que cuenta con fotografías de Val del Omar, también las fotos de José Calandín, con el arte de Josep Renau, la tipografía y gráficas de Valencia, que fue donde se imprimió. "Es una obra inconmensurable de la tipografía, del diseño, de los fotomontajes, que son una de las creaciones propias del momento".

Entre proclamas que defienden la cultura, la educación, la libertad o la igualdad entre hombres y mujeres, los miliaciones aprenden a juntar letras, sílabas, frases... Entre todas las imágenes destaca Guerra de independencia Nacional. Hay dos caras con dos bocas abiertas y delante Mussolini y Hitler y un miliciano con un fusil levantado. "No son dos imágenes casuales, pertenecen a las fallas antifascistas de 1937. Eran dos ninots a los que Val del Omar les hizo fotos y los colocó con una foto montaje fantástico. Es toda una declaración de intenciones. Hay un manifiesto de Renau en el que pide que las fallas vuelvan al pueblo".

Noventa años después de la proclamación de la II República, se recupera este singular manual de lectoescritura y de aritmética, que aúna educación matemática y de lengua, propaganda política y arte de vanguardia y que daba la posibilidad de que los propios milicianos que aprendían todo aquello fueran capaces después de enseñar a otros. Compartir y educar como lema, algo que no viene mal, reconoce Piu Martínez, en estos tiempos convulsos.

"Ccuando oímos eso de comunismo y libertad pensamos que más que nunca era necesaria esta cartilla. Si no sabes en qué lado bueno de la historia, hay que hacer que recordemos. Nosotros estamos como ese pepito grillo que te dice que no olvides que para que hoy tengamos esas libertades de las que tanto se hablan, hubo gente que perdió su vida. Se habla de libertad como algo individual y la libertad es algo que se consigue de manera colectiva. Creo que esto logra poner las cosas en su sitio".

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