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"Mi madre me decía que no me diera un beso porque me quedaba embarazada"

Benedicta y María Victoria nos hablan de la mujer de 'antes' y de ahora

Benedicta y María Victoria nos hablan del papel de la mujer ayer y hoy. /

Mujeres de ayer y hoy. Ellas han conocido una época donde el papel de la mujer estaba en casa, por eso la familia no se planteaba que estudiaran. La sociedad la situaba al cuidado de sus hijos y de profesión ‘sus labores”. Nadie les habló de igualdad de género, de conciliación, ni de libertad sexual. Por ser mujer no podían abrir una cuenta bancaria sin permiso de su marido y muchas vieron como su destino amoroso lo decidían sus padres, sin contar con su opinión.

Eran otros tiempos, reconocen Benedicta González de 81 años y Maria Victoria López de 70. Nacidas en Cambados, Galicia y Cañaveral, Cáceres, respectivamente, vinieron a vivir al sur de Madrid hace más de 40 años. Han visto como la sociedad ha ido cambiando, en especial para la mujer, porque como reconocen “ahora no tiene nada que ver con lo que era antes”.

Por ejemplo, como muchas mujeres de la época, ninguna tuvo educación sexual. Entonces la mujer iba al matrimonio “sin saber nada”. Con mucho humor, Victoria cuenta como su madre le llegó a decir que con un solo beso se podía quedar embarazada. “Me los daba a escondidas, pero estaba obsesionada por si me quedaba embarazada”. Y es que ella, como la gran mayoría de las nacidas a principios del siglo XX en nuestro país, llegaba al matrimonio“sin saber absolutamente nada”.

Benedicta era la pequeña de 7 hermanos en una familia acomodada, propietaria de un cocedero de marisco que sus padres lograron tener a base de esfuerzo. “Los dos trabajaban mucho, pero sobre todo mi madre era un toro trabajando”. Y como niña “mimada en casa” su familia quería lo mejor para ella, aunque el destino familiar la llevó a contraer matrimonio con el hombre equivocado. “Mi hija ahora me dice que tenía que haber dicho que no a mi madre, pero entonces los hijos no mandábamos nada”.

Victoria vivió su infancia rodeada de sus padres y de dos hermanos. Recuerda cuando la familia decidió irse a Badajoz y cómo iban de pueblo en pueblo en función del trabajo. “Estábamos en un lugar lo que duraba el trabajo”. Sus tres hijas “han tenido otra libertad, yo nunca la tuve, siempre estaba con mis padres”.

Han pasado momentos complicados, como los que nos relata, al borde de las lágrimas, Benedicta. Su paso por Alemania todavía le duele. Tuvo que dormir tres noches en la calle, hasta que un grupo de españoles le dio dinero para volver a casa “y cinco pesetas de entonces, que ya era dinero”. Por eso ahora cuando ve a los inmigrantes que llegan a nuestro país los entiende“mejor que nadie y lloro con ellos”.

Mujeres forjadas en otros tiempos, que han trabajado, amado, llorado y sufrido injusticias, pero que también han vivido y disfrutado momentos felices. Mujeres coraje que ahora miran la vida con optimismo y contagian alegría.

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