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Los “refrescos” hidratan…y engordan. Para hidratarnos, agua

Leo en La Vanguardia, patidifuso, un artículo titulado “Los refrescos, fuente de hidratación”. Se indica, entre otras cosas, que hidratarnos con refrescos “es básico en una época como la veraniega”. En mi opinión, es mucho más “básico” prevenir la obesidad, pero hablaré de ella más adelante. Para empezar, como comenté en marzo, no me gusta la palabra “refresco”. A mi colega y amigo Juan Revenga le pasa igual. Preferimos la denominación “bebidas azucaradas”, porque eso es lo que son: bebidas con azúcar. Mucho azúcar.h3985_m Tomen nota: la típica botella estilizada de 50 centilitros con “bebida azucarada con sabor a cola”, contiene la nada desdeñable cifra de 50 gramos de azúcar. Si la bebida es de naranja, atesora en su colorido interior 54 gramazos de azúcar, mientras que si es de limón, 57. Atención, pregunta: ¿qué le diría a alguien que se sirviera en el café entre 12 y 14 cucharaditas de azúcar? Porque a eso ascienden las cantidades de azúcar recién mencionadas. Podría decir muchas cosas sobre el artículo, pero voy a centrarme en la frase final: “Es importante señalar que no hay evidencia científica que asocie el consumo de azúcar con el desarrollo de la obesidad”. Es casi cierto. Veamos. Un consenso de obesidad en el tuve el gusto de participar como redactor, detalló lo siguiente: “Las evidencias referidas al consumo de azúcares libres o totales (salvo en las bebidas azucaradas) con respecto a la ganancia de peso corporal son controvertidas”. ¿Alguien ha visto el paréntesis? Lo repito: “salvo en las bebidas azucaradas”. En unas líneas lo amplío, aunque antes haré un inciso. El consenso, que fue refrendado por once sociedades científicas españolas de nutrición, alimentación y dietética, y que contó con la colaboración de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (Ministerio de Sanidad), se publicó en 2011. Para cada epígrafe (como el 4.3 “Azúcares”)  se revisó la bibliografía científica publicada entre el 1 de enero de 1996 y el 31 de enero de 2011 (15 años). Lo digo porque en enero de 2012 apareció en la revista British Medical Journal esta publicación: “Azúcares dietéticos y peso corporal: revisión sistemática y metaanálisis de ensayos controlados aleatorizados y estudios de cohortes”.  Es decir, una investigación de altísima calidad sobre la relación azúcares/peso corporal, pero posterior a la aparición del citado consenso. Su conclusión fue la siguiente: “En personas libres que siguen dietas “ad libitum" [es decir, no controladas de forma externa], la ingesta de azúcares libres o de bebidas azucaradas es un determinante del peso corporal” botellas-agua 2Así pues, hace dos añitos que ya no es “controvertida” la relación azúcares/ganancia de peso. Tanto es así que el 5 de marzo de 2014, la Organización Mundial de la Salud (OMS) se ha planteado muy seriamente disminuir sus recomendaciones sobre la ingesta máxima (no hay mínima) de azúcares, “con miras a reducir los problemas de salud pública como la obesidad y la caries dental”. Lo pueden comprobar en este enlace. Sigo ahora con el paréntesis “salvo en las bebidas azucaradas”. Porque el consenso de 2011 concluyó que: “El consumo frecuente de bebidas azucaradas está asociado con IMC mayores” Las siglas IMC hacen referencia al Índice de Masa Corporal, una medida para valorar nuestro peso, que tienen ampliada en el texto “Subir de peso, ¿cuándo empezar a preocuparse?”. Pero más reciente todavía es una publicación aparecida en octubre de 2013 en la revista American Journal of Clinical Nutrition. Su título hizo temblar a más de uno “Bebidas azucaradas y aumento de peso en niños y adultos: revisión sistemática y metaanálisis”. ¿Contradecirá su conclusión a lo detallado en el consenso español de obesidad? Pues no. Lean, lean:“Nuestra revisión sistemática y metaanálisis de estudios de cohorte prospectivos y ensayos controlados aleatorizados proporciona evidencia de que el consumo de bebidas azucaradas promueve el aumento de peso en niños y adultos”. Promueve el aumento de peso en niños y adultos. Lo pongo en inglés, por si alguien no se fía de mis dotes traductoras “promotes weight gain in children and adults”. Es decir, la relación bebidas azucaradas/obesidad no tiene nada de controvertido en el ámbito científico. Sugerir que no hay evidencias científicas sólidas sobre la relación entre el consumo de estas bebidas y la obesidad es como decir que no hay consenso científico sobre fumar y tener cáncer. Y no pongo el ejemplo del cáncer porque sí: el Instituto Americano para la Investigación del Cáncer considera que estas bebidas se asocian con 180.000 defunciones por enfermedades crónicas en adultos cada año, 6.000 de las cuales son por cáncer. Decía al principio que es mucho más “básico” prevenir la obesidad que la deshidratación. ¿Han oído hablar del “Informe sobre la situación global de las enfermedades no bebida energeticatransmisibles” de la OMS? En él se justifica que, como mínimo, 2,8 millones de muertes anuales son atribuibles al exceso de peso. Sin embargo, la relación entre la ingesta de líquidos y el riesgo de sufrir diferentes patologías (no digamos la mortalidad) es pero que muy controvertida, como señaló la Dra. Margaret McCartney en julio de 2011 (British Medical Journal). Su artículo incluyó una célebre frase en relación ese repetido mantra que nos exhorta a beber de 6 a 8 vasos de agua al día: “Eso no solo no es un sinsentido, es un sinsentido ampliamente desacreditado”. Como detallé en el blog “Comer o no comer”, diversas entidades aconsejan “evitar” las bebidas azucaradas. Si no queremos dinamitar nuestra salud, no nos tenemos que hidratar con refrescos, aunque tengan agua en su interior, por la misma razón que no debemos “nutrirnos” a base de mayonesa, aunque nos aporte “ácidos grasos esenciales”. Julio Basulto (@JulioBasulto_DN)

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