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A vueltas con los aires

Las casas pasivas reaprovechan mucha de la energía que consumen, y en caso de necesitar más, utilizan las fuentes renovables. Cuatro años de que todos los edificios deban ser ‘de consumo casi nulo’, llegan poco a poco a España

Casa pasiva construida en madera y con paneles solares en su fachada /

Por orden de la Unión Europea, en cuatro años, todos los edificios tendrán que ser ‘de consumo casi nulo’: es decir, sólo podrán consumir un 10% de energía, y sólo renovable. El objetivo es rebajar las emisiones de CO2 en un 20%. Desde hace 26 años, en el norte de Europa, el consumo de electricidad general se reduce a la mínima expresión en las casas. Es el concepto de Passivhaus, o casa pasiva. En España, poco a poco, ya hay quien empieza a “desconectarse” de toda toma de corriente y a adaptarse a una vida dentro de una casa autosuficiente.

Una Passivhaus es una vivienda muy aislada que protege del frío y del exceso del calor. Al mismo tiempo, aprovecha los recursos climáticos para ventilar, y calentar o refrescar el aire y el agua; y acumula la energía que consume sin apenas necesidad de gastar más. “Con todo esto conseguimos eliminar la calefacción y el aire acondicionado como lo entendemos”, explica Ander Echeverría, director comercial de 100x100madera, la primera en construir una casa pasiva certificada en Madrid. Está en Guadalix de la Sierra y sirve como casa de muestra para que los clientes potenciales “se crean que se puede vivir en una casa sin calefacción ni aire acondicionado como tales en medio de la sierra”.

Esta casa evita la variación extrema de temperatura interior gracias a un sistema que cruza el aire de dentro de la vivienda, ya caliente, con el que entra de fuera. En palabras de Echeverría, la casa puede recuperar hasta un 92% de la energía que produce. Durante 8 meses al año, la temperatura media interior se mantendría en torno a los 21 grados. “En los días de más frío o calor sí se necesitan fuentes externas, que suelen ser renovables. En nuestro caso, usamos la aerotermia para enfriar o calentar el agua de unas baterías que están conectadas a la ventilación de la casa", concluye.

Jordi Bunyesc, arquitecto, vive en una casa pasiva que él mismo construyó en Lérida. Fue la primera en España reconocida legalmente como tal. La energía que recicla su casa le da hasta para cargar su coche, un híbrido. Según cuenta, la vida en una Passivhaus es “absolutamente normal, pero más confortable que en una casa convencional. Y además, el uso de energía se reduce en 10 veces, de tal manera que para el medioambiente también es muy positivo”, explica. Él construyó su vivienda en madera y usó lana de oveja como aislante tanto del frío como del calor. El resultado es que la temperatura interior nunca desciende de los 20 grados.

Las casas pasivas en Alemania gastan un 80% menos de energía para su acondicionamiento térmico. Según los expertos, de adoptarse la tendencia Passivhaus en España, se podría llegar a un ahorro del 60% a nivel nacional respecto al consumo medio en un edificio nuevo.

Un iglú en medio de Murcia

Aunque no son casas pasivas como tal, las llamadas viviendas geodésicas comparten eficiencia, superaislamiento y una reducción de varios ceros en la temida factura de la luz y en el precio de compra de la casa: el metro cuadrado estaría en torno a los 500 euros. Una de las pocas casas geodésicas oficialmente reconocidas en España está en Yecla (Murcia). La otra está en proceso de construcción a poca distancia de allí, en Jumilla. “Las casas geodésicas tienen integradas estrategias bioclimáticas que hacen que la poca energía que tienen que consumir sea renovable”, define Pablo Carbonell, arquitecto de Ecoproyecta, que participó en la construcción de ambas viviendas.

La propia forma de iglú de las casas es una de esas estrategias: la vivienda entera es una cúpula de vigas de madera recubierta de celulosa natural como aislante, con lo que la construcción de estructura, fachada y tejado se solventan en la misma maniobra. “Hemos hecho una vivienda pequeña para una pareja cuya estructura se montó en un día”, cuenta Carbonell. El espacio interior que crea esa cúpula permite que entre mucha luz natural y que la casa se ventile fácilmente.

Por otro lado, la vivienda geodésica cuenta con un sistema que recoge la lluvia para depurarla y poder usarla para el consumo humano; luego se puede reutilizar para el riego. Además, Carbonell y su equipo instalan bajo las casas unos pozos canadienses para renovar el aire interior de la casa: “Consiste en tener unos conductos enterrados bajo tierra a una cierta profundidad. Ahí, la temperatura es estable todo el año. Así que aprovechamos esa temperatura para pasar el aire por esos conductos enterrados y que entre en la casa a una temperatura muy parecida a la estándar de confort”, explica Carbonell. De tal forma que el iglú sabría calentar en invierno y refrescar en verano.

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