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La hora del cierre

Iñaki Gabilondo analiza el anuncio de desarme de ETA

ETA quiere fingir que existe con el desarme y quiere fingir que resiste con su reclamación de acercamiento de los presos. El desarme está bien pero hace mucho tiempo que carece de importancia real. A la reivindicación del acercamiento solo le queda su contenido humanitario, una vez que los presos etarras han arriado su última bandera y empiezan a aceptar lo que siempre rechazaron: negociar individualmente beneficios penitenciarios olvidando amnistías y ensoñaciones similares.

Inexplicablemente, el gobierno le sigue la corriente otorgando a esta petición una trascendencia simbólica y política que ya no tiene. Incluso Aznar y Mayor Oreja autorizaron acercamientos para mercadeos de pura coyuntura. Parece como si el Gobierno estuviera empeñado en apreciar alguna actividad vital en el cerebro de la difunta banda, cuando hasta el más fanático de los radicales abertzales sabe que se acabó. La democracia ganó. ETA perdió. El horror que produjo fue además de inmoral, inútil.

Alguien dijo que la historia es un cadáver que hay que saber sepultar. Pero no es fácil hacerlo porque todo punto final histórico es insatisfactorio y lleva cargas de injusticia. Acostumbra a recordar lo que pasó con el nazismo: no habido vencido más inapelablemente vencido que el nazismo; ni culpable más indiscutiblemente culpable que el nazismo; ni cierre más rotundo que el juicio a tambor batiente de Núremberg. Pues bien, en Nuremberg se juzgó a 24 dirigentes y se condenó a 19 de ellos. ¿Cuántos responsables quedaron sin castigo con ese gran carpetazo? ¿Cientos? ¿Miles? No. No es fácil terminar, pero se va acercando la hora de cierre.

Escucha la firma de Iñaki Gabilondo en Hoy por Hoy

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