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Cañonazos de fogueo

Sobran razones para presentar una moción de censura contra Rajoy. Solo con la corrupción habría más que suficiente. De hecho, en ningún país de nuestro entorno hubiera podido gobernar un partido cercado por todas partes por tanta basura. Y sin embargo, en ocasiones, lo lógico se convierte en incongruente. 

En El arte de la guerra el maestro Sun Tzu recuerda que "triunfan los que saben cuándo es el momento de luchar y cuando no lo es". Pues bien ahora no era el momento porque la moción no puede prosperar en modo alguno, porque a Rajoy no le va ni a despeinar y porque en el pulso por la hegemonía de la izquierda tampoco va a comprometer al PSOE, como Podemos pretendía.

El PSOE está aún en obras. No tendrá oficialmente dirección ni línea estratégica hasta después de su congreso la semana que viene. De manera que puede salir del paso cómodamente absteniéndose -que es lo que creo que harán. Las similitudes con la moción derrotada pero triunfal de los socialistas en 1980 también es muy forzada. Pablo Iglesias no es hoy el líder indiscutible del oposición como lo era Felipe González entonces. Ni Rajoy está hoy como lo estaba aquél Adolfo Suárez asfixiado por sus propios barones.

Podemos va a regalar a los populares una victoria parlamentaria por el módico precio de pasar un mal rato, al ser vapuleado por la corrupción, ya sabemos que eso lo encaja sin sonrojarse.

Serán cañonazos de fogueo. La segunda parte de la cosa es que la moción no solo mide al censurado, sino al censurador, que tiene la obligación de presentar su candidatura a la presidencia. Este examen, el de Pablo Iglesias, lo comentamos mañana.

Escucha la firma de Iñaki Gabilondo en 'Hoy por Hoy'

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