LA POLÉMICA DEL DÍA

¿Para qué sirve reprobar a un cargo público?

El Congreso ha reprobado al ministro de Justicia, al secretario de Estado de Interior, al Fiscal del Estado, al Fiscal Anticorrupción, y prepara para la próxima semana la reprobación de Montoro

El PSOE forzará en el último Pleno del Congreso de junio la reprobación del ministro de Hacienda y Función Pública, Cristóbal Montoro. / ()

Llevamos un intenso mes de reprobaciones. El Congreso ha reprobado al ministro de Justicia, al secretario de Estado de Interior, al Fiscal del Estado, al Fiscal Anticorrupción, y prepara para la próxima semana la reprobación de Montoro. Y no por asuntos menores sino por tomar decisiones políticas en beneficio de presuntos delincuentes. Ayer la Asamblea de Madrid reprobó al consejero de Sanidad, el de los abanicos. Pues bien, salvo el Fiscal Anticorrupción, que tuvo la pedrea de la sociedad familiar en uno de esos paraísos que usan los delincuentes a quienes investiga, el resto han pasado por el trámite como quien come un yogur.

Porque en nuestro país la reprobación política es poco más que un desahogo, una pataleta, un auto de indignación pero sin cadalso político. Si una moción de censura se gana o una de confianza se pierde, el protagonista tiene que irse. En las reprobaciones no, el reprobado se queda con nosotros, en las dos acepciones de la palabra. Así que este inútil fervor reprobatorio deberían emplearlo desde la oposición en promover una reforma legal que automatice la destitución del reprobado. Porque si esperamos que lo hagan por propia voluntad, mal vamos.

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